Exigimos compromisos efectivos contra el cambio climático

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Sin embargo, las transformaciones del clima avanzan más rápido que las negociaciones, pues la falta de voluntad política de los países industrializados y su afán en transformar la urgencia de soluciones en una oportunidad de negocios y mercantilización son los principales obstáculos para la adopción de políticas que realmente contribuyan a evitar el cambio climático y a contrarrestar los daños ambientales que ha generado el modelo productivo. Frente a ello, los movimientos y organizaciones sociales y populares, ambientalistas, sindicales, indígenas y de mujeres de todo el continente americano alzamos las banderas de la justicia climática y ecológica, exigimos de nuestros gobiernos un compromiso real e instamos a la sociedad en su conjunto a reconocer la necesidad de un cambio en los patrones de consumo y producción.

En los últimos años es cada vez más evidente que el clima está cambiando, a causa del calentamiento global. Esto se refleja, entre otros impactos, en el aumento de los eventos climáticos extremos, que afectan desproporcionadamente los países llamados en vías de desarrollo. Se trata de un grave problema que enfrenta la humanidad, en la medida en que agudiza otros problemas ya existentes como la pobreza, el hambre, la violencia, las desigualdades sociales y en particular las de género (el 70% de las personas empobrecidas son mujeres), el control territorial, la soberanía alimentaria, el acceso al agua y al saneamiento, entre otros.

Quienes son los responsables?

Las organizaciones sociales de América Latina creemos que es necesario buscar soluciones a partir de la búsqueda de una Justicia Climática y Ecológica, la cual se debe basar en el reconocimiento de que cada ser humano tiene derecho al espacio climático y ambiental y que la naturaleza en su conjunto tiene derechos que deben de ser respetados. Si bien el cambio climático requiere acciones globales, la responsabilidad histórica de haber emitido la mayor parte (80%) de gases de efecto invernadero en los últimos 250 años es de los países del Norte. La energía barata ha sido el motor para su rápida industrialización y crecimiento económico, mientras que los pueblos del Sur han asumido los costos económicos, sociales y ambientales de la extracción, transporte y producción de combustibles fósiles. Los países del Norte deben reconocer la existencia de una deuda ecológica, social, financiera e histórica con los pueblos del Sur y con la naturaleza.

La crisis sin precedentes que hoy vive el mundo, revela el fracaso del sistema capitalista y su modelo neoliberal, cuyos ideólogos pensaron –y piensan aún- que las leyes del mercado estaban por encima de la vida haciendo de los recursos naturales una mercancía y apartando al Estado de sus roles de regulación, proteccion y promocion, para convertirlo en un simple gestor. La crisis climática es el resultado de un modelo de desarrollo que promueve la producción basada en el uso de combustibles fósiles, la deforestación, los monocultivos, la agricultura y ganadería industriales, la extracción intensiva, desordenada y masiva de recursos naturales del subsuelo, con una orientación esencialmente exportadora y fortaleciendo en los países del Norte y en las clases altas patrones de consumo exagerados, todo lo cual contribuye a la generación y concentración de gases de efecto invernadero, causa directa del cambio climático.

Las grandes empresas y los gobiernos cómplices de éstas son entonces los principales responsables de la emisión de CO2 y del agotamiento de los recursos del planeta, al mismo tiempo, son los encargados de promover un ritmo de consumo acelerado y sin límites que cierra el círculo del desgaste y destrucción de la Madre Tierra. En palabras de Evo Morales, “El “cambio climático” ha colocado a toda la humanidad frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”.

La liberalización y desregulación del comercio internacional y de las inversiones y la protección a la propiedad intelectual (impuestas a través de la OMC y los Tratados de Libre Comercio) contribuyen al cambio climático en la medida en que garantizan e impulsan la continuidad del modelo de producción, consumo y comercio y profundizan la división internacional del trabajo que ha desestructurado las economías del Sur, provocando grandes flujos migratorios. Así también, el endeudamiento ilegitimo de nuestros países, impuesto para favorecer políticas y proyectos que han generado enormes deudas ecológicas y climáticas, continúa siendo un factor de peso en estas relaciones de desigualdad y sometimiento. Es urgente cambiar las reglas de la economía mundial dirigida por las empresas transnacionales. Además, es muy importante garantizar el acceso de los países del Sur a las tecnologías existentes y desarrollar a su vez nuevas tecnologías con bajas emisiones de carbono y apropiadas a las realidades nacionales, sin que se conviertan en fuente de dependencia financiera o tecnológica.

Nuestras demandas

En el marco de este modelo extractivista y exportador que privilegia los beneficios económicos y los derechos de las empresas transnacionales frente a los derechos humanos y los de la naturaleza,los principales responsables han propuesto algunas soluciones al cambio climático, que lejos de contrarrestar sus verdaderas causas, mantienen las estructuras insustentables de producción y consumo y proyectan cargar sobre las espaldas de los pueblos y países más afectados, los costos de cualquier mitigación o adaptación.

Los países desarrollados no han cumplido los compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, previstos en el Protocolo de Kyoto, y se ha generado un sistema de comercio de emisiones que estimula prácticas de no reducción de carbono, en vez de contribuir a su eliminación, reproduce la lógica de especulación del sistema financiero y permite a los gobiernos y a las empresas del Norte eludir con dinero las obligaciones asumidas en reducción de emisiones.

Los agrocombustibles no constituyen una solución real a la problemática ambiental. El cambio en el uso de tierras para el cultivo de palma y caña, pone en riesgo la soberanía alimentaria, los bosques, la biodiversidad y la relación con el territorio de las comunidades rurales y originarias; su función es mantener los patrones de consumo energético de los países industrializados.

Los mecanismos de mercado son construidos sobre la base de la manipulación y el cabildeo empresarial, incentivados e incluso financiados por el Banco Mundial, el BID y otros bancos de desarrollo, inversores y prestamistas. Se trata de mecanismos lentos y engorrosos, que excluyen a las comunidades locales y a los pueblos indígenas de las decisiones que afectan sus territorios. Estos instrumentos no resuelven la crisis del clima y, por el contrario, permiten al Norte trasladar su obligación de reducir emisiones y el problema a los pueblos del Sur.

Las negociaciones recientes de Bangkok y Barcelona, previas a la reunión de Copenhague, han sido un escenario para que los países del Norte condicionen los acuerdos y la reducción de sus emisiones al compromiso de los países del Sur, a quienes culpan de la falta de resultados y convenios. Exigimos la participación de todos los países en la búsqueda de soluciones al cambio climático, pero reconociendo que para ser efectiva, esta debe partir del respeto y cumplimiento de los compromisos y obligaciones diferenciales aceptados por los países industrializados hace ya más de 15 años, de acuerdo con su responsabilidad histórica en la generación del mismo. Aún si se avanzara en compromisos del Sur, nada garantiza que la mitigación por parte de los países del Norte sea efectiva (y no utilice falsas soluciones de mercado, como ha ocurrido hasta ahora).

Las Instituciones Financieras Internacionales, co-responsables de la actual crisis global, financiera, económica y climática, promueven soluciones de mercado a través de programas de crédito que les permiten mantener el status quo y continuar interviniendo en la política económica y social de los países del Sur. En consecuencia, exigimos elcese inmediato de la actuación de las Instituciones Financieras Internacionales que sólo contribuyen a imponer la lógica especulativa en el manejo de los asuntos del clima. Ningún recurso destinado a la mitigacióno adaptación del cambio climático debe transformarse en deuda.

Demandamos de los países industrializados un compromiso en la restitución y reparación a los pueblosy países del Sur, a través de mecanismos y flujos alternativos de fondos y de la transferencia de tecnologías para asegurar la vida de todo el planeta, así como la creación de una corte internacional de justicia climática. Las reparaciones necesitan basarse en la autodeterminación de los pueblos y en la garantía de la no repetición.

Todos los gobiernos deben promover alternativas tecnológicas que contribuyan a la mitigación de los efectos del cambio climático. Así mismo, es indispensable discutir las propuestas en curso, como el programa REDD (Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación), que da prioridad a los monocultivos de árboles en lugar de la protección de las selvas tropicales, ofreciendo a los países industrializados una forma de compensar el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero pero sin comprometerse a una reducción de las mismas.

Alternativas desde las Américas

Las organizaciones sociales, reclamamos de nuestros gobiernos priorizar el fortalecimiento de las economías locales y regionales, la agricultura campesina, el reconocimiento de los derechos de las mujeres y hombres trabajadores, indígenas, campesinos, pescadores a proteger sus territorios y recursos naturales. Deben promover la transición hacia sociedades sustentables que no se basen en los hidrocarburos. Son necesarias políticas públicas que garanticen una transición justa hacia otra economía, para que no sean siempre los mismos los que pagan.

Las negociaciones internacionales sobre clima no pueden basarse en los mecanismos de mercado, sino que deben contribuira revertir el modelo de desarrollo basado en el crecimiento irrestricto y orientado a la exportación, planteándose la necesidad de un nuevo modelo de producción, distribución y consumo, basado en la soberanía, la solidaridad, la integración de los pueblos y en una relación armónica con la naturaleza, esto incluye el ejercicio del derecho al consentimiento previo, libre e informado de las comunidades y pueblos. Exigimos que los responsables del cambio climático transformen el estilo de vida consumista y el sistema económico que le han impuesto a la sociedad.

Entre los pueblos indígenas, las mujeres, las comunidades campesinas y afrodescendientes de nuestros países, en particular, se ha promovido la defensa de proyectos de vida sustentables. Junto con otros movimientos sociales han venido construyendo una visión distinta del territorio, del desarrollo y de la economía que enfatiza el uso sustentable de los recursos y la biodiversidad. Es necesario reconocer y revalorizar los saberes comunitarios y las prácticas tradicionales basadas en la convivencia con la madre tierra y el respeto de sus derechos.

Nuestro continente es heterogéneo. Desde altas concentraciones urbanas hasta pueblos que promulgan el Buen Vivir. Debemos nutrirnos de estas realidades para formular alternativas, exigir a los gobiernos compromisos efectivos y avanzar en la lucha de los pueblos por la soberanía y la justicia social y climática.

Firmas iniciales:

Organizaciones regionales

Alianza Social Continental
Confederación Sindical de Trabajadoras y Trabajadores de las Américas
Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas CAOI
Marcha Mundial de Mujeres
Red Internacional de Género y Comercio –IGTN
Red de Mujeres Transformando la Economía REMTE

Organizaciones Nacionales

Acción Ecológica – Ecuador
Acción Vital (Ecuador)
Across the Americas
Alianza Social Continental (Perú)
ATTAC Argentina
CEDES (Ecuador)
CENSAT Agua Viva (Colombia)
Centro América por el Diálogo CAD
Chile Sustentable
Chile Sustentable
Colectivo de Mujeres Acción política por la Equidad (Ecuador)
Comisión Nacional de Defensa del agua y la Vida/Perú – CONAGUAyVIDA
Confederación Nacional de Afiliados al Seguro Campesino (Ecuador)
Consejo Permanente de Sindicatos Andinos del Agua
Coordinadora Política de Mujeres (Ecuador)
Democracia Socialista (Ecuador)
Ecuador Decide
Federación nacional de Trabajadores del Agua Potable y alcantarillado del Perú – FENTAP
Frente Democrático Campesino de Chihuahua (México)
Fundación Solón (Bolivia)
Grupo Género y Economía (Perú)
Movimiento Social Nicaragüense Otro mundo es Posible/ Nicaragua
Movimiento Tzuk Kim-pop (Guatemala)
Nexos Culturales (Ecuador)
Plataforma Boliviana frente al Cambio Climático
Programa Argentina Sustentable
Programa Cono Sur Sustentable
Red Brasilera por la Integración de los Pueblos –REBRIP
Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio – RECALCA
Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC)
RED VIDA- Red de Vigilancia Interamericana en defensa del Agua

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