La libertad… los pies descalzos, lo pequeño que sale a cantar

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Daylíns Rufín Pardo

“A liberdade é esta sede insaciável..” Ivone Gebara

Quizás la imagen más antigua que tengo de la libertad se la debo a la estatua de igual nombre que identifica uno de los parques de mi ciudad natal: una mujer descalza, erguida, que parece que avanza y que canta a voz plena mientras sostiene bien alto entre sus manos unas cadenas rotas, casi a la altura de los árboles.

A este parque solía llevarme mi abuelo siendo yo bien pequeña y, no sé si por influencia de la estatua o por esa sabiduría permisiva que traen consigo los más viejos, en ese parque aprendí desde muy pequeña a sentirme libre si podía correr con otras niñas y niños hasta quedar sin aire o trepar por los bancos, si le ponía pétalos de framboyán a las hormigas camino a su casita de la tierra y compartía mi helado con los gatos. A manos sucias y a grito pelado, con picardía inocente y carcajada abierta: así experimentaba la libertad. No es que olvidaba, ¡no!, las reglas y las normas; es que podía rehacerlas a mi antojo, en grupo y sin censuras, bajo el amparo de mi abuelo: Dios con otro decálogo que prefería naturalmente la alegría.

Estos símbolos y percepciones de lo que la libertad era y habría de ser, me acompañaron luego en otras etapas de la vida. Cuando el parque fue el libro y la escuela aprendí que era posible correr sentada y en uniforme. La libertad no desestima, nunca, el mundo de los sueños y la imaginación.

Cuando el parque fue marcha, escuela al campo, trabajo voluntario y visita a los enfermos de la comunidad, aprendí otras maneras de ensuciarse las manos y las ropas no solo con, sino para las demás personas.

Cuando el parque se quedó sin abuelo, vi que a la libertad también le competían la tristeza, las dejaciones y el reino de lo que no se ve.

Y ¡qué bueno fue saberlo en los 90! Porque muy pronto- sí, nos pasó a todos- otras despedidas y rupturas nos cayeron encima; y desde abajo y al este, entre dolores y temores, tuvimos que atrevernos a correr el muro y sus escombros para avistar más allá de ellos un nuevo amanecer de restauración, de resistencia, de armonía y de justicia: esos trazos precisos e innegables que posee el dibujo de toda libertad.

En este tiempo esa: la libertad cubana y nuestra, adquirió- recordemos- otros rostros menos abstractos, pero más polisémicos: el mar, la isla, los maderos cruzados, el buchito de café compartido, los chícharos, los huevos. Cada quién escogió dónde y cómo mirarlos.

Fueron tiempos difíciles. Tiempos en que tuvimos que descubrir, encontrar y conquistar otros espacios como parques donde fuera posible y conjunta la alegría, y las iglesias fueron uno de esos. Abarrotadas como solo antes lo habían estado las plazas, abrieron traspatios inmensos donde repensar y reinventar la vida y sus proyectos: el de las casas de oración, el de los centros ecuménicos, el de las jornadas de compromiso social cristiano y los círculos de reflexión socioteológica, el de la relectura popular y comunitaria de la Biblia y las cátedras de género. Fue en estos nuevos parques, renovados y amplísimos, donde volvió a correr descalza y en voz alta la utopía del pueblo. Hoy todavía anda y sigue corriendo a través de esos lugares, glocal y nuestroamericana, “con la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” (Hb 11,1).

En esos parques de certeza incierta la libertad se hizo duda, pregunta y era reconfortante ver que la Libertad se nos parecía tanto. Nos atrevimos por eso a transgredir las normas y las reglas por años recitadas, a cuestionar sin temor a embarrarnos o marcarnos biensabiéndonos gente heredera de ella:

¿Quiénes somos ahora los pobres de la tierra? ¿Qué opción tendremos que preferir en este ahora de nuestro contexto que sigue teniendo características tan especiales? ¿Tiene sentido hablar de libertad en una tierra liberada? ¿Qué mirada compleja debemos asumir al abordar el tema de la liberación de la mujer, si ya hemos conquistado como mujeres cubanas tantas libertades? ¿Qué lugar deberían tener Dios y las religiones en la reconstrucción de nuestro horizonte de sentidos, de vida? ¿Será que forman parte de este mundo o siguen siendo un mundo aparte? ¿Es posible detectar brechas de inequidad en un proyecto de igualdad? o ¿Sí los hombres pudieran usar sayas se acabaría el machismo? ¿Se expone a adquirir una visión neblinosa de la realidad quien use a escondidas los espejuelos de Lennon? (¡Sí, hermanas y compañeros! La libertad también comprende cosas que a veces pueden sonar extrañas).

Y como los parques son también espacios ideales para compartir textos y canciones, aprendimos que con-versar (aquí equivale libremente a compartir versos con…) y darnos mucha “trova” no era “parte de nuestra realidad crítica” como decían quienes decidieron no participar de ella, sino parte de la crítica necesaria sobre nuestra realidad.

“¿Dónde está mi bandera cubana, la bandera más bella que existe? Desde el buque la vi esta mañana y no he visto una cosa más triste… Yo te quiero libre, libre y con amor, libre de las sombras pero no del sol. Yo te quiero libre, como te viví…Angola, mi madre en realidad se quedó sola… Micaela se fue y solo vive llorando… Amor mío, no te vayas, que yo no quiero verme sola otra vez…No, woman don´t cry… María, María é un dom, una certa magía, una força que nos alerta… Dios hoy nos llama a un momento nuevo, a caminar junto con su pueblo, es hora de transformar lo que no da más… You may say I´m a dreamer, but I´m not the only one, perhaps some day you´ll join us… La libertad- hoy lo sabemos- tiene también diversidad de voces.

Hay algo en relación a esta, mi imagen primaria de la libertad, que me gustaría no dejar de contarles. Yo pensé por muchos años que era única, irrepetible y centré mucho de mi amor por ella en este afán de idealizarla así. Pero luego he llegado a otras plazas del mundo donde he encontrado otras estatuas parecidas, incluso más pulidas, más altas, bien cuidadas y frente a estas visiones he tenido que confrontar mis imágenes y vínculo simbólico con ella.

Es casi imposible no experimentar cierto grado de desconcierto cuando lo que se piensa como único, aparece multiplicado ante nuestros ojos y en dimensiones más atractivas y brillantes. Debe ser porque en Dios somos seres irrepetibles, que tendemos humanamente a entronizar lo que nos gusta revistiéndolo de originalidad. Pero parte de nuestra libertad divina consiste también en re-crear lo que existe y a imagen Suya, renombrar las cosas. Será pues necesario entender entonces que la libertad, no es estática: cosa dada, hecha, acabada. Que no le pertenece a nadie en particular por clase, género, región u otra diferencia; sino que es un derecho de toda la familia humana. Que como todo lo que importa, a veces hace llorar un poco. Tiene rabia, y silencios. Y quien no quiere separarse de la propia (la de su parque) puede llegar a veces a sentirse un ser muy solo.

La libertad existe y pasa por ese cuerpo histórico que somos, siendo transformada y testimoniada también a partir de él desde la lógica de lo pequeño: a quien tiene hambre le damos de comer, a quien sed de beber, quien anda forastero es acogido, se cubre a la persona desnuda y visita a la enferma o encarcelada. (Mt 25, 31-46) En estos tiempos donde se predica: ¡Mejor librarse de gente como esta!, hacernos cercanos a estos cuerpos y su lucha, puede volverse la expresión más sonora de la Libertad que creemos.

Libertad es también el derecho a la subversión necesaria, solidaria y amorosa. Toque y retoque atrevido de manos colectivas sobre lo que necesite ser rehecho y transformado en el ir y venir de nuestros pueblos.

“La única manera de caminar para ejercicio de la libertad es caminar dentro de ella” – como nos legó Clara Campoamor -“La libertad se aprende ejerciéndola.”
Sigamos rumbo entonces dejando que la Vida nos cante sus preguntas:

¿Dónde está hoy tu libertad? ¿Desde dónde te nace?
¿Qué espacios has escogido en el camino de tu vida para encontrarle?
¿A quién has de sumar y con quienes sumarte, a pies descalzos, para correr con ella?
¿Qué imagen tiene ahora? ¿Qué atributos?
¿Qué cantos y qué voces te la muestran?
¿Qué Dios, qué religiones te la vuelven presente?
¿Dónde iremos a dar si no andamos con ella?

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