La iglesia Ebenezer de Marianao: memoria, pensamiento y celebración (I parte)

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Miriela Fernández Lozano

La iglesia Ebenezer de Marianao (IBEM) surge el 29 de marzo de 1947. Ese fue el día de la inauguración oficial. Nace en el seno del barrio Pogolotti, en la casa de Teresa Real. Cuando el 65 aniversario y a través de la tesis de Alberto Conde, recuperamos algunas fotos, por las cuales sabemos que desde sus inicios a ella pertenecieron personas del barrio muy humildes, blancas y negras, gente obrera. Allí se organiza una misión y tenían ministerio con niños y niñas, según esas fotografías; empieza a hacer atendida por la primera iglesia bautista de La Habana.
Hasta 1987 la iglesia fue miembro de la Comisión Bautista de Cuba Occidental, una convención que fue fundada en Cuba y su contraparte, en Estados Unidos, por Alberto J. Díaz, a finales del siglo XIX y principios del XX. Él era amigo de Maceo y Martí, opuesto al anexionismo, pero después se van a encargar las juntas de misiones de la Comisión Bautista del Suramericano, de ahí que la herencia teológica y de praxis pastoral de la convención sea muy fundamentalista, o prefiero decir, muy conservadora.
A partir del año 71, en que mis padres Raúl Suárez y Clara Rodés vienen para acá se empiezan a vincular con el movimiento ecuménico cubano. Ya había antecedentes de algunas relaciones. Él, como pastor en la iglesia de Colón, en Matanzas, se había vinculado con personas como el maestro René Castellanos, una figura emblemática del movimiento ecuménico cubano y de la Iglesia Presbiteriana. Comienzan a vincularse con los diferentes movimientos ecuménicos, como el Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC) y se había fundado en los años 70 la Coordinación Obrera Estudiantil Bautista de Cuba (COEBAC), donde se agrupó gente con una proyección ecuménica tanto de la Convención Bautista Occidental como de la Oriental y que comienzan a cuestionar el conservadurismo y el irrespeto a los propios principios bautistas que ambas convenciones tenían. La Oriental pertenecía al Concilio de las Iglesias de Cuba, que existía al inicio, después se retiraron.
Estos bautistas empiezan a reunirse en campamentos nacionales, reflexionando sobre la responsabilidad social del cristiano. Las personas que empezaron a pertenecer a lo largo del país comenzaron a tener problemas en sus iglesias locales y en el caso de la Convención Bautista Occidental, varias iglesias son expulsadas: la Primera Iglesia Bautista de Matanzas, la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao y la Iglesia Jordán del reparto Mañana en Guanabacoa, y también sus tres pastores. En el ´89, junto con otros grupos, conformados por personas expulsadas en sus iglesias fundamos la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba (FIBAC) que, precisamente tuvo su primera asamblea aquí, en la IBEM.
La iglesia nuestra en 1987 también funda el Centro Memorial Martin Luther King, Jr. (CMLK) y continúa transformándose en varios sentidos. La iglesia siempre tuvo relaciones con todas las iglesias del municipio, desde el principio. No se puede decir que fue una iglesia ecuménica en aquel entonces porque, teológicamente y siguiendo la densidad del término, no lo era, pero siempre tuvo buenas relaciones con el Ejército de Salvación, con las iglesias pentecostales cercanas y fue una iglesia desde su fundación hasta los ´80 muy alegre, con un gran número de miembros, a pesar de que muchas personas dejaron de venir por la tensión iglesia-estado, por la tensión que había con las personas religiosas en el país; muchas ingresaron al proceso revolucionario, otras emigraron.
Pero en toda su primera etapa sí fue una iglesia numerosa, entusiasta, con mucha confraternidad entre los miembros. Había una presencia de personas negras muy fuerte, aunque en los estudios que Carlos Iglesias (miembro de la iglesia) ha hecho, se puede decir que la presencia negra se ha venido haciendo minoritaria, en aquel momento por su conservadurismo, rechazaba la pertenencia al movimiento ecuménico cubano, y desde el punto de vista de género no ordenaba a mujeres, como ocurre hasta la actualidad en las iglesias de la Convención.
Tampoco tenía una presencia diacónica, de interrelación con las diversas organizaciones barriales, más allá de que después de la década del 70, nosotros fuimos muy discriminados -por ejemplo, Clara fue electa como dirigente de base por todo el bloque de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y luego la quitaron, aunque más adelante, ocurrió, lo que creo fue un acto de desagravio, Vilma le entregó la medalla fundadora de la Federación. Esta fue una etapa muy difícil. Había tanto un rechazo por parte de algunas personas del barrio, de las organizaciones de masas hacia los religiosos como también había personas de la comunidad muy conservadoras que interpretaban que un cristiano no debía meterse en política. En este proceso de los ´70 en que Suárez y Clarita vienen para acá y que empiezan a participar de la COEBAC, de los espacios ecuménicos del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), que después devino Consejo Ecuménico de Cuba, el pensamiento de esas personas comenzó a cambiar.
Pero lo importante del pastorado de mis padres, desde la valoración crítica que hago, con sus elementos positivos y negativos, es que a diferencia de otros pastores, involucraron a la comunidad. Esta fue una iglesia que se atrevió a convocar a los jóvenes; por ejemplo en el ´75 se desarrolló aquí un campamento nacional de la COEBAC.
Los cambios se fueron dando en diversos sentidos: uno, en la proyección ecuménica; otro, el cambio teológico, que no fue un cambio elitista de un grupito. Clara empezó a utilizar los textos de la Iglesia Bautista y de la Presbiteriana que había cambiado sus materiales de estudio de la iglesia dominical. Usa no solamente la teología de estos materiales, sino que incorpora una nueva metodología a partir de sus contactos con Ofelia Miriam Ortega, pastora prebiteriana que fue rectora del Seminario de Matanzas y con el maestro Castellanos. Creo que las primeras clases participativas, que probablemente se dieron dentro de las iglesias bautistas de la Fraternidad fueron aquí por ese trabajo. Entonces el cambio no solamente fue teológico, sino también en el modo de hacer la pastoral.
El 93 fue un año emblemático para el Centro cuando la brasileña Mara Lujan Massoni viene a Cuba. Para la iglesia también fue importante. Ya Suárez, Clarita y los que participamos en la COEBAC habíamos tenido contacto con los intelectuales cubanos Fernando Martínez Heredia y Ester Pérez y con el teólogo brasileño Frei Betto, de ahí que nosotros muy tempranamente empezamos a tener relaciones con la educación popular, pero es en este año y en el 94, Clarita y Mara aplican la metodología de la educación popular no solamente para los materiales educativos desde los principios hermenéuticos de la teología popular de la Biblia, sino en el gobierno de la iglesia, donde relaciones de poder vegetativas se seguían reproduciendo.

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