Fuertes debates sobre el maíz transgénico en Cuba

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En la cita, coordinada por el ingeniero Fernando Rafael Funes Monzote, se visionaron una selección de videos tomados por el agrónomo Narciso Aguilera Marín, donde se constatan violaciones en el protocolo de liberación del maíz FR-Bt1 en campos de la provincia de Santi Spíritus, en el centro de la isla.

Según trascendió durante la reunión, en el espirituano Valle de Caonao, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) desarrolla un proyecto experimental de siembra del FR Bt1 y ha llevado a cabo entrega de semillas a algunos agricultores de la zona.

Campesinos de la cooperativa Julio Tápanes, ubicada en esa provincia, desconocían buena parte de las recomendaciones para cultivar y consumir el mencionado maíz transgénico, según los materiales audiovisuales. De esta manera, se pone en riesgo todo el proceso de liberación, las personas involucradas y variedades de maíz natural, que tradicionalmente siembran los agricultores cubanos.

El paquete tecnológico del maíz transgénico exige procedimientos estrictos como distancias específicas de siembra, aplicaciones de herbicidas y plaguicidas, fertilización, riego, y rígidas medidas de control y protección de las personas y el ecosistema, según fuentes especializadas.

Pero expertos y activistas insistieron en que el proceso de liberación del maíz FR-Bt1 en cultivos de la isla caribeña no se ha realizado de manera clara. Además, escasas son las informaciones sobre el impacto en la salud humana de este transgénico y el riesgo de atentar contra la diversidad biológica.

Alfredo Abuín Landín, de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, solicitó al Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria en Cuba pruebas sobre la toxicidad de la proteína insecticida Cry, insertada en el genoma del maíz, y con potencialidad para interactuar con el sistema inmunológico humano.

“La información del proceso de autorización no es pública; solo el resultado”, dijo Juan Carlos Menéndez, director del CNSB, en respuesta al reclamo de evidencias de las pruebas realizadas.

No obstante, Menéndez certificó que el FR-Bt1 es apto para el consumo humano y animal. A modo de recordatorio, comentó que el boniato transgénico hace años se cultiva en la provincia central de Villa Clara.
Insistió, además, que la política cubana apoya la transgénesis. Sin embargo, Cuba firmó este año la Declaración de Cochabamba, la cual reniega categóricamente de la explotación de cultivos transgénicos.

El Estado cubano no prohíbe el uso e importación de transgénicos para cualquier destino, incluyendo la alimentación, así como de organismos vivos modificados biogenéticamente. Pero, tales actividades deben someterse a un riguroso proceso de evaluación de riesgo, según las leyes vigentes en el país.

El sistema regulatorio de bioseguridad cubano tiene como momentos trascendentales la firma del Decreto Ley 190, en 1999, y la entrada en vigor del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad de la Biotecnología, en el 2003.

Lenia Arce Hernández, también del CNSB, llamó la atención en el hecho de que el Protocolo de Cartagena reconozca los beneficios de la biotecnología, pero se concentre sobre todo en los riesgos de esta para la vida en el planeta. Señaló varios aspectos necesarios para estos procesos que no se abordan en el mencionado Protocolo.

Cuba cumple aproximadamente el 85 por ciento de lineamientos establecidos por esa instancia internacional, en un sistema de seguridad biológica que se distingue por tener una visión interdisciplinaria única en el mundo.

Los participantes en el debate reclamaron a los expertos su participación en las consultas, parte esencial en el otorgamiento de licencias, y señalaron la carencia y retardo en la presentación de dictámenes y criterios especializados sobre el maíz transgénico.

Durante el encuentro fue entregado al CNSB un expediente que compila informaciones de utilidad, y se solicitó de manera informal una moratoria de la liberación de maíz transgénico en el país.

Tanto Ulises Fernández, director de la Oficina de Regulación Ambiental y Seguridad Nuclear, como el director del CNSB, se comprometieron en poner todas las inquietudes y pruebas presentadas en manos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

La promoción, participación y educación ciudadana acerca de estos temas quedó como una meta a lograr en la sociedad cubana contemporánea. Otras iniciativas como la presentación legal de demandas y la realización de otro taller científico sobre el tema, fueron propuestas por varias personas del público.

El encuentro podría considerarse el primer espacio oficial abierto a las serias preocupaciones de un sector de la comunidad científica cubana sobre el maíz transgénico.

Con anterioridad, la Facultad de Biología de la UH y en la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre también acogieron debates sobre el tema de gran impacto social y científico. Por primera vez, según la profesora Nilda Pérez Consuegra, de la Universidad Agraria de La Habana, un grupo de científicos cubanos se unen en contra de la aplicación de una tecnología (2010).

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