La base de nuestro patriotismo

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Eusebio Leal

!(left)/media/uploads/eusebio.jpg(alt_text)!La Biblia le reserva al pueblo elegido una lucha perenne por su unidad e independencia. Sin ese texto sagrado no comprenderíamos el significado del patriotismo y cómo el amor a la tierra donde nacimos se halla en concordancia —bíblica— con el socialismo y el internacionalismo que ha profesado la Revolución cubana.

Siendo palabra de Dios, el relato histórico que entrelaza el viejo y el nuevo testamentos se extiende desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos. Al manifestar aspectos esenciales de la condición humana, nuestros actos siempre responden a ese designio de salvación que comienza humildemente con un solo hombre: Abraham y su familia. Sus herederos se convertirán en ese “pueblo” cuya unidad no depende de un origen racial, sino de su afán por llegar a la Tierra prometida tras ser instruidos por Moisés, como recuerda el libro del Deuteronomio.

En la prédica de Fidel hay también mucho de profecía. Habiéndonos instruido en la tenacidad y el sacrificio, no ha temido tampoco decir como los gladiadores en el circo: “Ave, Caesar, morituri te salutant”. Su voluntad de resistir nos remite a otros pasajes que ya no pertenecen al texto bíblico, pero siguen su inercia histórica, como el de la colina de Masada que domina el Mar Muerto. Ante el asedio de la fortaleza por las legiones romanas hacia los años 73 y 74 d. C., sus defensores judíos decidieron inmolarse antes de caer prisioneros. Los hallazgos arqueológicos han confirmado la existencia de ese bastión que hoy es símbolo de resistencia.

Apelo a este último episodio para insistir en que, junto a la voluntad de resistencia, Fidel supo mantener viva la esperanza del pueblo cubano bajo distintas formas, aun en las circunstancias más difíciles. De ahí el halo profético de su pensamiento: siempre ha pensado en que una sociedad más justa es posible, no solo para los cubanos, sino para toda la humanidad. Prueba de ello es su disposición —tantas veces demostrada— de extender una mano generosa a todos los pueblos del mundo.

Así me permito interpretar en clave teológica, aunque sea brevemente, su categórica afirmación sobre la Revolución cubana: “Es unidad, es independencia, que es la base de nuestro patriotismo y nuestro internacionalismo”.

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