La «otra» dimensión

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Hilario Rosete Silva

«Junto con la historiadora Elizabet Rodríguez (La Habana, 1950)», continuó, «soy autora de Por el hueco de la aguja. Sus tres primeras crónicas, “Entre el fogón y las estrellas”, “Todas y cada una de las mañanas” y “Trenzando hilo”, se exponen en un documental homónimo; el cuarto testimonio, “Para la libertad”, toma el título de otro cortometraje; y la última narración, “Apuntes para un guión inconcluso”, no tiene versión audiovisual. Ojo: los materiales fílmicos, realizados por nosotras bajo el sello de Producciones Caminos, son anteriores al cuaderno».

¿Esto es el cine dentro de la literatura?
No precisamente; más que cineastas somos atrevidas. Por cierto, a fines de 2010, mientras el libro tomaba cuerpo en la imprenta, nos complacimos con el estreno en Güines, actual provincia de Mayabeque, de Para la libertad, el corto que narra la experiencia de desarrollo local liderado allí por Heidys Tejeda, profesora de la Universidad Agraria de La Habana Fructuoso Rodríguez. Fue una premier hermosa, asistieron las y los protagonistas del proyecto.

Escribieron los guiones, dirigieron los cortos, ¿y no son cineastas?
Debo aclarar, no por falsa modestia sino por conocimiento de causa, que hablar del cine dentro de la literatura tiene un significado diferente. Nuestras cintas son acercamientos humanos; más que lenguaje cinematográfico, beben del medio de comunicación audiovisual. En resumen, son dos audiovisuales, por un lado, y un libro o cuaderno de crónicas/testimonios, por otro.

ARGUMENTO CONVINCENTE

En cualquiera de las versiones, Para la libertad visibiliza a la profesora universitaria güinera Heidys Tejeda. El corto Por el hueco de la aguja, o lo que es lo mismo, los tres primeros relatos del cuaderno, ¿a quiénes hacen visibles?

A otras tres educadoras populares: Regla María González, del proyecto de Animación Sociocultural del barrio La Marina, en Matanzas; María Caridad Inerarity, del Taller de Transformación Integral del Barrio, léase Consejo Popular Balcón Arimao, en el municipio capitalino de La Lisa; y Gilma Gómez, del proyecto Naturaleza y Salud del Centro de Educación y Promoción para el Desarrollo Sostenible (CEPRODESO), en Pinar del Río. Luego, la última crónica del cuaderno, que, insisto, no tiene versión audiovisual, visibiliza a Yoraima Fernández, también promotora de desarrollo sostenible, rural, en la Estación Experimental de Suelos de Cumanayagua, en Cienfuegos.

Dichas educadoras populares representan a cinco provincias. Y encarnadas en ellas, la Educación Popular emerge como la protagonista del libro y los documentales. Es justamente el espíritu de esta concepción política y pedagógica lo que motiva a estas mujeres al desafío de pasar “por el hueco de una aguja”. La referencia bíblica, “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”, se inscribe en sus circunstancias e historias de vida.

La Biblia habla de la “aguja” en su acepción arquitectónica; alude al remate alto, fino y puntiagudo del techo de una iglesia.

Más nos ayuda. Así como la arquitectura es la ciencia de proyectar y construir edificios y monumentos, del mismo modo estas mujeres, en determinados períodos de sus vidas, entraron en contacto con otra experiencia, distinta, la de la Educación Popular, y empezaron a vivir, construir y construirse de otra manera. De la práctica diaria podemos extraer muchos ejemplos de experiencias decisivas, definitorias, determinantes. Pueden cambiarnos la vida, digamos, la lectura de un libro, el diagnóstico de una enfermedad o el conocimiento de una materia.

RIESGO Y VENTURA

¿En qué medida les cambiaron las suyas —las vidas de Idania y Elizabet— los descubrimientos de la concepción y metodología de la Educación Popular y el enfoque de género?

Me cuido de emplear el vocablo total, pero estoy tentada a responder que una y otro, hecha y hecho presentes en etapas diferentes de nuestras vidas, mas representando hoy un binomio indisoluble, nos han cambiado. Hablando de su trascendencia, a estas alturas no puedo hacer distinciones entre la concepción y metodología de la Educación Popular y el enfoque de género; ambas categorías subyacen en nosotras interrelacionadas y, como a las protagonistas de los documentales y el cuaderno, nos afectan y ayudan a edificar y edificarnos de otra, mejor manera, más inclusiva, menos hegemónica.

Para vivir a tono con el soplo cristiano del Centro Memorial Martin Luther King, solo le resta el encuentro personal con el Señor.

Yo me confieso creyente del amor y la justicia y batalladora incansable por un mundo donde quepamos todas y todos sin distingos de raza, creencias, orientación sexual e identidad de género, pero me gustaría insistir en lo que hablamos arriba: urge, como ha dicho el teólogo brasileño Frei Betto, que nos descontaminemos de muchas cosas, como son las parálisis mentales que sufrimos mujeres y hombres, empleadas y empleados, funcionarios y funcionarias, dirigidas y dirigidos, dirigentes y dirigentas.

La Educación Popular y el género, asumidos real y conscientemente, más que herramientas, vehículos, medios para conseguir dicha “purificación” en términos de transformación, son esencias que te cambian la vida: te dan otra dimensión de relación con los seres humanos y con una misma.
Al comienzo, en su descubrimiento, una se angustia, se deprime, siente que “se le mueve el piso”, pero en ese crecimiento individual, subjetivo, se van develando potencialidades, y ahí se intenta pasar “por el hueco de una aguja”, aunque una no sea cineasta…

¿Vuelve con eso?
Es que no tenemos (las realizadoras) formación como directoras cinematográficas. Eso sí, nos gusta arriesgarnos y explorar caminos. Un día la vida, Dios, quién sabe, nos dijo: «Tienen estas historias de mujeres educadoras populares, ¿les gustaría filmarlas y escribirlas?» Y nosotras: «Sí», y nos lanzamos…

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