La Habana no es solo un don de la naturaleza*

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Gran parte del auge adquirido desde su fundacin en la villa San Cristbal de La Habana se debe a las bondades de la naturaleza. La Corriente del Golfo baa sus costas e impulsaba de modo natural a los buques en su viaje hacia Europa, lo que determin la concentracin de la flota en dicha baha. Creci la actividad econmica y se fue forjando el espritu citadino de los habitantes, que la declararon ciudad el 16 de noviembre de 1592. Da en que se riende tributo a su peculiar naturaleza y a la gente que ha hecho su historia.

Cuando se fund en 1514 la villa de San Cristbal de La Habana era uno ms de los siete enclaves diseados en la estrategia general del gobernador Diego Velzquez para iniciar el proceso de colonizacin de la Isla. En tal sentido es que comparte ciertas premisas que la igualan a las restantes seis villas creadas entre 1511 y 1515.

Estas circunstancias comunes obedecen al propsito de los conquistadores de fundar centros para la expansin de la conquista hacia el Continente. Para ello deban disponer de un entorno favorable a la produccin agrcola y a la ganadera, tener agua potable y contar con no menos de diez vecinos dispuestos a establecerse en el lugar.

Tambin es cierto que San Cristbal de La Habana cambi en 1517 su ubicacin inicial debido a las causas anteriores y al agotamiento del oro, disminucin de la poblacin aborigen y la carencia de condiciones para la agricultura. Los traslados de los lugares iniciales ms bien beneficiaron a los propsitos de la corona espaola, pues se fortaleci la posibilidad de utilizar a la Isla como fuente de abastecimiento y retaguardia en los planes de conquista del resto de los territorios en el Continente.

Hay un hecho, sin embargo, que diferencia a la cuarta villa fundada por Velzquez del resto de sus similares. Un comercio activo y regular comenz a desarrollarse entre la metrpoli y el Nuevo Continente convertido en una verdadera fuente proveedora de riquezas. La Isla de Cuba se encontraba en el centro de la nueva ruta de navegacin.

Y es en este aspecto que el puerto de La Habana desempe un importante papel en la naciente ruta ocenica. Se impuso la utilizacin de la va natural para llegar a las costas occidentales de Europa. Las naves iban hacia el litoral norte en busca de la baha habanera que cuenta con una entrada protectora, angosta y de aguas profundas. De aqu, impulsadas por la Corriente del Golfo, navegaban con mayor facilidad hacia su destino en el Viejo Continente.

Por esta razn se afirma que La Habana es un don de la Corriente del Golfo, igual que Egipto es un don del Nilo (1). La ciudad se convirti en punto obligado de reunin de la flota y en principal frontera martima del imperio espaol. Cuando en 1592 fue reconocida oficialmente como ciudad ya se le llamaba Antemural de las Indias Occidentales y Llave del Nuevo Mundo. La escala de los navos en puerto habanero fue una importante fuente de acumulacin de capital, de actividad econmica para la poblacin y de rpido enriquecimiento de los miembros del cabildo habanero.

No se hicieron esperar las agresiones de corsarios y piratas que mostraron a la opulenta Espaa dnde se encontraba el punto ms vulnerable de su vasto imperio. Y La Habana, junto al enriquecimiento y la prosperidad, fue objeto de agresiones con las cuales los enemigos intentaban romper la solidez del imperio y poner al descubierto su Taln de Aquiles.

En fecha tan temprana como 1536 una nave francesa no solo apres frente a las costas habaneras a tres navos espaoles, si no que tambin sus ocupantes irrumpieron en la villa, carente por entonces de defensa alguna. En 1538, despus de ser reducida a cenizas por otro corsario, el rey orden la construccin de la primera fortaleza de la Isla, nombrada Real Fuerza. En medio de su importancia creciente la ciudad vio crecer las obras defensivas que llegaron a constituir un verdadero sistema, complementado con las murallas de la ciudad.

La Habana continu su constante expansin ms all de sus murallas que tuvieron 123 aos de vida til. La conquista del espacio extramuros, la creacin de calles y avenidas y el crecimiento acelerado de la poblacin la convirtieron en una populosa urbe. Segn se consigna en los datos al respecto, en el siglo XVII La Habana posea casi el cincuenta por ciento del total de habitantes de la Isla.

De este modo, la historia de La Habana se ha ido tejiendo en el tiempo. Quienes la habitamos hoy sabemos que la capital no es solo un don de la naturaleza, sino tambin una obra que responde al latido de hombres y mujeres que hacen de cada da una jornada de tributo a la ciudad en que viven, aman y crean. La Habana ha sido y es un escenario donde se libran importantes combates por la nacin, la soberana y la dignidad de los cubanos.

Pero contemplar el leve y continuo olor a salitre y las salpicaduras del mar en ocasiones embravecido, nos permite recordar que sus costas y su peculiar baha participaron decisivamente en el surgimiento de una de las ciudades ms bellas del continente, donde cada da se tejen leyendas y se urden los sueos de ms de dos millones de seres humanos.

(1) Citado por: Prez de la Riva, Juan. La conquista del espacio cubano. Ciudad de La Habana, 2004.

  • Tomado de Cubas

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