“Haití está ahí. ¡No abandonar!”

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Tamara Roselló Reina

La Asociación Caribeña de Cuba reúne a naturales y descendientes de 27 países bañados por las aguas del mar Caribe. Entre ellos están quienes mantienen lazos familiares y culturales con sus predecesores haitianos. Algunos nunca han pisado esa tierra pero saben de su historia y tradiciones, de sus pesares y esfuerzos por salir adelante.

Por eso les convocó el llamado a la solidaridad con este pueblo hermano por estos días de octubre en que vuelve a cuestionarse internacionalmente la presencia de las tropas militares de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) y el letargo del supuesto Plan de Reconstrucción, que todavía no responde a las necesidades habitacionales de aproximadamente 800 mil personas, damnificadas por el terremoto del 12 de enero del 2010.

“¡Salgan de una vez las tropas de un país en paz y estable!”

Así apuntaron entre varios mensajes escritos sobre un papelógrafo, como síntesis del compromiso de cubanas y cubanos con el pueblo haitiano y su derecho a la autodeterminación.
Cabe preguntarse ¿para qué ha servido una operación militar tan costosa y prolongada en esta nación?

La MINUSTAH llegó en junio de 2004 y ha sido renovada su permanencia allí hasta octubre del 2012. La conforman unos 18 países, en su mayoría de Latinoamérica. Si antes del terremoto ya eran cuestionables sus resultados, luego de él, es más inexplicable el aumento del número de soldados.

Los problemas de Haití lejos de resolverse, se acrecientan ante una ineficiente gestión gubernamental, los altos niveles de dependencia externa y los daños a la frágil infraestructura existente antes de enero del 2010. ¿Acaso la militarización ha contribuido a la búsqueda de soluciones para algunas de estas cuestiones?

Los reclamos de movimientos sociales haitianos y latinoamericanos, así como de personalidades entre ellas, el Premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel o el escritor uruguayo Eduardo Galeano, se han alzado contra la prolongación de la misión militar y la falsa cooperación internacional con la causa haitiana.

El Secretario General de la ONU Ban Ki-moon propuso ante el Consejo de Seguridad el pasado viernes 14 de octubre, la retirada de 1600 militares y 1100 policías que operan en la nación caribeña. Con esta resolución aprobada por unanimidad se reduce a 2 700 efectivos la fuerza de la MINUSTAH y se extiende por un año su mandato en tierra haitiana.

“Decisiones como esta profundizan además el desprestigio y pérdida de legitimidad del propio Consejo de Seguridad, que sigue planteando que Haití es el problema en vez de reconocer que el pueblo haitiano tiene la capacidad y el derecho de construir su propio país y futuro”, criticó Esquivel.

Haití demanda un ejército, pero solidario que apoye el desarrollo endógeno de su economía, que potencie la creatividad de sus artesanos, la productividad del campesinado, que garantice una educación y servicios de salud públicas para su población y que frene la concentración y extranjerización de la riqueza.

Dentro de Haití no han sido pocas las voces que han exigido el cese de la militarización. “Rechazamos la presencia militar aquí, que se vayan todos, por las violaciones contra los haitianos y los gastos que implican. Con lo que cuesta la MINUSTAH podrían construirse miles de casas cada año, es un dinero que podrían usarse en la reconstrucción del país, en un plan típico haitiano”. Esta denuncia del joven abogado Patrice Flowilus, se escuchó en la Asociación Caribeña de Cuba, gracias a una filmación en medio de una marcha ante el Ministerio de Asuntos Sociales en Puerto Príncipe, cuando un grupo de organizaciones haitianas reclamaba mayor responsabilidad de las autoridades, con la situación del hábitat de quienes lo perdieron todo.

La presencia militar foránea en Haití es rechazada popularmente. En particular la introducción del cólera, cuyo primer caso se detectó el 19 de octubre del 2010 entre soldados de la ONU procedentes de Nepal y la violación a un joven haitiano por cinco cascos azules uruguayos, han exacerbado los signos de indignación. Son estos solo dos ejemplos de las consecuencias que trae para la población civil, la ocupación militar.

Ángel Piedra, integrante el Programa de Comunicación del Centro Memorial Martin Luther King (CMLK) de Cuba, participó recientemente en las acciones por el Grito de los Excluidos y Excluidas en la capital haitiana. Luego de intercambios con representantes de organizaciones de base, se explica el por qué tantos ojos se aferran a esta nación. “Haití es un gran negocio para todo el mundo, tanto para la ONU como para las naciones del norte y otras agencias de cooperación. Basta con escuchar los salarios que reciben por permanecer allí. Salarios de miles de dólares estadounidenses y vacaciones pagadas, mientras los nacionales están sin trabajo o son muy mal remunerados.”

En efecto la coyuntura del terremoto del 2010 fue aprovechada no solo para reforzar la ocupación militar sino también económica y financiera, que extiende las zonas francas, con mano de obra barata. “Nosotros creemos que todavía no hay un Plan de Reconstrucción haitiano, es de Clinton, de Bush, de Obama…”, critica Patrice. “Falta la participación nuestra, por eso es un plan sin legitimidad, que lo que busca es reforzar a la burguesía y la hegemonía del sector privado. Nosotros no nos reconocemos dentro de él.” A lo que añade Piedra “esos intereses hegemónicos se ocultan tras el paraban de la ayuda a Haití, cuando lo que hacen es saquearles.”

“Somos hermanos y hermanas y debemos seguir juntos en la lucha. Los haitianos no vamos a perder la fe de que un día vamos a triunfar”, confía Josil Sanon, estudiante de Sociología y Antropología de la Universidad Estatal de Puerto Príncipe. Como él piensan quienes suman sus voces y gestos solidarios para acompañar a este pueblo caribeño, porque habrá que seguir denunciando la injerencia que no respeta las capacidades de las haitianas y los haitianos para salir adelante.

El periodista cubano, descendiente de haitianos, Raimundo Gómez Navia, instó a recuperar la historia de ese país hermano, su contribución a la Patria americana y los valores que portan sus hijos e hijas. “Haití no es un país pobre, sino empobrecido y los medios de información se han encargado de legitimar y generalizar una imagen conveniente a la dominación.”

Otras palabras quedaron escritas en la sede de la Asociación Caribeña de Cuba, como constancia de una lucha en la que este pueblo vecino no está solo:

“Mantengamos la esperanza, construyendo otro Haití posible.”

“Luchen por siempre. El pueblo cubano los apoya desde sus corazones. Venceremos.”

“Sigamos luchando juntos por una integración de nuestros pueblos. Un abrazo.”

“Cuba apoya de manera solidaria y sin condicionamientos al pueblo haitiano. ¡Adelante!”

“Siempre estamos con ustedes, prestando nuestro servicio.”

“!Haití te queremos. No desmayes!”

“Loas del amor y la esperanza, Haití está ahí. ¡No abandonar!”

“Su lucha es nuestra lucha. ¡Siempre!”

“Gritamos junto al pueblo haitiano por sus derechos.”

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