¿Familia cubana en trance?

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A fuerza de repeticiones y lugares comunes, hablar de familia en Cuba hoy se ha convertido en algo tan recurrente que “naturalizamos” ciertas miradas e interpretaciones y dejamos fuera aspectos más profundos sobre sus esencias.

Como dice la profesora Patricia Arés, quien desde hace años dirige el Programa de Asistencia a la Familia del Centro de Orientación y Atención Psicológica de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana: “A veces victimizamos a la familia o la convertimos en el chivo expiatorio de la sociedad. Hoy estamos en un momento de gran diversidad, de pasar de ese modelo de concepción conyugal biparental a otro donde las familias constituyen un gran mosaico”.

“Hasta hace pocas décadas, refiere Patricia Arés, se decía que la familia era la unión legal entre un hombre y una mujer con el objetivo de procrear, educar a los hijos y satisfacer necesidades humanas de unión y compañía.

Ninguna definición de este tipo se corresponde ya con los cambios actuales. La unión puede ser legal o no, puede ser para toda la vida, pero las separaciones y los divorcios suelen ser frecuentes y los miembros de la unión ya no son siempre heterosexuales; hoy día existen muchas parejas homosexuales, por lo que el nexo no es solo para procrear, sino también es muy importante el placer y la satisfacción de estar juntos.

Por esa razón, se retoma la idea que la familia existe, en la actualidad, no como un contrato de fidelidad, procreación y perpetuidad, sino como un compromiso de amor, apoyo y reciprocidad, cuya durabilidad depende de la fuerza de la intimidad y los sentimientos que unen a esa pareja, acota la especialista.

Con el pretexto de reflexionar sobre la diversidad presente en la organización y funcionamiento de las familias cubanas, sobre cómo impactan hoy los cambios económicos que comienzan a implementarse en el país, qué pasa con los proyectos de vida familiares, como se ha visto la salida de la mujer al plano social y la necesidad de construir otro tipo de masculinidad, el Programa de Comunicación del Centro Martin Luther King invitó a Isabel Moya, periodista y directora de la revista Mujeres para presentar el más reciente número de esta publicación —dedicado a la familia cubana— en el Taller de Transformación Integral del Barrio de Pogolotti.

Hasta allí nos fuimos quienes participaron en el taller básico de Educación Popular —gente de las más variadas procedencias sociales, profesionales y de casi todos los rincones del país—, integrante de la Universidad del Adulto Mayor de Pogolotti y la Casa comunitaria y trabajadores del Luther King.

Reflexiones en el taller…
Isabel Moya: Vivir es un hecho biológico, natural pero a vivir también se aprende. Y por eso existe la literatura, la filosofía, la educación popular y los medios de comunicación.

Nosotros vemos la revista con esa vocación de servicio y generalmente buscamos un tema, que puede ser polémico, en este caso, el de la familia —que está más explícitamente desarrollado en la sección Miradas, donde aparece la entrevista que Idania le hace a Patricia Arés— pero va a estar presente en todo el número. Lo que nos interesa es que nos critiquen, que nos digan qué no les gustó, qué sugerencias y opiniones les provoca la lectura de los trabajos contenidos en esta edición.

Y sobre todo queremos estrechar las redes de colaboración entre ustedes y nosotros. Les ofrecemos las páginas de Mujeres para que escriban sobre sus propios proyectos y experiencias, sobre lo que hacen en la Red de educadoras y educadores populares.

Mercedes: ¡Qué bueno hablar y reflexionar sobre la familia cubana! Cuando leía el dato de que Cuba es el país de más alto índice de divorcio en América Latina, pensaba en el impacto que esto tiene aquí en Pogolotti. Me preguntaba, ¿cuántas generaciones conviven en una misma vivienda? Tres, cuatro, cinco… ¿Cuántas divisiones interiores le hemos tenido que hacer a esas viviendas? Este es un serio problema que afecta a los proyectos de vida familiar, a la estabilidad, armonía y convivencia de esas generaciones.

Ahora tenemos otro rollo: los subsidios. En Pogolotti hay subsidios que se han denegado ¡Qué representan hoy en día 600 pesos para un núcleo donde existen tres ancianos, cuatro niños y sólo entran dos salarios de los más bajos ingresos! Realidades como estas afectan a nuestras familias. Me encantó que se tocara el tema de la diversidad. ¡Cuántas cosas todavía podemos hacer en este barrio!, que es muy machista, muy apegado a sus tradiciones para que la niñez y la juventud aprenda a respetar la diversidad de todo tipo: de raza, orientación sexual, creencias…

Ania: Para mí Mujeres es un medio de formación porque intenta hacer nexos coherentes entre la cultura popular y el pensamiento oficial. En sus páginas se defiende un proyecto de compromiso social y los temas que trata calan en el día a día, proponen aristas que no son complacientes. Me atrevería a calificar a la revista de osada pues toca asuntos que no se plantean abiertamente en otros medios.

Yadira: Nací en los setenta y todavía recuerdo aquellos ejemplares de la revista Mujeres. De pronto ya no está en los estanquillos…Una vive más rápido y lee lo más inmediato: los periódicos; ve los noticieros…

En Cuba hay muchos tipos de familias: los que se quedan y los que se van, los que creen en una cosa y los que creen en otra, los que se quieren ir pero no pueden, los que están aquí trabajando y quieren que los hijos piensen y actúen como ellos pero los hijos no quieren ser como sus padres porque sienten que ellos no resolvieron los problemas de la vida cotidiana siendo profesionales; y dicen abiertamente quiero otro proyecto, otro plan, otra estrategia…

Desde la academia, desde la prensa, desde los espacios de debates que existen o se creen es imprescindible tratar esos conflictos intergeneracionales. Si no lo hacemos ahora podría desconfigurarse el proyecto social de futuro.

Ariel: No soy un “consumidor” de la revista Mujeres pero cuando niño sí recorté cuquitas y me encantaba armarlas, amén de recibir algún cocotazo correctivo porque “¡los varones no cortaban cuquitas, qué es eso!”. ¡Qué bueno que la familia está cambiando! El alto índice de divorcio en Cuba para mí es un signo de libertad con los matices de implicaciones que esto tiene al interior de las familias.

En nuestra sociedad existen todavía muchas ataduras simbólicas, de normas, de reconocimiento social que la Revolución quebró… Las mujeres tienen igual o mayor ingreso que los hombres y tienen más o igual dignidad. Habría que analizar cuánto está impactando a la familia cubana las separaciones por el cumplimiento de misiones.

Hoy son más los padres que llevan a sus hijos a los cuerpos de guardia, a las escuelas, a los parques; se ocupan de atenderlos mientras la mamá trabaja o está fuera del país. En nuestras familias no sólo se ha emancipado la mujer sino también los hombres nos estamos emancipando de tonterías, de estereotipos y visiones reducidas de la vida. Este es otro asunto para abordar en la revista.

Berta: Me impactó el artículo que habla del proyecto Alas por la vida. Yo estoy operada de cáncer de mama y veo que cada vez más mujeres se unen al proyecto porque nos ayuda a seguir confiando y amar la vida.

“La posición que la mujer ha ido alcanzando en la sociedad muchas veces pone en crisis su relación de pareja. ¿Qué significa esto? si la mujer, jerárquica y socialmente, está por encima o tiene mayor ingreso que el hombre coloca a la pareja en una situación de crisis a nivel simbólico.

La mujer que sale al ámbito público y trabaja, que tiene determinadas realizaciones —personales, laborales, de reconocimiento, protagonismo social, posibilidad de sentirse útil en el mundo público— experimenta una sensación de empoderamiento al interior de la familia; y esto influye en la creación, por decirlo de alguna manera, del síndrome de la súper mujer”.

(Fragmentos de la entrevista ¿Familia cubana en trance? publicada en revista Mujeres Nº 1/2012, p. 4-8. También puedes leerla en: http://www.mujeres co.cu/listar.asp2a 2012numero592…2.)

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