Frank País. Un líder evangélico en la revolución cubana

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Caminos ofrece a sus lectoras y lectores las palabras que Yolanda Portuondo, ferviente investigadora de la figura de Frank País García y autora de La clandestinidad tuvo un nombre: David , preparó para esta nueva edición de un libro que enriquece no sólo el conocimiento de la figura de Frank País, sino que ofrece una perspectiva más humana del hombre y el héroe; del joven que supo poner al lado de su corazón la Biblia y la pistola.

Fue hace algunos años, en el marco de un ciclo de conferencias dedicadas a Frank País realizado por el Museo de la Lucha Clandestina de Santiago de Cuba, cuando escuché a Asela de los Santos señalar: “A uno siempre le parece poco lo que se diga de Frank, como si no pudiera expresarse con justicia todo lo que él merece”.

Desde entonces, en múltiples ocasiones, esa frase ha vuelto una y otra vez a mí, porque, a pesar de los años transcurridos —y de la existencia ya de varios libros que abordan la vida y el accionar de Frank, y otros, que han revelado algunos aspectos vinculado a él—, continuo coincidiendo en que, en efecto, aún no hemos mostrado lo suficiente lo que Frank fue. Y es que no puede ser de otro modo: una personalidad multifacética como la suya, capaz de proyectarse de tantas maneras diferentes, es muy difícil de agotar; pero, además, las mismas características de la lucha en la ciudad, su rigurosa compartimentación, hacen difícil conocer en toda profundidad su desempeño.

Un líder evangélico en la revolución cubana, de Juan Antonio Monroy, es, no obstante, un ejemplo bien ilustrativo de los esfuerzos que se han hecho en pos de atrapar a Frank en toda su magnitud. Además, ratifica un criterio que siempre he defendido: tuvimos una suerte enorme al tener por compatriotas a personas extraordinarias como Frank, Abel, Haydeé, Guillermo Sardiñas y tantos y tantos otros, quienes, por derecho propio, pertenecen al acerbo histórico de la humanidad.

Un día, no puedo precisar cual, pero sí que fue en el 2003, conocí de la existencia de este libro a través de un amigo, quien, algunas semanas después, facilitó mi primer encuentro con el autor. Monroy, entre otros textos, había consultado durante la etapa de investigación para su obra los escritos por mí, y, a partir de entonces, había querido conocerme y obsequiármela personalmente.

El saber que un autor español se había interesado sobre alguien tan nuestro como Frank, no dejaba de despertar mi curiosidad y, desde luego, mi admiración. Representaba, asimismo, la confirmación a mi tesis respecto a que la talla de muchos de nuestros mártires podía despertar un gran interés también en otros pueblos.

Cuando conocí al fin a Monroy, me impresionó su forma sencilla de manifestarse; pero, sobre todo, su veneración por Frank. Ya eso era más que suficiente para considerarlo un amigo. Luego, vendría la lectura de un tirón: su libro había sido escrito con un estilo fascinante y cautivador. Desde luego, nos percatamos de la presencia de algunos errores, que nada desdoraban la personalidad de Frank, y que podrían pasar inadvertidos para alguien que no hubiera estudiado tanto su figura. En una segunda conversación con el autor, le manifestamos nuestra opinión y contrajimos el compromiso de revisar su texto minuciosamente con vistas a una segunda reedición.

Con estas mismas aclaraciones, expresadas verbalmente, la primera edición española fue presentada en nuestro país, en el transcurso de un taller coordinado por el Grupo de Reflexión “Monseñor Arnulfo Romero”, desarrollado en el 2005.

Fue cuando Monroy me confió que su mayor anhelo era publicar su libro en Cuba. A partir de ese momento, nos dimos a la tarea de lograrlo. La comprensión y el interés por parte del Instituto del Libro fueron instantáneas, y sería la Editorial Caminos, del Centro Martin Luther King, Jr., la encargada de llevarlo a vías de hecho.

Frank País. Un líder evangélico en la revolución cubana representa una mirada desde otra perspectiva a la figura de Frank. Su autor se centra más en lo espiritual y religioso del biografiado, y aporta detalles relacionados con Francisco Pesqueira y Rosario García, progenitores de Frank.

Los distintos autores que habíamos escrito con anterioridad sobre este grande de nuestra historia, aunque no dejábamos de mencionar el papel de la religiosidad y espiritualidad en su vida y obra, quizás, nos dejábamos arrastrar más por el organizador, por el revolucionario: por todas esas cualidades que lo convirtieron en un artífice de la lucha clandestina. Era indiscutible, que el hombre de acción era quien nos había seducido; pero, además, siempre lo mirábamos desde dentro. De ahí que la óptica de Monroy, colocado por fuerza en otro angulado y a partir una cierta distancia, resulta enriquecedora y necesaria.

Otro elemento valioso reflejado en su libro es que Monroy no sólo es un prestigioso intelectual y periodista, sino, también, un hombre de iglesia; de ahí que estuviera mucho mejor dotado para entender algunos de los conflictos en que estuvo inmerso Frank cuando se vio ante la disyuntiva de escoger entre la Biblia y la pistola; o, simplemente, cuando comprendió que, en realidad, no había tal contradicción entre la acción y la fe.

Este libro, escrito con la honradez y sinceridad de alguien que ama y respeta nuestro país, nuestra historia y, en especial, a Frank, nos dará la oportunidad de un nuevo acercamiento a uno de nuestros mártires más queridos.

Juan Antonio Monroy, infatigable viajero; conferencista reclamado en gran número de universidades de todo el mundo; prolijo autor de más de treinta libros; hombre de iglesia, como ya anotáramos, y siempre solidario con los pobres del planeta —no solo de palabra, sino con gesto presto y desprendido—, pudo haber escrito sobre cualquier otro tema. Sin embargo, escogió la figura de Frank. Sabemos que recibió ofertas de publicar este libro en Miami. Sin embargo, Monroy no sólo las rechazó, sino que optó por reeditarlo en Cuba y hacer dejación de su derecho de autor.

Estoy segura de que cuando el lector cubano termine la lectura de esta la obra que ahora se pone a su alcance, se sentirá enormemente complacido por el sensible aporte que hace Juan Antonio Monroy a la bibliografía de uno de los hombres más extraordinarios de la historia de nuestro país.

Gracias, Monroy, por regalarnos este hermoso libro.
Gracias, Caminos, por poner en nuestras manos Frank País. Un líder evangélico en la revolución cubana.

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