“La Habana es un lugar especial para ver mis películas”

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Miriela Fernández Lozano

Matías Bize aguarda puertas afuera del cine Chaplin. Ha concertado una cita con su público: “Gracias por regalarme 83 minutos de sus vidas. Los espero luego para intercambiar sobre la película, y tomar algo”. No son pocos los que se involucran con la diáfana complicidad que crea este joven director de 31 años. En una de las principales calles de La Habana, como un espectador más, recibe los elogios, las críticas, los comentarios que suscita La vida de los peces:

“No había vuelto a ver mi película desde el Festival de Venecia, donde el filme comenzó su carrera-me revela, durante una breve conversación sostenida cuando las luces del cine latinoamericano ya empezaban a alejarse de la capital cubana-; he participado en 15 festivales y no me había quedado después de presentarlo. Pero aquí es diferente. La Habana es un lugar especial para ver mis películas. En ningún otro sitio del mundo se perciben estas ganas de ver cine.

“Es mi cuarta vez en Cuba. Vine con mi película En la cama, que ganó el tercer coral, y los premios que otorgan Casa de las Américas y la productora Caminos; luego volví como jurado; también estuve en una de las Muestras de Nuevos Realizadores. Para mi carrera es muy importante estar aquí, pero, sobre todo, resulta especial presentar mi película con la sala llena de gente. Es muy emocionante. Siento mucho cariño por este público”.

*Minutos antes de este diálogo, fui testigo de tu abrazo con uno de los directores imprescindibles del cine cubano, Fernando Pérez. ¿Qué te han ofrecido sus películas? *

“Tengo una enorme admiración por Fernando Pérez. He visto casi todas sus películas. Es uno de mis directores favoritos. Ha sido muy inspirador su cine. Pero además es un amor de persona. Por eso, uno entiende cómo puede hacer tan grandes películas. Detrás de cada director que me gusta, hay una sensibilidad increíble”.

Precisamente, si nos volteamos, habremos entrado en la escena de alguna película de Fernando Pérez. Estamos a unos pasos del malecón habanero. Mientras la ciudad se nos vuelve más acuática, empezamos a bracear en la trayectoria de Matías Bize. Cuatro largometrajes: a los 23 años dirige “Sábado” (2003); En la cama (2005) lo convierte en el director más joven en ganar la “Espiga de Oro” del “Festival Internacional de Cine de Valladolid”; Lo bueno de llorar es realizada en el 2007.

La vida de los peces (2010) recurre al tema de tus películas anteriores. Pudiera decirse que entre todas hay una sola historia. ¿Coincides con quienes piensan que por mucho que recorramos, siempre estamos sobre la misma obra?

“En la cama es la historia de una pareja que se enamora en una noche, luego Lo bueno de llorar trata de dos personas que terminan y en La vida de los peces hay un reencuentro, un después. En el fondo, nunca me lo había planteado como trilogía, surgió así. Y las tres películas suceden de noche, en un único espacio. De alguna manera se puede decir que es la misma historia, que son los mismos personajes.

“Me interesan profundizar esos momentos de la relación de pareja. Por eso, recurro a este tema, para hablar de esas ´historias mínimas, simples`. Claro, hay una ficción; es un drama en el que están todos los elementos dispuestos para que funcione: guión, estructura, música. La gente logra identificarse, emocionarse.

*¿No ves riesgos en que te circunscriban a esas temáticas? *
“Me interesa hablar desde mi verdad, sin grandes ambiciones, contar la historia de la manera más honesta y verdadera posible. Trato de hacer la película para mí porque siento que si me gusta, también le sucederá a mucha gente.

“Son historias muy universales. En Emiratos Árabes donde he presentado mi película; en Suiza; aquí, me dicen: estás contando mi historia. No me sale hacer otro tipo de película, aunque podría decirse que al encender una cámara ya estás haciendo un acto social.

“Cuando mi película me gusta, soy feliz. Si después al público le agrada, si le otorgan premios, los tomo como regalos”.

Después de 10 años en Berlín, Andrés (Santiago Cabrera) regresa a Chile. Sus recuerdos vuelven al recorrer la casa de uno de sus amigos. También, surge la posibilidad de girar el destino si Beatriz (Blanca Lewin), su única sensación de lo eterno, decide acompañarlo. Detrás de los peces, la vida detenida, quiere reencauzarse.

“Hay muchos significados para La vida de los peces. Siempre nos gustó como título. Realmente está este acuario como una imagen visual muy potente; luego, la casa como un espacio cerrado, o sus pasillos, algunos dicen que son el lugar por donde las personas se mueven como los peces. Uno tiene ilusiones, íntimos mundos. Pueden haber muchas ideas.

“Creo que es un tema muy importante. Todo lo que cuenta la película es la segunda oportunidad que ellos tienen. En la vida hay muchas. Aunque esta es una historia particular, y claro es ficción. Tampoco sé la respuesta de lo que pueda pasar o no en la vida.

“Me identifico muchísimo con los dos personajes, sobre todo porque constantemente viajo para presentar mis películas. Me pasó mucho eso de volver, llegar, ver, dejar puertas abiertas. Si no me hubiese identificado con la historia, no hubiese podido realizarla.

“Si bien otros directores me inspiran, lo hacen desde la forma, o desde la música. Me gusta mucho el cine independiente norteamericano, uruguayo, latinoamericano en general. Tengo muchas influencias del teatro. Pero lo que más me inspira para hacer cine es mi propia vida”.

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