Larga vida para las radios comunitarias

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Tamara Rosello

Las radios comunitarias mantienen la voz cantante en el escenario de la comunicación popular en América Latica. Esta podría ser una conclusión del Foro Latinoamericano de Comunicación Popular y Comunitaria, celebrado del 28 al 30 de junio en Quito, Ecuador.

Docentes universitarios, comunicadores y comunicadoras de organizaciones sociales y populares y de medios de alcance local y comunitario, se juntaron en las jornadas propuestas por el Foro, para auscultar la salud de la comunicación popular y comunitaria, que tan rica tradición tiene en el continente latinoamericano.

En varios momentos del programa del evento las y los participantes compartieron sus prácticas en radios comunitarias, dirigidas y protagonizadas por comunidades indígenas, campesinas, estudiantiles, sindicales… Desde esos esfuerzos hoy es posible alimentar procesos comunitarios, generar espacios de encuentro entre quienes tienen intereses comunes, ya sea porque viven en un mismo territorio o porque tienen propósitos cercanos y los medios, en particular la radio, se vuelve puente, oportunidad para el diálogo, para conocerse, para caminar juntas y juntos.
Más allá de las características y desafíos contextuales, las radios comunitarias siguen siendo un espacio privilegiado para hacer realidad el modelo comunicativo desde abajo, horizontal, dialógico, sin fines de lucro, que asume la comunicación como un derecho humano y al pueblo, como su protagonista, como su razón de ser. En experiencias así el medio no es más que un pretexto para construir comunidad.

Radios mexicanas, colombianas, salvadoreñas, argentinas, ecuatorianas contaron su vínculo con las audiencias, el seguimiento informativo propio a sucesos comunitarios o gremiales que a los medios comerciales o tradicionales, se les diluye como sal en una jornada, mientras en los informativos de las radios comunitarias, los micrófonos se convierten en testigo de estos hechos.

Si bien se ha avanzado en el reconocimiento y legalización de muchas de estas radios, gracias a la actualización de los marcos legales en diferentes países de la región, todavía en otros como en México se les tilda de “ladronas de frecuencia” por lo que el derecho a comunicar es una reivindicación que defienden en cada emisión. La digitalización abre nuevas posibilidades para la generación y difusión de contenidos.

Hoy se impone trabajar en red, interconectarse con otras experiencias comunicativas, lo que puede fortalecer cada proyecto “enredado”. En los días del Foro se cuestionóla expresión “la voz de los sin voz” porque con esa afirmación se parte del desconocimiento de las capacidades que tienen las audiencias, los sectores populares para expresarse, como si no tuvieran voz propia, como si necesitaran “intérpretes” que se encarguen de contar, de dialogar por ellas y
ellos.

Eso sí, puede ser que en muchas radios comunitarias todavía haya locutores o locutoras que sientan que su rol es ser esa voz y hasta imaginen qué están pensando, las personas a las que entrevistan y se anticipen a poner en sus palabras las palabras de otras y otros. O que a las programaciones les falte cercanía a la gente, escuchar sus demandas, conocer sus necesidades, llevarles el micrófono al lugar donde se encuentran de manera cotidiana, no esperar que vengan a la
sede de la radio.

Por eso la capacitación sigue siendo una preocupación entre quienes tienen compromiso con estos medios y quieren fortalecerlos. Una capacitación más integral que les ayude a hacer estudios de sus públicos, a dinamizar las parrillas, a gestionar técnicamente la radio, a pensar en la sostenibilidad del proyecto que defienden, a apropiarse de las tecnologías de la información y la comunicación y
sobre todo, una capacitación que les aporte recursos para avivar la creatividad que les permita poner en práctica la comunicación popular a través de los formatos radiales.

Al tener la oportunidad de concursar legalmente por la concesión de las frecuencias, no basta con ganar la asignación. Desde Argentina donde ya han tenido la experiencia a partir de la Ley de Comunicación Audiovisual, alertan sobre la importancia de tener capacidades para garantizar una programación de calidad, que responda a las lógicas de la comunicación popular; de lo contrario los esfuerzos por cambiar los marcos legales para garantizar el derecho a la comunicación, no
tendrán sentido.

Aram Aharoniam (FILA, Question) lo sintetizó así “cuando tengamos la posibilidad de tener más emisoras radiales o televisoras, qué contenidos van a llenarlas, con qué estéticas, con qué lógicas se gestionarán. Hace falta capacitación política y técnica, que nos permita definir qué vamos hacer, para qué, cómo vamos a sostener el
medio…”

En un debate convocado por la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), Néstor Busso, de FARCO, celebró el regreso del término “popular” para identificar nuestra propuesta política desde la comunicación. La influencia del neoliberalismo contaminó también la producción comunicativa alternativa, en algunos lugares el interés por “vender” hizo cuestionar “lo popular” porque no genera las ganancias necesarias. “la lógica de los medios comunitarios es la participación
popular donde el interés es más cultural, educativo, político, social; no comercial. Esto no quiere decir que tenga que ser marginal, pequeño.”

Los medios comunitarios y en especial, las radios tienen potencialidades que aprovechar como parte de la vida de sus audiencias, en diálogo con sus sueños y problemáticas cotidianas; desafíos que exigen equipos de realización comprometidos con la comunicación popular, esa que acerca el medio a las personas, que hace que ellas y ellos tengan roles activos en la toma de decisiones sobre la programación que hacen y disfrutan. Una rica historia de perseverancia y creatividad acumulan estos medios, un legado que hay que mantener bien arriba, con creatividad, nuevas tecnologías, nuevas narrativas y afán de superación, ingredientes que de seguro
fortalecerán los vínculos de la radio con la gente.

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