La fe de la mano del ambiente

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“Queremos salvar estas tierras y producir”, comentó a IPS el pastor bautista, fundador del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, una de las entidades más activas de la sociedad civil cubana en la ciudad de Cárdenas, 150 kilómetros al este de La Habana.

Desde hace unos cinco años, cuando recibieron en usufructo del Estado los terrenos que hoy conforman El Retiro, los integrantes del centro han trabajado la tierra y generado beneficios para las poblaciones vecinas a través de la producción de biogás y de talleres de medicina natural, conservación de alimentos, artesanías y artes plásticas.

Con una población de más de 100.000 habitantes, Cárdenas fue fuertemente golpeada por la crisis económica de la pasada década: el astillero dejó de funcionar, cuatro ingenios azucareros cerraron y la fábrica de papel redujo su capacidad a la mitad. Ante esta situación, el polo turístico de Varadero, a sólo unos kilómetros, se convirtió en el único atractivo frente a la agricultura.

Así El Retiro emergió como una alternativa importante de empleo y también de modo de vida. Las tierras, un día cubiertas por lajas de piedra y hierbas, ofrecen cosechas resultado del trabajo de más de 70 personas involucradas en dos de los proyectos del centro: desarrollo comunitario rural y cuidado del ecosistema.

Creado en 1991, el centro se define como “una institución fraternal religiosa con profundos objetivos sociales, inclusiva y no lucrativa”, cuyo objetivo fundacional es “potenciar la cultura, el humanismo y las más altas virtudes cristianas”. Cualquier persona puede beneficiarse de las actividades, sin distingo de credo o inclusive si se declara ateo.

A unos ocho kilómetros de Cárdenas y muy cerca de las comunidades rurales de El Cerro, Merceditas, Máximo Gómez y del ingenio azucarero José Smith Comas, El Retiro produce casi 50 productos agrícolas. En sus campos brotan coles y otras verduras, además de 15 especies de plantas medicinales y una gran variedad de flores.

En la hacienda también se crían conejos, carneros, chivos, vacas, ocas y abejas.

La producción de hierbas sirve al laboratorio municipal de medicina naturista, donde se procesan medicamentos. Mientras que los productos agrícolas, frescos o en conserva, se destinan a menores y ancianos de 11 instituciones sociales del municipio, mediante un contrato con la dirección local del Ministerio de la Agricultura.

“Escuelas primarias, círculos infantiles, el hogar de ancianos, la clínica del diabético, la escuela especial y el hogar materno se benefician con encurtidos, macedonias (ensaladas de fruta), salsas de tomate y pimiento, dulces, jugos, así como vegetales, hortalizas y viandas”, relató a IPS Rita García, coordinadora de este proyecto y agrónoma empírica.

Pese a haber sido afectado por un tornado el 26 de abril, El Retiro obtuvo a mediados de este año la condición de “centro de excelencia nacional”, un reconocimiento del Grupo Nacional de la Agricultura Urbana del ministerio del sector.

Con anterioridad, ya era considerado por ese grupo como “referencia nacional”.

“Impulsamos la agricultura orgánica. Es un ciclo completo desde el momento de la siembra hasta la cosecha, e implica la no utilización de químicos ni de cosas que dañen el ecosistema. Llegamos hasta la producción de biogás y de nuestro propio abono”, explicó García.

Además de su trabajo en la producción agrícola, la hacienda se ha distinguido por la construcción de más de 200 plantas de biogás, con una capacidad de 14 a 42 metros cúbicos, para campesinos, escuelas, círculos infantiles y un centro de elaboración del central azucarero (ingenio) más cercano.

“Hace unos años los campesinos no sabían nada del biogás, pero ahora conocen sus beneficios. Ya tenemos cerca de 200 pedidos más”, aseguró la coordinadora del proyecto.

Para ella, “no solo es una solución del problema energético, sino de un problema de salud: se evitan los combustibles tóxicos como el queroseno y se le da un buen tratamiento a los residuos de los animales. El resultado final, además, no tiene mal olor y no atrae a las moscas”.

Mientras sueñan con incursionar en la energía eólica y solar, tecnologías que aún les resultan muy caras, los integrantes del centro impulsan un proyecto de reforestación que, en una primera fase, pretende sembrar 100.000 árboles frutales y maderables en la zona.

De acuerdo con su director ejecutivo, la región aún no se ha recuperado del impacto de varios huracanes que la golpearon en los últimos años, como el Michelle en 2001. “Mucha gente tenía árboles frutales en sus patios que fueron derribados por el viento, pasa el tiempo y no se han repuesto”, afirmó el pastor García.

“Notamos, además, que estamos perdiendo árboles frutales autóctonos. Buscamos por todo el país semillas para construir una pequeña reserva forestal con especies como el árbol o fruta de pan, que en Cárdenas no se conoce y de la que quedan pocos ejemplares en algunas zonas inhóspitas del oriente cubano, y también con la anacahuita, que ha corrido la misma suerte, así como una variedad de mandarina”.

A pesar de todo el trabajo, El Retiro no logra ser rentable debido a la dualidad monetaria vigente en Cuba desde inicios de la década pasada, que tiene su expresión en la existencia de un doble mercado interno, uno en moneda nacional y otro en divisa. Según García, la finca puede recaudar medio millón de pesos cubanos anuales, pero eso no significa nada cuando todos los implementos y materias primas hay que comprarlos en divisas al Estado.

Para el director del centro, un ejemplo claro es el de las plantas de biogás: “Pagamos los materiales que necesitamos para su construcción en moneda convertible y las vendemos en moneda nacional, a plazos razonables, o sea, cuando nos puedan pagar. Hay personas tan humildes que solo tienen las vacas o la cochiquera”, pocilga.

En estas condiciones, aseguró, “siempre se pierde, no hay manera de ser rentable”.

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