Fukuyama no tiene razón; Frey Betto sí

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Frey Betto está nuevamente en Cuba. Y está, también para suerte y alegría de las educadoras y los educadores populares cubanos en el Centro Memorial Martin Luther King, ubicado en el barrio obrero de Pogolotti en el municipio capitalino de Marianao. Con su característico acento, saluda amablemente al grupo de educadores populares que se han reunido para escucharle y, luego, para dialogar, como corresponde a un fiel discípulo de Paulo Freire, el maestro brasileño que sigue sembrando semillas de humanidad en diversos sitios de esta geografía insular.

Betto vino invitado a participar en el evento “Universidad 2008” que reúne en La Habana a educadores de varios continentes. Y además se reunió en otros momentos de este martes con jóvenes universitarios cubanos y con maestros de la enseñanza secundaria.

Entre los variopintos temas que animaron la plática de esta mañana del 12 de febrero, Betto nos dejó estas reflexiones, que ahora compartimos, de modo abreviado, con nuestros amigos lectores de Cuba y América Latina.

“Unos miran la Revolución como una fiesta del pasado a la que hay que celebrar; y otros la miran como algo que se está haciendo, como un proceso de futuro, en el que hay que estar muy atento a sus errores, a sus equívocos; un proceso que tiene contradicciones, defectos. Mucha gente me pregunta por qué sigo en la iglesia, si la iglesia tiene tantas contradicciones, pecados, vínculos con el imperialismo. Entonces, respondo: estoy en la iglesia porque creo que es posible construir un nuevo modelo de iglesia, y porque también creo que ninguna institución, y mucho menos una Revolución, es una cosa dada, algo que ya no puede cambiarse. El ideal sería que cada ciudadano cubano, pudiera sentirse como parte de un proceso en construcción. No existe ninguna obra humana que sea definitiva y esté congelada en la historia. Ahora, por ejemplo, puede leerse en Internet el diálogo de Alarcón con uno de los jóvenes estudiantes de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) bajo este titular “Joven cubano cuestiona a miembro del buró político”. Alarcón es una persona muy conocida internacionalmente.

“Desde afuera se hacen lecturas muy interesantes y diversas y es interesante analizar desde ahí dos actitudes: una, la Revolución va a tratar de encontrar medios para detener la avalancha de críticas. Si esa es la actitud de la Revolución, el imperialismo va a estar muy satisfecho. Ahora bien, está la otra actitud: cómo incorporar al proceso todas las críticas, quejas, preguntas, dudas para mejorar y perfeccionar el proceso revolucionario. Creo que este es el mayor desafío que enfrenta hoy Cuba, y acerca del cual hablaré en estos días aquí”.

Uno de los graves errores del socialismo del Este de Europa —que conozco bien porque los visité muchas veces—, fue establecer lo que yo llamo el socialismo monárquico que partía de la convicción de que los dirigentes del partido sabían siempre lo que era mejor para el pueblo y no escuchaban al pueblo. Algo que expresé hace unos días atrás en la conferencia “Martí y los desafíos del siglo XXI” cuando analizaba el desplome del bloque soviético, es que el capitalismo tiene la sagacidad de privatizar los bienes materiales y socializar los bienes simbólicos. Mirémoslo así: puedo vivir en una favela de Río de Janeiro pero miro en la televisión las telenovelas y sueño las maneras para conseguir lo que veo en la pantalla del televisor, es decir, lo que Chomsky llama “consenso fabricado”, de tal suerte que las personas intentan conseguir ese sueño, esperando milagros, siguiendo a la Iglesia de la Prosperidad., o mediante el crimen, el tráfico de drogas, como sea pero tengo que conseguir realizar ese sueño… Al final, de algún modo voy a llegar porque, además, ese mundo me queda muy cerca, debajo de la favela existe una casa de ricos con piscina y todas las comodidades. En eso consiste la sagacidad del capitalismo. Pero el socialismo ha cometido el error inverso: al socializar los bienes materiales, privatizó los bienes simbólicos. Entonces un pequeño grupo tiene el derecho de soñar el futuro. Ya lo he dicho: la Revolución cubana no puede darse el derecho de fracasar, y nosotros no podemos permitir que eso ocurra en este país, porque si pasa eso será el fin de un proyecto de humanización que es el socialismo. No se trata solamente del privilegio de que Cuba construya una sociedad socialista, el asunto es mucho más profundo. Cuba es hoy el símbolo de la posibilidad de que la humanidad encuentre un camino alternativo fuera del capitalismo. Y si la Revolución cubana se viene abajo, entonces tendremos que decir que el profesor Fukuyama tenía razón: la historia ha terminado. La brecha, la ventana de posibilidades que se nos abre hacia otro mundo futuro está en la Revolución cubana, de ahí que es muy importante que la población y los jóvenes de Cuba tengan consciencia de esto. El socialismo significa un proceso de humanización, con todas las dificultades, aciertos y errores —que no son pocos— Vivir en un proyecto comunitario colectivo es mucho más difícil que vivir en un proyecto individualista. O en otras palabras: vivir en un convento, como yo vivo, es más difícil que vivir solo en un apartamento en Sao Paulo y no tener que dar ninguna satisfacción al colectivo. Ese no es el camino para la humanidad.

Entonces volvemos al tema del sentido: la motivación nace, si uno encuentra sentido a pesar de que otros no comprenden por qué hice esa opción de vida. Cuando converso sobre estos temas siempre pienso en dos personas, a quienes comparo mucho, que también hicieron sus opciones de vida: Francisco de Asís y el Che Guevara. Siempre digo que Francisco de Asís ha sido en la religión lo que el Che ha sido en la política. O el Che ha sido el Francisco de Asís de la política. El Che había llegado al poder, estaba en paz con la historia, había hecho una Revolución, podía estar ahora aquí, tranquilo, se había ganado todos los méritos; sin embargo, como Francisco de Asís —que era un hombre de una familia muy rica—, abandonó todo porque quería ir más radicalmente a la construcción de un proceso humanitario. Y no fueron los pobres de Asís o las dificultades de la guerrilla en Bolivia los que le arrebataron el proyecto de felicidad y de autoestima por el que ambos dieron sus vidas. Ese es para mí el gran desafío: ¿cómo llegar a eso?”.

Betto escuchó lo que quisieron decirle varios de los participantes y no les respondió con un discurso prefabricado, sino , con razones y sentires que calan hondo, porque son auténticos, porque respetan al otro y reconocen el valor de lo piensan y dicen.

Abiertas, como suelen ser las pláticas con Fray Betto, llenas de humor y curiosidad intelectual nos tomamos las manos —en símbolo de fraternidad y compromiso— el grupo de educadoras y educadores populares que esta mañana compartimos, en el Centro Memorial Martin Luther King, no sólo el placer de escuchar y dialogar con el fraile dominico brasileño quien cree “en el Dios que se hace sacramento en todo lo que acerca, atrae, enlaza y une: el amor; en el Dios que se hace refracción en la historia humana y rescata todas las víctimas de todo poder capaz de hacer sufrir al otro, en teofanías permanentes y en el espejo del alma que me hace ver a Otro que no soy yo; en el Dios que, como el calor del sol, siento en la piel, aunque sin conseguir contemplar o agarrar el astro que me calienta”, sino también con un escritor que tiene publicados cincuenta y tres libros de diversos géneros literarios —novela, ensayo, policiaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso—; pero por si fuera poco que ha sido, también, asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participante activo en la vida política de Brasil en los últimos cuarenta y cinco años; y, entre 2003 y 2004, fue asesor especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.

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