La Marina y sus historias para contar (delante y detrás de la cámara)

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Tamara Roselló Reina

La Marina(1) es otra hoy. Un proyecto sociocultural ha cambiado los signos negativos de esta barriada, con acciones dirigidas a la educación de los niños y niñas, de la juventud y también al trabajo con amas de casa, con la familia en sentido general, para que se apropien del espacio comunitario de otro modo, lo hagan suyo para transformarlo y regalarse mayor calidad de vida. Uno de sus líderes comunitarios, conocido como el Kimbo lo confirma: “la marginación se ha ido eliminando, con los talleres que hemos pasado dentro del barrio, la participación y el sentido de pertenencia de los distintos grupos”.

Ya celebraron la primera década de trabajo comunitario y para la ocasión quisieron no quedarse puertas adentro. Aprendieron los misterios del lenguaje audiovisual con la asesoría del Programa de Comunicación Popular del Centro Memorial Martin Luther King (CMLK) y de inmediato empezaron a pensar cómo llevar a imágenes y sonidos la historia de tanta gente común y grande que ha pasado por aquella calles y ha dejado parte de sí en las costumbres y tradiciones, que este proyecto sociocultural ha revitalizado para orgullo del vecindario.

“Se quiere dar a conocer que el barrio es como otro cualquiera, con peculiaridades muy propias”, me dice Samuel Rodríguez, integrante del Grupo Gestor del Proyecto comunitario, mientras me cuenta los propósitos de la realización con metodología participativa del documental Bendita sea La Marina.

La formación ha sido uno de los énfasis de esta experiencia de transformación, no solo del ambiente físico, sino también psico-social. En ese sentido han centrado la atención en la solución de conflictos, la concepción y metodología de la educación popular, el liderazgo, todo en función del trabajo comunitario. De la comunicación también se han apropiado no solo como una herramienta imprescindible lo que responde a concepciones más instrumentales, sino como una dimensión para impulsar la organización interna del proyecto y facilitar las relaciones con otras comunidades e instituciones con las que mantienen vínculos.

La comprensión estratégica del trabajo comunicativo quedó expresada en un proceso de planeamiento estratégico, llevado a cabo por el Grupo Gestor de La Marina para su segundo quinquenio de vida. La comunicación y la articulación fueron ámbitos en los que se propusieron profundizar para lograr que se promoviesen “las actividades del Programa y hechos de la vida sociocultural y política del barrio; así como la articulación con los factores institucionales, sociales y gubernamentales que participan”. (Estrategia, 2005)

Para ello incluyeron la capacitación en temáticas comunicativas y el adiestramiento de algunas personas para desempeñarse como promotores de las actividades generadas por el proyecto. “Hacíamos actividades barriales y luego muchas personas se quejaban porque no se enteraban y hasta se ponían bravas. Entonces nos dimos cuenta que necesitábamos hacer algo y acordamos sacar un boletín con las actividades culturales que teníamos en el mes,” recuerda Thaimí Sánchez, una de las fundadoras del boletín El Pon Pon. Ese fue el primero de los pasos que dieron para mejorar la comunicación entre ellos.

Otro de sus anhelos era la realización de un video participativo. Entonces llegó el ofrecimiento de la Productora Caminos del CMLK, que ya había realizado un material audiovisual similar en Las Guásimas-una comunidad al oriente del país-, a propósito de la electrificación de esa zona. “En el 2006 se habla de retomar una experiencia como esa,” rememora Ángel Piedra, coordinador de la Productora Audiovisual Caminos, “y asumimos este nuevo desafío, ahora en La Marina”.

Regla González, otra líder comunitaria marinera añade: “nos hicieron esa propuesta de hacer un documental sobre La Marina, pero nunca pensamos que nosotros mismos íbamos a ser los camarógrafos, los guionistas, los que tuviéramos la idea. Nosotros nos hemos divertido mucho con todo esto, pero también hemos aprendido bastante. Hemos trabajado día y noche.”

Uno de los aportes más importantes de esta realización audiovisual fue precisamente que retara a los vecinos y vecinas de este barrio a convertirse ellos en narradores de su propia realidad.

“Nos agradó mucho que fueran las propias personas del barrio quienes lo hicieran-dice Samuel Rodríguez. Ese es uno de los principios que hemos seguido desde el proyecto: que la gente del barrio sean los protagonistas en todo y en este momento son suficientes como para emprender cualquier experiencia. Un documental era una nueva oportunidad para que ellos aprendieran cómo se hace un guión, trabajar la producción y cualquier otro aspecto, relacionado con la realización audiovisual.

“Ha sido un proceso muy integrador y ha permitido adentrarnos más en la historia del barrio y también confrontar opiniones. Grabar criterios negativos de parte de la población del resto de la ciudad acerca del barrio. Pero se ha demostrado que son fruto del prejuicio, que vienen arrastrando por años. En el documental La Marina se ve hablando de sí y a otras personalidades. Ese es un granito más que se pone en cuanto la elevación de la autoestima de sus habitantes”.

Apoyados en la educación popular y en la base formativa que acumulan, gracias al proyecto sociocultural de transformación integral, la metodología participativa se asumió como un nuevo proceso de aprendizaje grupal. Se planificaron talleres centrados en aspectos del lenguaje audiovisual y de la teoría fueron directo a la práctica. “Todo esto ha sido en equipo. No ha sido cada uno en un solo rol, porque no hay mejor trabajo que hacerlo en colectivo, porque cuando uno discute entre todos, nos peleamos pero al final salen mejor las cosas”, cuenta Regla González, devenida entrevistadora, guionista y cualquier otro rol asignado por el grupo que son.

En la medida que avanzó la capacitación se fueron esbozando las ideas, responsabilidades y plazos para el documental, que se convirtió en un ejercicio de sistematización de la década transcurrida desde que comenzara el proyecto sociocultural. Pero más allá de lo alcanzado en los últimos años, acordaron como tema central evidenciar las riquezas, valores y tradiciones del barrio. Allí “no solo hay problemas, también existen tradiciones y una solidaridad entre sus pobladores muy intensa, que no abunda en muchos lugares”, asegura Ángel Piedra, quien logró mucha afinidad con la gente de La Marina durante el proceso formativo y la posterior realización del documental.

La tesis a defender: “Las personas de La Marina, donde más del 70% son negras y aproximadamente el 90% de su población practica alguna de las religiones populares cubanas, han acumulado durante más de un siglo la cultura de la resistencia, el sentido de pertenencia y la capacidad de divertirse, crear y defenderse. Todo esto en una sociedad, en la que aún persisten entre otras formas de discriminación, la social, la racial y la religiosa.”

Para lograr ese propósito tomaron imágenes de La Marina en su cotidianidad y de los eventos más importantes en los que participan. “Todo eso es parte de la vivencia de La Marina, del recuerdo. Ahí está reflejado el trabajo que hemos hecho y los entrevistados son gente de aquí mismo”, comenta con orgullo Reglita.

La metodología participativa en la realización de este documental no se quedó solo en el dominio de aspectos básicos del lenguaje audiovisual, que les permitirá en lo adelante, al Grupo Gestor y a vecinas y vecinos de allí, decodificar mejor los productos audiovisuales que aprecian sobre todo por la televisión y el cine. La posibilidad de aplicar el nuevo conocimiento, de ver las interioridades de una producción audiovisual hasta el momento de su premier, ha sido una experiencia vivenciada en el propio barrio y que ellos han querido registrar también, a través del making off, que facilitará conocer las interioridades de ese proceso de contarse a sí mismos desde un documental.

En poco menos de media hora, entrelazan los testimonios de gente natural de La Marina, con voces de representantes de organismos o exponentes de la cultura territorial, que revelan los significativos aportes de las tradiciones cultivadas por años en esta comunidad. Imágenes de cómo han mejorado ellos mismos sus viviendas o del aporte del proyecto a las mujeres amas de casa o la repercusión del rescate de una comparsa perdida en el recuerdo o el homenaje a uno de sus jóvenes, que murió en la lucha por la independencia plena del pueblo angolano o la de un médico que cumple misión solidaria en Venezuela, ahora llenan de orgullo a quienes viven en este populoso barrio matancero.

Así se ven y se cuentan, con conflictos y desafíos pendientes, pero también con deseos de implicarse más en la solución de sus problemas comunes.

Esta experiencia comunicativa “nos ha enseñado a desinhibirnos, y a darnos cuenta de que no tenemos que quedarnos siempre en el anonimato- considera Tahimí Sánchez. Esto es como un despertar, como tocarle el alma, el corazón a la gente, o lo que tienen dormido y darles fuerza para que se unan al proyecto o que hagan su propio proyecto y crean que ellos también pueden hacer por este barrio”.

El documental Bendita sea La Marina les tomó poco más de un año y medio de trabajo conjunto. Su premier coincidió con la celebración de la primera década de existencia del proyecto sociocultural, que si un resultado ha tenido, es precisamente el de elevar la autoestima de estas personas. En él se resalta las riquezas y valores de La Marina y de su gente sencilla y solidaria. Otra vez la comunicación sirve para dejar registro de lo que se puede hacer a favor de la participación real de los seres humanos y sobre todo, por su crecimiento en lo individual y colectivo.

Nota:
(1)El barrio La Marina está situado al este de Matanzas, Cuba, en el margen sur del río Yumurí hasta su desembocadura en la bahía matancera, y por el otro extremo, limita con la zona centro de la ciudad. Hasta mediados del siglo XIX La Marina se erigió como área comercial y portuaria. Entonces existían casas y bares donde se ejercía la prostitución, práctica que marcó negativamente la imagen barrial (a pesar de su eliminación oficial después del triunfo de la revolución en 1959). Con el advenimiento del nuevo sistema social se da un giro a favor de la gente humilde y las marineras y merineros no están exentos. Los accesos a la educación, la salud, el deporte, la seguridad social y a un empleo digno, abrieron nuevas oportunidades, sin discriminación. No obstante, la precariedad de esta zona y el arraigo culturalmente de ciertos signos de exclusión, no lograron erradicar totalmente la situación de pobreza de muchas de sus familias y la “mala fama” sobre su calidad humana. Hasta 1988, el estado cubano desarrolló un amplio programa de construcción de viviendas para favorecer a su población marginal. La estrategia incluía la edificación de casas fuera de esta barriada. Algunos beneficiados con nuevos hogares, decidieron retornar a su lugar de origen o replicar en los nuevos asentamientos muchas de las tradiciones aprendidas en La Marina. Con la llegada de la crisis de los noventa, esta iniciativa gubernamental se deteriora y con ella el estado constructivo del fondo habitacional. La gestión de un proyecto sociocultural para elevar la calidad de vida de sus habitantes ha revertido la situación a lo interno de este barrio. A partir de 1999 con la asunción de la concepción teórica – metodológica de la educación popular, enriquecida con diferentes saberes científicos, teológicos y populares, se desarrolla un trabajo comunitario que privilegia la participación y el protagonismo de los actores sociales, fundamentalmente de sus vecinos y vecinas. Entre las principales demandas populares (necesidades concientes) estaban: la vivienda, el alcantarillado, las tuberías del agua, las fosas, los vertederos, una plataforma para espectáculos artísticos, la atención, educación y recreación de la niñez y la juventud. A ellas se sumaron otros ejes menos concientizados popularmente, como la familia y el enfoque de género, cuyos resultados también fueron significativos. Su actual Grupo Gestor, el reconocimiento desde las instituciones territoriales y las actividades sistemáticas que ha promovido en el barrio, son algunos de los frutos de todo este proceso. Actualmente su población rebasa los 5000 habitantes. Entre sus características destacan el predominio de la religión afro y los cultos sincréticos: Santería, Palo Monte y Abakúa. Cuenta con cabildos y casas – templos de obligado seguimiento y reconocimiento nacional e internacional. También gozan de un alto arraigo popular la comparsa La Imaliana, (activa entre 1952 y 1985, y revitalizada en el 2001), las procesiones y veladas religiosas, la quema del muñeco de San Juan (en la víspera del 24 de junio), los encuentros entre rumberos como el vigente Sábado de la Rumba (un género musical muy cultivado en Matanzas, cuyo origen está en La Marina). Como expresión de una época más contemporánea aparece el rap, con más seguidores entre los más jóvenes. En la práctica deportiva se destacan el boxeo, el atletismo y las peñas de dominó. Los asistentes a la octava edición del Festival de Cine Pobre, habrán escuchado en voz de marineros y marineros, esta producción sui generis, que de seguro a Humberto Solás le hubiera gusta ver en las calles de Gibara.

(fuente Cubarte)

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