La Cámara de Diputados aprobó el impeachment. ¿Y ahora?

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João Pedro Stedile

El 17 de abril, la burguesía impuso una derrota a los trabajadores aprobando el proceso de impeachment de la presidenta Dilma Rouseeff. Ahora, entramos en otra batalla en el Senado. Allí el desenlace aún es improbable y todo puede suceder. Algunos senadores presentaron el lunes (18) una Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) que representaría una salida honrosa para la presidenta Dilma, evitaría el desgaste del golpe y, al mismo tiempo, impediría el asenso de Temer-Cunha-Jucá al poder: la realización de las elecciones sólo para presidente de la República en octubre del 2016. Difícil saber cómo reaccionarán los demás senadores.

El equipo de la clase trabajadora tiene su mayor fuerza en la sociedad y en las calles. Por eso, precisamos seguir estimulando todo tipo de manifestación en la defensa de la democracia y contra el golpe, y defender la necesidad de reformas estructurales que nos permitan enfrentar verdaderamente la crisis. Y, en esa movilización, defender claramente que hay un golpe en curso y que un posible gobierno de Temer-Cunha-Jucá sería ilegitimo, ya que no recibió el voto en las urnas. Es bueno que sepan que los movimientos populares y la sociedad en general no los reconocerá.

Debemos exigir que el Supremo Tribunal Federal (STF) actúe como corte, no sólo al gusto de los medios de comunicación y de los intereses de la burguesía. Es preciso acelerar el juzgamiento del pedido de casación del mandato y de prisión del diputado Eduardo Cunha y de los demás implicados en la Operación Lava Jato. Es preciso corregir los atropellos del juez Sergio Moro.

Precisamos denunciar el papel de la Red Globo como dirigente político de ese golpe y seguir realizando protestas en sus sedes, además de realizar campañas contra las audiencias y presionar a las empresas que anuncian en sus programas. Precisamos denunciar con contundencia que lo que está en juego es la voluntad de los empresarios de retomar un proyecto neoliberal en la economía y en el Estado, que traerá enorme sacrificios para el pueblo, como la pérdida de derechos y el desvio de recursos públicos de educación, salud, viviendas populares, Previdencia Social, reforma agraria, para intereses privados de una elite.

El pueblo precisa tener en claro que por detrás de aquellos 360 diputados que hicieron un papel ridículo votando en nombre de Dios, de sus familias y contra la corrupción (siendo que más de cien de ellos están acusado por este crimen), están los verdaderos enemigos del pueblo: el capital financiero, las corporaciones trasnacionales y el agronegocio. Sus entidades representativas, como la Confederación Nacional de la Industria (CNI), la Confederación de Agricultura y Pecuaria (CNA), la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp) y la Federación Brasilera de Bancos (Frebaban), además de financiar a los diputados, conspiran abiertamente y participan de la elaboración de los programas del gobierno golpista.

La mejor manera de reaccionar contra todo esto es seguir movilizándonos. En varias capitales de Brasil, como Belo Horizonte (Minas Gerais) y Curitiba (Paraná), ya están programadas marchas y concentraciones para la próxima semana. Precisamos transformar el 1° de mayo en un Día Nacional de Movilizaciones de la Clase Trabajadora, que homenajeen a los mártires de Chicago que dieron la vida para que hoy tuviésemos una jornada de trabajo de ocho horas. Debemos realizar actos en el mayor número de ciudades, transformándolos en verdaderos plenarios, donde se debate la coyuntura, se analice la situación del país y se discutan salidas para la clase trabajadora.

Precisamos, sobre todo, debatir en el movimiento sindical, entre las centrales sindicales y los movimientos populares, la viabilidad de una gran paralización nacional contra el golpe antes de la votación en el Senado. La burguesía y sus palos mandados en el parlamento precisan entender que quien produce la riqueza de este país son los trabajadores, y que no aceptaremos ni el golpe institucional ni la vuelta al neoliberalismo, que servirá apenas para que ellos recompongan sus tasas de lucro y centren aún más riqueza.

Por fin, debemos retomar la bandera de las necesarias reformas estructurales. Se eluden los que piensan que basta cambiar el gobierno por un golpe o repetir las elecciones. Solamente con reformas estructurales necesarias será posible enfrentar la gravedad de la crisis económica, política, social y ambiental que la sociedad brasileña viva.

Por eso, precisamos debatir la necesidad de una amplia reforma política que vendrá solamente con una asamblea constituyente; una reforma de los medios de comunicación, para democratizar e impedir el monopolio de la Rede Globo; una reforma tributaria que saque a los trabajadores el peso de los impuesto y cubre a los más ricos; además de las históricas reformas urbana y agraria.

Esperamos que la mayoría de la clase trabajadora, o sea, la gran masa, se dé cuenta de los peligros que está corriendo y, finalmente, entre en juego. Porque, hasta ahora, ella quedó apenas asistiendo. Esperamos que los sectores de la juventud, que fueron a las calles en junio de 2013, vuelvan a ocuparlas con fuerza para defender las reformas estructurales.

Como ven, tenemos un largo campeonato por delante, con muchos partidos y resultados diversos. Y solamente con la gran masa en las calles, podremos cambiar ese juego.

Traducción: María Julia Giménez
fuente: Brasil de Fato

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