La llama no se apaga

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Día del cierre del Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares. La noche anterior nos dejó una estela de bailes, canciones, humor. Brilló el talento artístico de educadores y educadoras. El resultado fue un espectáculo en el que las identidades han confluido para mostrar lo que somos desde diversas zonas del país.
A las doce de la noche, celebramos el aniversario de la Fundación de la Villa de San Cristóbal de la Habana. En el campamento no había ceiba sino palmas. Y como nos dijo Regla de la Marina: “si tienes fe no importa que sea ceiba o palma”, así que dimos las tres vueltas, pedimos a la palma…y siguió el baile…en la fogata, los boleros.
Amanecimos. Los objetivos de la sesión: evaluar el proceso que comenzó con los encuentros territoriales, y evaluar el Encuentro Nacional. Palabras como: compromiso social, intercambio de experiencias, solidaridad, reencuentro, profundidad de los debates, trabajo de las comisiones, el trabajo de la comisión de mística, la feria del cariño y la solidaridad, el papel de los enlaces en cada territorio; sirvieron para nombrar lo sucedido tanto en uno como en el otro.
También se hicieron propuestas para mejorar lo que hacemos, y para hacer que estos espacios de intercambio se produzcan muchas veces en el año, aprovechando todas las formas de comunicación posibles. Esto significa que el encuentro no terminó el 16. Digamos que pasamos del Encuentro Nacional “Presencial”, a múltiples encuentros, que como la FEPAD, serán “Acompañados a Distancia”. El trabajo no va a cesar, las ganas de hacer siguen avanzando junto con el compromiso de ser educadores y educadoras que reconocen la importancia de los procesos en los que participamos junto a nuestras comunidades.
El reto en este momento es hacer que ese acompañamiento propicie que todos y todas podamos contar con los amigos y amigas de los diferentes territorios, con sus experiencias y cuestionamientos. Por eso, la llama de la esperanza sigue encendida, en el aquí y el ahora. En estos momentos en los que lo vivido late en el corazón alimentemos la llama, cuidémosla y que, hasta el próximo Encuentro presencial, nos encontremos en cada rincón posible de nuestra isla.

Revelar nuestras prácticas, compartiendo lo que hacemos.

Intercambiar experiencias, esta es una de las primeras expectativas que expresaron los y las educadores populares desde el comienzo del Encuentro Nacional celebrado en Caimito del 12 al 15 de noviembre. Ese intercambio se materializó de diversas maneras: conversaciones en diferentes áreas del Campamento Internacional que nos acogió en esos días, sesiones en subplenarios en los que discutimos cada tema partiendo de nuestras prácticas. Pero no todo se dejó a los encuentros espontáneos. Desde su diseño, en el Encuentro se previó un espacio para la presentación de las experiencias agrupadas en ejes temáticos: Desarrollo Local y Trabajo Comunitario, Educación Popular y Medioambiente, Experiencias Macroecuménicas y Género y Educación Popular.
El día 13 de noviembre en horas de la tarde todo el campamento se alborotaba. Personas buscando papelógrafos, plumones, papeles de colores, pegamento… y a Caballero. Se montaron fotografías que representaban momentos de los procesos, resultados de dichos procesos, y lo más importante: las personas implicadas en esas experiencias estaban ahí, prestas a dialogar sobre lo que hacen con quienes transitamos por las exposiciones.

Por el camino que nos fluye

Elisa, de Jagüey Grande, nos hablaba de la experiencia que comparte, como promotora cultural que comenzó en el año 1997 vinculando primeramente a la Casa de la Cultura y luego a la Biblioteca. La suya es una experiencia literaria “grande, abarcadora, un camino que nos fluye y que nos da la vía para encontrarnos en los talleres literarios con la dulzura de los niños y de las creaciones de los adultos desde la perspectiva de la Educación Popular”. Como parte de sus resultados está la Revista Limón Limonero, realizada por niños y niñas y que tiene como objetivo acercarles a la literatura. Otro de los proyectos venidos de Jagüey es “Flores, Amor y Creación” que se extiende a las cooperativas del municipio, trabajando de manera directa con agricultores urbanos, organizaciones de masa, promotores de arte.

Sumar fuerzas a favor del desarrollo sostenible, la salud y la vida.
Gilma, nos habla de una experiencia que acompaña CEPRODESO, el proyecto “Naturaleza y Salud”. Este es “un espacio de formación para estudiantes de medicina como educadores populares ambientales para que contribuyan a la conservación ambiental desde su rol como profesionales de la salud”. Es una experiencia tiene como objetivo rescatar “la relación evidente aunque un poco olvidada entre medio ambiente y salud superando la concepción del medio ambiente clínico-epidemiológica, naturalista”.

Este proyecto surge por las necesidades expresadas por los cuarenta estudiantes de medicina implicados en este proyecto. Por eso, su primer momento fue el de diagnosticar participativamente sus necesidades. El segundo paso fue facilitar la formación de los mismos como educadores populares ambientales. Y los encuentros se han constituido en “espacios vivenciales y participativos donde los estudiantes son protagonistas de las experiencias que ellos han estado construyendo”.

Esto nació nada más siendo una experiencia de tejido…

Desde la Casa Comunitaria de Pogolotti llegó una experiencia de trabajo comunitario que en sus inicios “nació siendo nada más una experiencia de tejido se fue transformando paulatinamente en una experiencia que atiende la categoría de género dentro de la comunidad, utilizando la Educación Popular como cimiento, como base para la realización de dichos talleres”. En este taller hay aproximadamente treinta mujeres y están en los talleres donde hemos tocado temas de género, de masculinidad y recientemente con la colaboración del Centro Oscar Arnulfo Romero realizaron un taller sobre género y violencia. En estos talleres de género han participado hombres y mujeres. Aunque, al decir de Hildelisa, colaboradora del proyecto, no sucede lo mismo con los talleres de tejido y corte y costura.

Educación Popular: mi nuevo camino

El trabajo de promoción de salud realizado por especialistas del IPK se ha caracterizado por la intencionalidad expresa de personal médico y técnico por trabajar la prevención desde las concepciones y metodologías participativas. Uno de esos Proyectos de Participación Social en Salud está coordinado por el técnico Lázaro. En la exposición de las experiencias él no estaba presente; pero Damayanti comentaba el alcance que ha tenido este proceso en el Barrio de Buenavista.

Lázaro, haciendo uso de una pancarta, nos regala una historia que muestra el impacto de la Educación Popular en el trabajo que realiza en la comunidad de Buenavista, y a nivel personal. Y señala los aportes que la formación en el grupo FEPAD del IPK han hecho al mismo. Este proyecto partió del diagnóstico participativo, con el fin de lograr que los mensajes de prevención del dengue y del mosquito aedes aegipty “se ajusten a la realidad y problemática de la localidad a través de talleres con personal de la salud (médicos y enfermeras) y con la población en general”.

Un espacio de diálogo y reflexión crítica.

En la exposición de las experiencias los/as roles de protagonistas y de espectadores fueron compartidos entre todos/as, pues a la vez que se mostraron imágenes de lo que hacemos en nuestras comunidades se tuvimos la oportunidad de conocer lo que se hace en otros territorios.

Definitivamente se trata de una experiencia gratificante, pues tanto el encuentro mismo como la exposición en particular ha sido un “espacio donde hay personas con experiencias tan diversas donde hay tantas personas, educadores y educadoras populares, y ver cómo hay un esfuerzo mancomunado donde prima el respeto por la diversidad de creencias, estilos de vida, donde abogamos por decir no a la discriminación”. Es también un espacio de dialogo, reflexión critica, de cuestionarnos qué estamos haciendo en nuestras prácticas y cuestionarnos cómo podemos contribuir a este proceso social. Y ha significado, sobre todo, una oportunidad para expresar nuestro compromiso social. Al decir de Gilma “todos los que estamos aquí nos sentimos muy revolucionarios porque tiene muchos puntos de conexión la educación popular con lo que hacemos como Revolución”.

Desafíos en clave de género

Yanet Martínez Toledo

El Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares, celebrado entre los días 12 y 16 de noviembre, coordinado por el Programa EPAEL del CMLK, nos colocó ante el desafío de reflexionar sobre el género en el contexto cubano y latinoamericano y como eje transversal del Programa. Objetivo que sintetiza la voluntad del Programa de acercarse y acercarnos a la problemática de la igualdad y equidad de género, tema que no nos es ajeno en nuestro contexto actual.

La complejidad del tema se dejó entrever desde el primer día del Encuentro. Su primera forma de aparecer, nuestras inquietudes y discrepancias acerca del uso de lenguaje inclusivo: ¿qué es?, ¿qué sentido tiene que lo empleemos si en la primera persona masculina del plural todos quedamos incluidos? Preguntas que, desde los espacios de intercambio cotidiano se presentaban ante el uso de lenguaje inclusivo: expresiones de lenguaje que dibujan nuestras acciones y espacios visibilizando lo que las mujeres hacemos, pensamos y decimos, junto a lo que piensan, dicen y hacen los hombres. El uso de este lenguaje no significa que nos interese convertir el mundo en un lugar donde “los” y “las” se excluyan; por el contrario, es una manera de expresar nuestras prácticas desde el reconocimiento de nuestra presencia como sujetos en un sistema de relaciones que debe tender a nuestra humanización.

El tema de género se presentó de muchas otras maneras en el transcurso de la semana. Muchas preguntas rondaron el aire del Encuentro, para propiciar mayor acercamiento al tema: ¿Qué nos gusta de ser hombres, de ser mujeres? ¿Qué nos lastra en nuestra identidad de género? ¿A cuántas discriminaciones somos sometidas por la identidad de género que hemos asumido? Una puesta en cuestión de nuestro lugar frente a nosotros/as mismos/as y frente a los/as otros/as. Pues la cuestión de género no es un problema de mujeres. Es una forma de expresarse las relaciones humanas, relaciones que no solo son de poder; sino de dominación –como se mostrara en el documental de Lisette Vila, “Deseada Justicia”.
Género, contexto e interpelaciones a la Educación Popular.

El terreno se preparaba, o como dijeron algunos/as: “se calentaba”, para que contáramos, el día jueves, con la presencia de tres conferencistas que trabajarían el tema de género. Por Cuba, en la sesión de la mañana nos acompañaron Isabel Moya e Ivette Vega. Por Brasil, en horas de la tarde, Nalú Farías. En la primera sesión afloraron problemas que nos afectan: la violencia contra la mujer, contra los niños y las niñas, la sexualidad, la mercantilización de la imagen de mujeres y hombres en los medios audiovisuales, los significados de ser hombre y ser mujer, las relaciones que encierran estos significados y que se expresan en patrones de comportamiento concretos ¿qué es lo “femenino” y qué lo “masculino”?, la centralidad de los logros legales, sociales alcanzados por las mujeres cubanas, a la par de la necesidad de luchar por reivindicaciones que cambien nuestras maneras de concebir el cuidado de los/as hijos/as, el trabajo doméstico, el derecho a tener una sexualidad plena y libre.

El trabajo con jóvenes que realiza la Revista Muchacha nos permitió evidenciar cuán necesario es que abordemos el tema de las relaciones de género en nuestra sociedad para romper con prejuicios y concepciones que limiten el desarrollo de relaciones equitativas y de igualdad entre hombres y mujeres. De igual manera, desde la perspectiva juvenil, se aprecia cómo estos prejuicios afectan a jóvenes y adolescentes de ambos sexos. La falta de orientación sexual a jóvenes varones ante su primera experiencia sexual, la reproducción de roles sociales, las diferencias en el protagonismo de jóvenes mujeres y hombres como dirigentes políticos en la Universidad. Todos estos son puntos que nos llaman a reflexionar y dialogar el tema, tomando como punto de partida los logros sociales que potencian la igualdad entre hombres y mujeres, como plataforma para la superación de relaciones que cosifiquen u objetualicen a las mujeres en tanto seres humanos.

El acercamiento a las experiencias de Nalú Farías en la Marcha Mundial de Mujeres, en Brasil nos permitió acercarnos al tema desde la visión de una feminista que aborda el tema de género en su imbricación con la categoría de clase social, para hablarnos de la existencia de una división sexual del trabajo que se da tanto en la esfera doméstica como en el mercado laboral fuera “de la casa”. El diálogo con experiencias de movilización de mujeres en un país como Brasil nos interpela, en primer lugar si tomamos en consideración logros sociales y políticos alcanzados por la mujer cubana; pero también nos hace pensar que aun hay mucho que andar para producir transformaciones que superen el machismo, el sexismo y otras formas de dominación que marcan las relaciones entre hombres y mujeres.

Ante los desafíos: propuestas

En diferentes espacios dedicados a la discusión los/as participantes manifestaron las conexiones metodológicas y de concepción existentes entre la educación popular y el enfoque de equidad de género: la intencionalidad por partir de la práctica, la importancia que tiene la humanización de las relaciones sociales, la posibilidad de establecer un sistema de relaciones jerárquicas basadas en la dominación. Aunque en muchas ocasiones estas sintonías apreciadas en principio, son difíciles de encausar. Los niveles de toma de conciencia acerca de la necesaria superación de relaciones cosificadoras, de violencia, dominadoras, son variados.

Los retos, muchos. Pero en las comunidades existen experiencias concretas que, desde sus prácticas, proponen formas de hacer y decir: talleres en los que se trabaja temas de violencia doméstica, de autoestima, en la concientización de jóvenes de ambos sexos acerca de las divisiones de roles entre hombres y mujeres. Todas estas experiencias fueron contadas por sus protagonistas que nos llenaron con sus experiencias, incertidumbres y propuestas. Cada una de ellas, llegada desde La Marina, Las Tamaras, el Canal, Guantánamo, y otros muchos lugares del país, nos mostraron las riquezas de sus enfoques y los modos en que cambiaron y cambian las concepciones de las personas implicadas en estos procesos. A la vez que nos dejaron con los deseos de poder conocer más de las mismas, de los aprendizajes alcanzados por los/las implicados/as en estos procesos.

De las necesidades de los/as participantes y de las propias experiencias surgieron propuestas concretas: que el tema de género no sea trabajado solo de manera transversal en los talleres, espacios de formación y proyectos comunitarios, sino que sea un tema de formación en sí mismo. Resulta necesario trabajar el tema incluyendo a diversos sujetos: las mujeres, por supuesto, los/as jóvenes, los/as niños/as, los/as adultos mayores, los hombres. La formación en género es un aspecto importante, que debe articularse con el trabajo comunitario por eso hay que aprovechar experiencias de trabajo que se hacen desde la promoción socio-cultural, el trabajo social enfocado en la salud, los espacios de aprendizaje diversos con que ya contamos en nuestros ámbitos.

Al decir de los/as presentes en los debates en subplenarios y en el plenario final, todo esto es posible solo si nos transformamos a nosotros/as mismas/as. Las discriminaciones de género, de clase, de raza, no son algo de lo que estamos liberados educadores y educadoras populares. Y ahí está el reto mayor, en la toma de conciencia de que la superación de las relaciones desiguales entre los géneros no es algo que tenemos que “enseñar” a los demás: es un proceso de aprendizaje para todos/as, con todo/as.

Fortalezcamos los hilos que tejen la RED
Yanet Martínez Toledo
Al pensar en nuestra Red de Educadores y Educadoras populares lo hacemos imaginando que los hilos que la tejen son disímiles: en sus colores, texturas, grosores. Son hilos que se cruzan, acompañan, alientan y participan para conformar un entramado que hace posible que nos comuniquemos y dialoguemos. A la vez, esa red existe por, desde y para nosotros. No es un producto en sí mismo, es una producción. Esto quiere decir que su existencia depende de la capacidad de articulación que seamos capaces de tener para hacer que cumpla sus funciones.
Animados por esta certeza, en el Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares, dedicamos tiempo a analizar, evaluar y proyectar las potencialidades de la Red de Educadores y Educadoras Populares, tomando en consideración las funciones que creemos debe cumplir. Pero, ¿cuáles son esas funciones? Sería bueno recordar que esta red surgió en el año 2005 como resultado de las necesidades planteadas por educadores y educadoras populares del país: conocer experiencias de educación popular nacionales, divulgar y comunicar de manera sistemática las actividades de los/as participantes en la Red, potenciar la participación en el Programa EPAEL, diagnosticar el trabajo con colaboradores, contribuir a fortalecer experiencias participativas en el país. La propuesta de Red animada por el Programa, desde sus inicios, parte de la descentralización de roles, formación de nodos temáticos, formación de colaboradores/as con roles específicos, diseño y planificación de formas de comunicación.
La existencia de la Red y sus formas de comunicación
La red está conformada por nodos temáticos de género, desarrollo local y comunitario, medio ambiente, y ámbito eclesial en los que se colocan tanto las experiencias comunitarias como los intereses individuales de formación que tengan las personas que se involucran en ella. Esta división hace posible que las interacciones pueda realizarse de forma sistemática, centrándose en la colaboración horizontal entre sus miembros/as. No es un reto pequeño si tomamos en consideración que para alcanzar este objetivo la Red necesita articularse y en este punto la comunicación juega un papel muy importante.
La comunicación tiene varios niveles de expresión. El primero es el que se relaciona con las diferencias de acceso a comunicación por parte de las personas que forman parte de la red; ya sea por vía telefónica, por mediación de correo electrónico, postal. Estas diferencias dificultan en primera medida la inmediatez con que las comunicaciones pueden circular, tomando en consideración que este tipo de comunicación es el que hace posible que las barreras impuestas por las distancias geográficas puedan ser superadas.
Otro nivel de expresión de lo comunicacional al interior de la Red está dado por el necesario intercambio de experiencia entre los/as integrantes de la Red durante todo el año sin tener que esperar a los encuentros de educadores/as populares para conocer lo que se hace en cada región del país. Acá resulta de vital importancia que las personas que participan de las experiencias que conforman los nodos de la Red realicen productos comunicativos que circulen a través de la página web del CMLK, del Boletín Caminos –en sus versiones digital y de papel-, en la Revista Caminos, o incluso en forma de sueltos que lleguen que permitan socializar dichas experiencias en todos los territorios donde trabajen miembros/as de la Red. Estas posibilidades existen, solo que a veces como protagonistas de nuestras propias experiencias no nos damos el tiempo necesario para divulgarlas, sistematizarlas, exponerlas.
Propuestas de animación de la Red, desde la comunicación.
En este Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares se retomó, como en encuentros anteriores, la idea de la necesaria interacción entre las experiencias. Pero eso puede hacerse únicamente si, desde nuestras prácticas tomamos conciencia de cuán importante es que nos demos tiempo para escribir sobre lo que hacemos, los modos concretos en que lo hacemos, los obstáculos que encontramos en el camino y las formas en que los sorteamos.
La organización de los Encuentros Regionales, desde el punto de vista de la comunicación, nos ofrece una experiencia de trabajo que podría extenderse a la Red –al decir de algunos grupos de trabajo en los subplenarios donde se habló el tema. La figura de los enlaces en los territorios pueden funcionar como coordinadores en el intercambio entre los/as participantes en la Red, con otros territorios y con el CMLK.
Otra propuesta es la de capacitar en temas de sistematización a personas que forman parte de las experiencias, a la vez que se reafirmó la idea de que esta no es la única vía para comunicar lo que hacemos. Tenemos que aprovechar los espacios que la Red posee en el Boletín Caminos –en sus dos versiones, a la vez que tenemos que tomar en consideración los aprendizajes de aquellos/as que han trabajado los temas de comunicación desde la formación en el módulo de Comunicación de la FEPAD.
Para que la Red sea una producción viva y en movimiento debemos tomar conciencia de que tan importante como hacer lo que hacemos es dialogarlo con otros y otras; diálogo y acción no pueden separarse en nuestro cotidiano hacer de ese mañana que, como dijera Paulo Freire: “solo viene si lo hago yo, junto con los otros, con las otras”.

El Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares, celebrado entre los días 12 y 16 de noviembre, coordinado por el Programa EPAEL del CMLK, nos colocó ante el desafío de reflexionar sobre el género en el contexto cubano y latinoamericano y como eje transversal del Programa. Objetivo que sintetiza la voluntad del Programa de acercarse y acercarnos a la problemática de la igualdad y equidad de género, tema que no nos es ajeno en nuestro contexto actual.
La complejidad del tema se dejó entrever desde el primer día del Encuentro. Su primera forma de aparecer, nuestras inquietudes y discrepancias acerca del uso de lenguaje inclusivo: ¿qué es?, ¿qué sentido tiene que lo empleemos si en la primera persona masculina del plural todos quedamos incluidos? Preguntas que, desde los espacios de intercambio cotidiano se presentaban ante el uso de lenguaje inclusivo: expresiones de lenguaje que dibujan nuestras acciones y espacios visibilizando lo que las mujeres hacemos, pensamos y decimos, junto a lo que piensan, dicen y hacen los hombres. El uso de este lenguaje no significa que nos interese convertir el mundo en un lugar donde “los” y “las” se excluyan; por el contrario, es una manera de expresar nuestras prácticas desde el reconocimiento de nuestra presencia como sujetos en un sistema de relaciones que debe tender a nuestra humanización.
El tema de género se presentó de muchas otras maneras en el transcurso de la semana. Muchas preguntas rondaron el aire del Encuentro, para propiciar mayor acercamiento al tema: ¿Qué nos gusta de ser hombres, de ser mujeres? ¿Qué nos lastra en nuestra identidad de género? ¿A cuántas discriminaciones somos sometidas por la identidad de género que hemos asumido? Una puesta en cuestión de nuestro lugar frente a nosotros/as mismos/as y frente a los/as otros/as. Pues la cuestión de género no es un problema de mujeres. Es una forma de expresarse las relaciones humanas, relaciones que no solo son de poder; sino de dominación –como se mostrara en el documental de Lisette Vila, “Deseada Justicia”.
Género, contexto e interpelaciones a la Educación Popular.
El terreno se preparaba, o como dijeron algunos/as: “se calentaba”, para que contáramos, el día jueves, con la presencia de tres conferencistas que trabajarían el tema de género. Por Cuba, en la sesión de la mañana nos acompañaron Isabel Moya e Ivette Vega. Por Brasil, en horas de la tarde, Nalú Farías. En la primera sesión afloraron problemas que nos afectan: la violencia contra la mujer, contra los niños y las niñas, la sexualidad, la mercantilización de la imagen de mujeres y hombres en los medios audiovisuales, los significados de ser hombre y ser mujer, las relaciones que encierran estos significados y que se expresan en patrones de comportamiento concretos ¿qué es lo “femenino” y qué lo “masculino”?, la centralidad de los logros legales, sociales alcanzados por las mujeres cubanas, a la par de la necesidad de luchar por reivindicaciones que cambien nuestras maneras de concebir el cuidado de los/as hijos/as, el trabajo doméstico, el derecho a tener una sexualidad plena y libre.
El trabajo con jóvenes que realiza la Revista Muchacha nos permitió evidenciar cuán necesario es que abordemos el tema de las relaciones de género en nuestra sociedad para romper con prejuicios y concepciones que limiten el desarrollo de relaciones equitativas y de igualdad entre hombres y mujeres. De igual manera, desde la perspectiva juvenil, se aprecia cómo estos prejuicios afectan a jóvenes y adolescentes de ambos sexos. La falta de orientación sexual a jóvenes varones ante su primera experiencia sexual, la reproducción de roles sociales, las diferencias en el protagonismo de jóvenes mujeres y hombres como dirigentes políticos en la Universidad. Todos estos son puntos que nos llaman a reflexionar y dialogar el tema, tomando como punto de partida los logros sociales que potencian la igualdad entre hombres y mujeres, como plataforma para la superación de relaciones que cosifiquen u objetualicen a las mujeres en tanto seres humanos.
El acercamiento a las experiencias de Nalú Farías en la Marcha Mundial de Mujeres, en Brasil nos permitió acercarnos al tema desde la visión de una feminista que aborda el tema de género en su imbricación con la categoría de clase social, para hablarnos de la existencia de una división sexual del trabajo que se da tanto en la esfera doméstica como en el mercado laboral fuera “de la casa”. El diálogo con experiencias de movilización de mujeres en un país como Brasil nos interpela, en primer lugar si tomamos en consideración logros sociales y políticos alcanzados por la mujer cubana; pero también nos hace pensar que aun hay mucho que andar para producir transformaciones que superen el machismo, el sexismo y otras formas de dominación que marcan las relaciones entre hombres y mujeres.
Ante los desafíos: propuestas
En diferentes espacios dedicados a la discusión los/as participantes manifestaron las conexiones metodológicas y de concepción existentes entre la educación popular y el enfoque de equidad de género: la intencionalidad por partir de la práctica, la importancia que tiene la humanización de las relaciones sociales, la posibilidad de establecer un sistema de relaciones jerárquicas basadas en la dominación. Aunque en muchas ocasiones estas sintonías apreciadas en principio, son difíciles de encausar. Los niveles de toma de conciencia acerca de la necesaria superación de relaciones cosificadoras, de violencia, dominadoras, son variados.
Los retos, muchos. Pero en las comunidades existen experiencias concretas que, desde sus prácticas, proponen formas de hacer y decir: talleres en los que se trabaja temas de violencia doméstica, de autoestima, en la concientización de jóvenes de ambos sexos acerca de las divisiones de roles entre hombres y mujeres. Todas estas experiencias fueron contadas por sus protagonistas que nos llenaron con sus experiencias, incertidumbres y propuestas. Cada una de ellas, llegada desde La Marina, Las Tamaras, el Canal, Guantánamo, y otros muchos lugares del país, nos mostraron las riquezas de sus enfoques y los modos en que cambiaron y cambian las concepciones de las personas implicadas en estos procesos. A la vez que nos dejaron con los deseos de poder conocer más de las mismas, de los aprendizajes alcanzados por los/las implicados/as en estos procesos.
De las necesidades de los/as participantes y de las propias experiencias surgieron propuestas concretas: que el tema de género no sea trabajado solo de manera transversal en los talleres, espacios de formación y proyectos comunitarios, sino que sea un tema de formación en sí mismo. Resulta necesario trabajar el tema incluyendo a diversos sujetos: las mujeres, por supuesto, los/as jóvenes, los/as niños/as, los/as adultos mayores, los hombres. La formación en género es un aspecto importante, que debe articularse con el trabajo comunitario por eso hay que aprovechar experiencias de trabajo que se hacen desde la promoción socio-cultural, el trabajo social enfocado en la salud, los espacios de aprendizaje diversos con que ya contamos en nuestros ámbitos.
Al decir de los/as presentes en los debates en subplenarios y en el plenario final, todo esto es posible solo si nos transformamos a nosotros/as mismas/as. Las discriminaciones de género, de clase, de raza, no son algo de lo que estamos liberados educadores y educadoras populares. Y ahí está el reto mayor, en la toma de conciencia de que la superación de las relaciones desiguales entre los géneros no es algo que tenemos que “enseñar” a los demás: es un proceso de aprendizaje para todos/as, con todo/as.

Fortalezcamos los hilos que tejen la RED
Yanet Martínez Toledo
Al pensar en nuestra Red de Educadores y Educadoras populares lo hacemos imaginando que los hilos que la tejen son disímiles: en sus colores, texturas, grosores. Son hilos que se cruzan, acompañan, alientan y participan para conformar un entramado que hace posible que nos comuniquemos y dialoguemos. A la vez, esa red existe por, desde y para nosotros. No es un producto en sí mismo, es una producción. Esto quiere decir que su existencia depende de la capacidad de articulación que seamos capaces de tener para hacer que cumpla sus funciones.
Animados por esta certeza, en el Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares, dedicamos tiempo a analizar, evaluar y proyectar las potencialidades de la Red de Educadores y Educadoras Populares, tomando en consideración las funciones que creemos debe cumplir. Pero, ¿cuáles son esas funciones? Sería bueno recordar que esta red surgió en el año 2005 como resultado de las necesidades planteadas por educadores y educadoras populares del país: conocer experiencias de educación popular nacionales, divulgar y comunicar de manera sistemática las actividades de los/as participantes en la Red, potenciar la participación en el Programa EPAEL, diagnosticar el trabajo con colaboradores, contribuir a fortalecer experiencias participativas en el país. La propuesta de Red animada por el Programa, desde sus inicios, parte de la descentralización de roles, formación de nodos temáticos, formación de colaboradores/as con roles específicos, diseño y planificación de formas de comunicación.
La existencia de la Red y sus formas de comunicación
La red está conformada por nodos temáticos de género, desarrollo local y comunitario, medio ambiente, y ámbito eclesial en los que se colocan tanto las experiencias comunitarias como los intereses individuales de formación que tengan las personas que se involucran en ella. Esta división hace posible que las interacciones pueda realizarse de forma sistemática, centrándose en la colaboración horizontal entre sus miembros/as. No es un reto pequeño si tomamos en consideración que para alcanzar este objetivo la Red necesita articularse y en este punto la comunicación juega un papel muy importante.
La comunicación tiene varios niveles de expresión. El primero es el que se relaciona con las diferencias de acceso a comunicación por parte de las personas que forman parte de la red; ya sea por vía telefónica, por mediación de correo electrónico, postal. Estas diferencias dificultan en primera medida la inmediatez con que las comunicaciones pueden circular, tomando en consideración que este tipo de comunicación es el que hace posible que las barreras impuestas por las distancias geográficas puedan ser superadas.
Otro nivel de expresión de lo comunicacional al interior de la Red está dado por el necesario intercambio de experiencia entre los/as integrantes de la Red durante todo el año sin tener que esperar a los encuentros de educadores/as populares para conocer lo que se hace en cada región del país. Acá resulta de vital importancia que las personas que participan de las experiencias que conforman los nodos de la Red realicen productos comunicativos que circulen a través de la página web del CMLK, del Boletín Caminos –en sus versiones digital y de papel-, en la Revista Caminos, o incluso en forma de sueltos que lleguen que permitan socializar dichas experiencias en todos los territorios donde trabajen miembros/as de la Red. Estas posibilidades existen, solo que a veces como protagonistas de nuestras propias experiencias no nos damos el tiempo necesario para divulgarlas, sistematizarlas, exponerlas.
Propuestas de animación de la Red, desde la comunicación.
En este Encuentro Nacional de Educadores y Educadoras Populares se retomó, como en encuentros anteriores, la idea de la necesaria interacción entre las experiencias. Pero eso puede hacerse únicamente si, desde nuestras prácticas tomamos conciencia de cuán importante es que nos demos tiempo para escribir sobre lo que hacemos, los modos concretos en que lo hacemos, los obstáculos que encontramos en el camino y las formas en que los sorteamos.
La organización de los Encuentros Regionales, desde el punto de vista de la comunicación, nos ofrece una experiencia de trabajo que podría extenderse a la Red –al decir de algunos grupos de trabajo en los subplenarios donde se habló el tema. La figura de los enlaces en los territorios pueden funcionar como coordinadores en el intercambio entre los/as participantes en la Red, con otros territorios y con el CMLK.
Otra propuesta es la de capacitar en temas de sistematización a personas que forman parte de las experiencias, a la vez que se reafirmó la idea de que esta no es la única vía para comunicar lo que hacemos. Tenemos que aprovechar los espacios que la Red posee en el Boletín Caminos –en sus dos versiones, a la vez que tenemos que tomar en consideración los aprendizajes de aquellos/as que han trabajado los temas de comunicación desde la formación en el módulo de Comunicación de la FEPAD.
Para que la Red sea una producción viva y en movimiento debemos tomar conciencia de que tan importante como hacer lo que hacemos es dialogarlo con otros y otras; diálogo y acción no pueden separarse en nuestro cotidiano hacer de ese mañana que, como dijera Paulo Freire: “solo viene si lo hago yo, junto con los otros, con las otras”.

*Esta comisión trabajó en el Encuentro y estuvo compuesta por: Anita, Isis, Regla y Marlen de La Marina, Giselle de CEPRODESO, Yolanda de Jagüey Grande, Félix (Tito) del IPK y Yanet del ICIC Juan Marinello.

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