Las Caravanas de la Amistad EEUU- Cuba, un testimonio de la solidaridad

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Las caravanas de la amistad, promovidas y dirigidas por la Fundación Interconfesional para la Organización de la Comunidad (IFCO) y Pastores por la Paz (PFP) han sido experiencias que le han otorgado mayor riqueza y sentido a la solidaridad con el pueblo cubano y su Revolución, y proporcionado un espacio de diálogo y reflexión entre el compromiso revolucionario cristiano y el máximo líder de la Revolución.

Recuerdo la primera vez que oí hablar de Lucius Walker en los primeros años de la década de los ochenta, de boca del reverendo Luis Cortés, un hermano del Seminario Bautista de Filadelfia, quien estuvo con nosotros en una jornada de trabajo voluntario en la agricultura y predicó en algunas de nuestras iglesias. Por esa época, ya yo tenía la idea de fundar un Centro ecuménico para el servicio a la comunidad. Luis nos habló de IFCO porque él era parte de la Junta Directiva y pensó que a Lucius le interesaría relacionarse con nosotros.

Con el propio Cortés le escribí, y a los pocos días recibí su respuesta. Así se inició un primer contacto y quedamos en enviarle más información acerca de nuestro trabajo. En 1988, a raíz de una visita de pastores y laicos cubanos a Nicaragua, lo conocí personalmente por mediación del laico bautista Sixto Ulloa. Aunque conversamos sobre Cuba y la Revolución, por entonces su interés estaba centrado en desenmascarar los falsos argumentos del gobierno norteamericano contra los sandinistas.

Sencillamente, agradeció la información y la invitación que le había hecho para que nos visitara.

Durante ese viaje a Nicaragua, Lucius tuvo la experiencia que lo llevó a crear la organización Pastores por la Paz. Él mismo cuenta lo ocurrido:

“El 2 de agosto de 1988, mi hija Gail y yo estábamos entre otras doscientas personas en un viaje por el río Escondido en Nicaragua. Este viaje de civiles fue crudamente atacado por los contras. Dos nicaragüenses murieron y cuarenta y nueve pasajeros fueron heridos. Esa noche en el hospital, mientras recibía tratamiento por una herida de bala, oré a Dios buscando una guía espiritual para encontrar una respuesta adecuada para tal acto de terrorismo. La inspiración que Dios me dio fue crear Pastores por la Paz para llevar caravanas de ayuda material a las víctimas de la agresión norteamericana”.

Dos años después, en el mes de febrero, fui invitado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y por el hermano Sixto Ulloa como observador a las elecciones nicaragüenses. Sixto era la contraparte en Nicaragua de las caravanas de Pastores por la Paz. El reverendo Walker y la Junta Directiva de IFCO estaban también allí para las elecciones.

Así pues, coincidimos en el mismo alojamiento. En la madrugada del 26 de febrero de 1990, Lucius me despertó para darme la increíble noticia de que Doña Violeta Chamorro había sido electa como nueva presidenta de Nicaragua. Y en ese mismo momento, me invitó a que a la mañana siguiente hablara a su Junta Directiva sobre la realidad cubana y sobre el papel de las iglesias en la Revolución.

El 26 de febrero, alrededor de las doce de la noche, nacía la idea de las caravanas de amistad Estados Unidos-Cuba. Un año después, con la presencia del reverendo Lucius Walker en la oficina del doctor
José Felipe Carneado, discutimos el proyecto, y al final teníamos luz verde para iniciar los preparativos de la primera caravana. Por nuestra decidida participación, el Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. sería la contraparte, con la cooperación del Consejo Ecuménico y de algunos líderes de iglesias. A su regreso a los Estados Unidos, IFCO-PFP dio a conocer un documento de extraordinaria importancia, “¿Cuándo las Iglesias dirán NO”?, en el que, entre otras cosas, se afirmaba:

“Durante treinta años el gobierno de los Estados Unidos ha impuesto un bloqueo cruel e inhumano contra el pueblo de Cuba. Durante treinta años el gobierno de los Estados Unidos ha intentado doblegar a Cuba a su voluntad imponiéndole hambre y privación sobre una población civil. En nuestra opinión, el bloqueo es totalmente contrario a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras (…) Nos atrevemos a sugerir que lo que más necesita Cuba es la acción solidaria y profética para terminar el bloqueo (…) IFCO, a través de Pastores por la Paz, está llevando la guía en ofrecer una opción audaz y profética dirigida contra la crueldad de los Estados Unidos contra Cuba. A pedido de casi todas las denominaciones protestantes de Cuba, y en cooperación con un gran número de iglesias de los Estados Unidos, la Caravana de la Amistad dice NO al bloqueo y SÍ a la comunión con nuestros hermanos y hermanas cubanos”.

Así, a fines de noviembre de 1992 llegaban en un vuelo de Cubana de Aviación, los primeros caravanistas, con Lucius Walker y Tom Hansen al frente. En el salón de protocolo del Aeropuerto Internacional José Martí, Lucius informaba en conferencia de prensa:

“La caravana que traemos a Cuba está formada por cuarenta y tres vehículos manejados por ciento tres pastores y laicos, quienes viajaron por Estados Unidos, a través de nueve rutas separadas y convergieron en Laredo, Texas, el 17 de noviembre. Visitamos noventa ciudades y hablamos con millones de ciudadanos estadounidenses sobre la crueldad, la inmoralidad y la ilegalidad de la política norteamericana hacia Cuba”.

Desde su llegada, Fidel nos hizo conocer su interés en reunirse con los caravanistas. Estuvo al tanto del cruce por la frontera, las dificultades que enfrentaron, el arresto de Lucius y de otros hermanos.

Al principio, algunos miembros de la caravana pensaron que no era lo mejor un encuentro con Fidel, porque podría afectar el trabajo concientizador en los Estados Unidos. Finalmente, entre todos llegaron al consenso de que si los visitaba en alguna iglesia, no se opondrían. Debido a mi participación como pastor, se escogió la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao. De esta manera, se realizaba el sueño de Elena Mesa, una anciana miembro de nuestra congregación que había soñado, en alguna ocasión, que Fidel había estado con nosotros en una reunión de la iglesia.

Si mal no recuerdo, el 27 de noviembre de 1992, exactamente a las nueve de la noche, Fidel hacía su entrada en el Centro. De una manera muy sencilla, sin protocolo alguno, le presenté al reverendo Lucius Walker y a Tom Hansen. Unos minutos después, fue recibido en el templo de la iglesia por una congregación integrada por caravanistas y feligreses que coreaban: “¡Cuba Sí, Bloqueo No!”.

Presenté a Lucius como el primer orador. Una vez más, pudimos apreciar la sin igual característica de las congregaciones negras de los Estados Unidos: la predicación, junto con la oración y el canto, el alma de estas iglesias. Refiriéndose a la Biblia, el líder de la caravana afirmó: “Somos el pueblo de un Libro”, para después recordar la historia de la liberación de los esclavos hebreos de Egipto. Como buen expositor de la Palabra de Dios, luego de la fundamentación bíblica colocó el mensaje en el contexto de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

La Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba no es primariamente un proyecto de entrega de ayuda. Es una acción en la cual las personas que la apoyan declaran su derecho a dar. Nuestro derecho a dar, en realidad nuestro derecho hacerlo, no debe estar determinado por el gobierno, pero sí por nuestra fe y nuestros valores.

Así, más que pedir permiso al gobierno, este proyecto sigue las enseñanzas de nuestra fe. La responsabilidad humana para escoger o rehusar a obedecer a los poderosos es primaria e inevitable. La pregunta fue propuesta primero en el Jardín del Edén. Y en el caso del bloqueo contra Cuba, nosotros como Adán y Eva en el Jardín, debemos decidir entre aceptar la fruta de los poderosos u obedecer al Creador, quien nos dice que somos guardianes y guardianas de nuestras hermanas y hermanos (…) Estamos dispuestos a enfrentar la posibilidad de ser despedidos y de ser encarcelados porque somos personas que seguimos el Libro, somos personas que seguimos la Palabra de Dios, uno de los documentos más revolucionarios que conozco. Si realmente vivimos de acuerdo con la fe que se expresa en este Libro, seremos los más grandes revolucionarios del mundo, porque no hay contradicción entre la fe y la revolución.

Finalmente, se dirigió a Fidel:

“Presidente Castro, porque este Libro nos ha motivado, porque cruzamos con él la frontera en contra de la voluntad de los Estados Unidos, quisiera pedirle al hermano que la trajo en sus brazos Paul Meyer, por favor, póngase de pie que incluso cuando la policía lo arrojó en el piso y le dijo: “¡Usted, no puede llevar eso a Cuba!”, él se mantuvo abrazado a esta Biblia…¡Aquí la tiene usted! “

Sin pensarlo un minuto, Fidel bajó de la plataforma, abrazó al pastor y recibió la Biblia. En ese emotivo momento, tomé la palabra para presentar al siguiente orador: el presidente Fidel Castro. Era la segunda vez que el líder cubano asistía a una iglesia evangélica. En aquella ocasión, allá en K y 25, debido al impacto de su inesperada visita, se nos había olvidado darle la bienvenida. Ahora, en nuestra iglesia, lo saludamos y lo presentamos para que se dirigiera a los presentes.

Estaba impaciente por esta reunión, porque seguí muy de cerca la proeza de ustedes, y tenía deseos de expresarles directamente nuestro agradecimiento por lo que hicieron. (…) Una de las cosas que más admiro en la acción de ustedes, no es el número de kilómetros recorridos, no son los esfuerzos físicos realizados, ya ni siquiera el heroico cruce del puente, porque creo que desde que Napoleón cruzó aquel puente de Alcola, que se hizo famoso, nadie había realizado en un puente una acción más audaz, más valiente y más heroica que la de ustedes. Con muchas menos tropas tomaron el puente de Laredo, llevando como armas, en primer lugar, una Biblia, una silla de ruedas y medicamentos. Es realmente una hermosa batalla. Si se habla de batallas históricas, esta es una batalla histórica.

Creo que pocas cosas tan valientes se han realizado. Pienso que nosotros estamos en condiciones de apreciarlo, porque sabemos lo que esto significa.

El reverendo Walker hablaba de Moisés y de los desiertos que tuvieron que atravesar, lo cual me recordaba que nosotros hemos vivido en una especie de desierto durante muchos años, y ese gesto de ustedes ha creado un manantial para nosotros en el desierto, después de más de treinta años en que hemos estado sufriendo la injusticia sin que el mundo reaccionara (…) La Biblia no se ha terminado de escribir, ustedes han escrito una nueva página de la Biblia.

Después de sus palabras, Digna Guerra y el Coro Nacional entonaron el himno “¿Cómo podré estar triste?”, que conmovió hasta humedecer sus ojos al pastor bautista, Lucius Walker. Para él y sus compañeros, amenazados a pagar una multa hasta de doscientos cincuenta mil dólares o condenas de hasta diez años de prisión, el viejo himno evangélico tenía que emocionarlos:

¿Cómo podré estar triste, cómo entre sombrar ir,
Cómo sentirme sólo, y en el dolor vivir.
Si Cristo es mi consuelo, mi amigo siempre fiel,
Si aun las aves tienen seguro asilo en Él?

¡Feliz, cantando, alegre,
Yo vivo siempre aquí;
Si Él cuida de las aves
Cuidará también de mí!

Con la congregación de pie, aquella reunión solemne se clausuró con una oración, atentamente escuchada por Fidel, elevada a nuestro Dios por Joel Suárez Rodés, nuestro hijo mayor:

“Dios de todos los nombres, desde la alegría de escuchar esta música que se une a nuestros pueblos en sus profundas raíces africanas, te damos gracias por Pastores por la Paz, por cada uno de los miembros de la caravana, por cada uno de los miles de estadounidenses que ellos representan. Te damos gracias por este gesto, y estamos seguros de que como Dios de la historia, Tú seguirás al lado de ellos y al lado de nosotros. Gracias por estas cosas que algunos pocos cubanos podrán tener, porque aún son pocas. Pero gracias, Señor, por el amor que cada uno de los cubanos tiene en su corazón por estos hermanos, eso es importante para ti, y para nosotros.
Gracias por Lucius, y uno a uno gracias por todos ellos. Bendícelos y acompáñalos a su regreso, que aún es difícil. Ya empezaron a sonar las trompetas para que caigan los muros. Propicia que esto sea lo más rápido posible. Con todas nuestras fuerzas y nuestros corazones, tu iglesia, tu pueblo y tus hijos te lo rogamos.
Gracias. Amén”.

Luego de innumerables dificultades a causa del mal tiempo, el buque Pinar del Río, que traía la donación de la primera caravana, llegó el 30 de noviembre, precisamente el mismo día en que, treinta y seis años antes, el yate Granma saliera de Tuxpan, México, y emprendiera una accidentada travesía. Esto sirvió para que en el acto de recibimiento en los muelles, Fidel comparara ambas hazañas. Agradeció en nombre del pueblo cubano lo que consideró como lo mejor de la donación: “toneladas de amor y de esperanza”. Ante esas palabras, Lucius acuñó una de sus más profundas convicciones: “Aquí estamos, no porque Cuba nos necesita, sino porque el mundo necesita a Cuba”.

La noche anterior al regreso de los caravanistas al Centro Memorial Martin Luther King, Jr., donde se hospedaban, a las doce y media de la noche recibí una llamada de la oficina del Primer Ministro en la que me solicitaban mantener despiertos a los integrantes de la caravana. Unos quince minutos después llegaba Fidel: estuvo hasta las cinco de la madrugada conversando con nosotros, una experiencia para todos, especialmente para mi familia. Cámara en mano, mi hija Lily filmaba la reunión. En un momento determinado, bastante nerviosa y mirando a aquel hombre tan alto para ella, le preguntó: “Fidel, ¿cómo te sientes entre los cristianos?”, a lo que él le contestó con una sonrisa: “Que tú te crees, muchachita, ¿tú no sabes que yo soy cristiano también?”.

Al recordar los momentos de intensa emoción vividos durante aquellos días de la primera Caravana de la Amistad, reafirmo una vez más las palabras que pronuncié en los muelles citando a uno
de los reformadores del siglo XVI: “¡Qué época, qué tiempos, qué
alegría de vivir!”.

Ocho meses después, en julio, cuando el Período Especial alcanzaba su fase más aguda, la segunda Caravana de la Amistad cruzaba la frontera por Laredo. Todos los vehículos habían pasado; sólo quedaba un pequeño ómnibus escolar amarillo, conducido por el propio Lucius Walker. Por orden del director de la Aduana, la policía lo colocó a un lado, desmontó sus gomas y se negó rotundamente a todo diálogo. Pero la respuesta de Lucius no se hizo esperar.

Convocó a una huelga de hambre con la firme decisión de no abandonar el ómnibus hasta que lo dejaran salir para Cuba con destino a la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao para su trabajo de servicio a la comunidad. Con una temperatura de hasta 42 grados centígrados, catorce hermanos y hermanas, bajo la consigna de “Sí se puede”, desafiaron el injusto y criminal bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Junto a nuestro hermano Lucius, estaban los que alguna vez aparecerán entre los héroes de la fe y de la solidaridad:

Lisa Valenti, fundadora de la Coalición Cuba en la ciudad de Pittsburgh y de la primera caravana; Gilda Roberts, de Filadelfia, miembro de la Brigada Internacional Abraham Lincoln durante la Guerra Civil Española, quien a pesar de sus setenta y siete años de edad, y en un sillón de ruedas, no dudó en sumarse a la huelga; Abraham Golokow, de ochenta y seis años, fundador de la primera caravana, conocido por su persistente participación en la luchas políticas y sociales; el reverendo Milton Reid, pastor de la Riverside Gideon Baptist Church, en Norfolk, Virgina, y veterano de la lucha por los derechos civiles. A pesar de su enfermedad y ancianidad, este hermano estuvo al lado de Lucius en este sin igual gesto de solidaridad por un pueblo bloqueado; Peggy Hopson, mexicano-americana bien conocida como activista en su comunidad de Chicago; y el padre James Mackena, sacerdote de la diócesis de Dallas, Texas, quien ha ejercido
su ministerio cristiano durante veinte años en Perú y cinco en Nicaragua. Junto a ellos, también estaban Elizabeth Kirkpatrick, Lisa Rottach, Chritopher Hoeppner, May Ying Welch, Alex Tehrani, Francisco Romería y el cubano-canadiense Camilo García.

Desde que llegó la noticia de la huelga de hambre, Clarita manifestó que en Cuba debíamos hacer lo mismo. Discutimos la idea con algunos hermanos y amigos, la aprobamos y decidimos hacer la huelga frente a la Sección de Intereses de los Estados Unidos, ubicada en Calzada y L, en el Vedado. Cuando consultamos a las autoridades, entendieron que no era lo mejor. Pero en la medida en que avanzaban los días, nos sentíamos más incómodos con nuestra actitud, porque mientras estos hermanos y hermanas exponían su salud y aun sus vidas en solidaridad con el pueblo cubano, nuestra tarea se reducía a recoger firmas en el Centro Memorial Martin Luther King, Jr. y a tener el templo de la iglesia abierto a la solidaridad en la intercesión por los amigos y amigas de Laredo. El 12 de agosto, Fidel había regresado de una breve visita a Colombia, y al
otro día por cierto, su cumpleaños informamos que íbamos iniciar el ayuno frente a la Sección de Intereses.

Efectivamente, sin previo aviso pasé por la casa del reverendo Juan Ramón de la Paz, ministro episcopal y deán de la Catedral la Santísima Trinidad, y de su esposa, la pastora Nerva Cott Aguilera.

Los invité a iniciar con nosotros cuatro el ayuno. Sin titubeo alguno, no sólo nos acompañaron, sino trasladaron para los alrededores de la Sección de Intereses un histórico reclinatorio de la Iglesia Episcopal de Cuba que había pertenecido a la antigua catedral de Águila y Neptuno, durante el pastorado del reverendo Francisco García Bólero, íntimo amigo de Julio Antonio Mella, a quien había escondido en la iglesia de Jesús del Monte para salvarlo de las garras del tirano Gerardo Machado. Llegamos aproximadamente a las dos de la tarde.

Colocamos el reclinatorio, izamos la bandera cristiana y nos sentamos en la acera. Para nuestra sorpresa, una jovencita, sin avisar a sus padres, ya estaba en el lugar. Inmediatamente, varios residentes del área se acercaron y nos ofrecieron su ayuda. Una comisión de vecinos se dirigió a las oficinas de la Cruz Roja de Cuba, a unas dos cuadras de donde estábamos, y al poco rato levantaron una tienda de campaña a la que nos trasladamos en seguida.

Dos horas después, el primer vicepresidente del Consejo Ecuménico de Cuba (CEC), el reverendo Obed Gorrín García, con el apoyo de Nerva Cott como secretaria del CEC, y junto con sus firmas, también las de Juan Ramón de la Paz y la nuestra, entregamos un mensaje al Cónsul norteamericano en La Habana, que entre otras cosas, resaltaba:

“Un grupo de pastores de las iglesias protestantes, apoyados por el Consejo Ecuménico de Cuba, está sosteniendo una vigilia de oración y ayuno permanente frente a la Sección de Intereses de los Estados Unidos de América en La Habana.

“Hacemos esto en respuesta a un llamado del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. para mostrar la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas que llevan a cabo una huelga de hambre dentro de un pequeño ómnibus escolar amarillo, el cual fue detenido por las autoridades de la aduana cuando trataban de traerlo a Cuba para ser usado en la pastoral de los niños y ancianos de la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao.

“Cuando comenzamos esta vigilia de oración y ayuno, estamos motivados por nuestros sentimientos de amor cristiano hacia nuestro pueblo, que ha sido grandemente afectado por la política de incomprensión y bloqueo que ustedes han mantenido contra nosotros por muchos años. Esta es la situación que ha inspirado a la Caravana de la Amistad Cuba-Estados Unidos a traer ayuda humanitaria y solidaridad para el pueblo de Cuba (…) Por lo tanto, pedimos al gobierno de los Estados Unidos que salve las vidas de nuestros hermanos y hermanas e inicien conversaciones con ellos; escuchen la razón humana y cristiana y den los pasos necesarios para liberarlos. “Nadie tiene mayor amor que este cuando uno da su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Esa noche, el Noticiero Nacional de la televisión cubana ofreció las primeras imágenes del pequeño grupo de creyentes en su vigilia de oración y ayuno, en el momento en que el reverendo De la Paz realizaba el primer oficio religioso a centenares de personas. Allí enseñamos al público el canto-lema de la vigilia, “Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza”. Fue nuestro primer culto al aire libre. A partir de ese momento, cada mañana y cada noche celebrábamos la esperanza de la fe que animaba nuestra firmeza de acompañar a los catorce de Laredo.

Al día siguiente, se nos unieron otros ayunantes: creyentes de las iglesias evangélicas, algunos católicos, otros de las religiones populares de origen africano, y personas no creyentes hasta llegar a unas setenta, por lo que resultó necesario levantar otras carpas.

Dos o tres extranjeros nos pidieron dejarlos participar, entre ellos dos argentinos y un español. Desde entonces, tuvimos que limitarnos a esa cantidad. La solidaridad del reverendo Rafael Cepeda constituyó un gran estímulo: aceptó la invitación de predicar una de las noches. También el reverendo Carlos Camps, de la Iglesia Presbiteriana Reformada. Se colocaron mesas para que miles de capitalinos firmaran mensajes de solidaridad con los hermanos y hermanas de Laredo. Las iglesias de Marianao, la Evangélica Libre, del pastor y amigo reverendo Miguel Marcial Hernández, y la Episcopal de Juan Ramón y Nerva, dejaron sus templos y vinieron a celebrar un culto unido. Tuve la oportunidad de predicar a unas setecientas personas, que con un increíble entusiasmo cantaban nuestros himnos de alabanzas a Dios. La calle era en verdad de los creyentes.

Al terminar el primer día de ayuno, el de mayor protesta del estómago, cuando casi todos estábamos dormidos, a eso de la una de la madrugada Joel me despertó: “Papi, ahí está Fidel y pregunta por ti”. Debajo de la carpa, nos dio un abrazo y se interesó por la salud del grupo y por las condiciones del lugar. Al momento, casi todos estaban junto a él. Pasó como una hora conversando animadamente con los presentes. Nos visitó en cinco ocasiones, y con este gesto estimuló a muchos líderes del Gobierno y del Partido a hacer lo mismo, entre ellos al doctor Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a las compañeras Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, y a la heroína del Moncada, Melba Hernández.

Poco a poco se fue acercando la prensa extranjera. Enviados especiales de la CNN vinieron a La Habana y nos entrevistaron. Hicimos conocer tanto en los Estados Unidos como en Cuba que las principales iglesias evangélicas cubanas rechazaban la política de bloqueo, por una cuestión de ética cristiana. Los participantes en la vigilia de oración y ayuno en La Habana, como los catorce de Laredo, teníamos la convicción de que esa política debía cesar. The New York Times publicó una carta de Lucius Walker en la cual señalaba las ganancias que tendría para la economía y el pueblo de los Estados Unidos un cambio en la política hacia la Isla. De esta manera, la segunda Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba lograba uno de sus objetivos esenciales: dar a conocer al pueblo norteamericano la política injusta e inhumana de los Estados Unidos hacia Cuba.

Aproximadamente a las siete de la noche del 21 de agosto, a los veintitrés días del inicio de la huelga de hambre en Laredo y a los ocho frente a la Sección de Intereses, Lucius nos envió un mensaje confidencial: el Departamento del Tesoro había ordenado dejar salir el pequeño ómnibus amarillo hacia Cuba. Sobre las nueve, acompañado por el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Robaina, Fidel invitó a Joel a dar un paseo por el Malecón habanero para informarse del problema. Alrededor de las diez ya teníamos la confirmación de Lucius y oficialmente dimos la noticia a los ayunantes ante una gran representación el pueblo de la capital. La alegría fue inmensa.

Una vez más, se evidenciaba que el pueblo es uno. La división entre creyentes y no creyentes es completamente ajena al sentido de la unidad y la fraternidad entre los cubanos.

El 26 de agosto llegaban a Cuba los hermanos y hermanas de Laredo, acompañados por el comité de apoyo que estuvo junto a ellos durante los veintitrés de días de la huelga. Al aterrizar en el Aeropuerto Internacional José Martí, el líder de la Revolución los esperaba al pie de la escalerilla del avión. Al otro día por la noche, luego de un fuerte aguacero, frente al Malecón habanero unas cuatro mil personas ofrecieron la bienvenida al reverendo Lucius Walker y a sus compañeros. En ese acto fui el primer orador. Leí un comunicado a nombre de los participantes en la vigilia. Enfaticé su profunda significación ética y su tremenda lección sobre el valor de la unidad.

Muy emocionado, y conociendo que se estaba televisando en vivo para todo el país, expresé agradecimiento a quienes nos habían sostenido durante esos días. No pude dejar de decir:

“Gracias damos también, de modo especial, al compañero Fidel Castro, cuya sensibilidad humana y ética lo condujo en cinco ocasiones a encontrar el tiempo de por sí escaso para él, para compartir con nosotros nuestra fe y esperanza. (…) La Iglesia que nosotros queremos en Cuba, es una Iglesia con corazón de pueblo (…) En uno de los días de nuestro ayuno y oración, en el espíritu de la profunda ecumenía que se dio allí, nuestra hija Raquel oró de la siguiente manera: “Señor, queremos que la experiencia de estos días no quede con el recibimiento de Lucius Walker y a los huelguistas de Laredo, que no quede como un acontecimiento del pasado, que continúe cada día en la vida y en la historia de todo nuestro pueblo”. Y nosotros agregamos que esa experiencia no va a terminar; esto
comienza hasta el día en que podamos ver en la realidad las palabra del Salmo 126, del cual hago una paráfrasis y lo actualizo:

Cuando el Señor haga cambiar el Período Especial
Por la fuerza del trabajo de nuestro pueblo,
La rectificación de nuestros errores,
Y el logro de un desarrollo sostenible y armónico;
Cuando el bloqueo sea un triste episodio del pasado
Por la fuerza del amor y la solidaridad,
Nuestra lengua se henchirá en riza, y nuestra boca de alabanza,
Entonces, dirán entre las naciones:
¡Grandes cosas ha hecho el Señor!
En nuestro pueblo cubano, ¡estaremos alegres!
Los que sembraron las semillas de la firmeza, la resistencia y el patriotismo
Mostrarán las gavillas en sus manos encallecidas.

Antes de entregar la tribuna a Lucius, terminé con estas palabras:
Coloquemos hoy como nuestro antepasado el profeta Samuel, entre Mizpa y Sem, es decir, entre el pasado y el futuro que se avecina con la felicidad para la totalidad de nuestro pueblo, coloquemos hoy a la manera de monumento para las generaciones venideras, lo que colocó Samuel escribiendo en una roca: EBEN-EZER, es decir, hasta este día, a casi treinta y cuatro años de aquel primero de enero de 1959, HASTA AQUÍ NOS AYUDÓ EL SEÑOR.

La voz profética del pastor de la Iglesia Bautista Salvación, en Harlem, Nueva York, se hizo sentir con toda su convicción evangélica.
Expresó su gratitud por el cálido recibimiento que hombres y mujeres del pueblo de Cuba le ofrecían aquella tarde. Hondamente conmovido, se comprometió a continuar sus empeños solidarios con el pueblo.

Habló de millones de norteamericanos que comparten sus ideas y rechazan, por su crueldad e inhumanidad, el bloqueo. Denunció la hipócrita política del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, y el hecho de apoyar al régimen del apartheid en África del Sur y a Israel, y de guardar silencio ante las violaciones de los derechos humanos
de los palestinos. Luego de sus reflexiones, la voz evangélica del pastor llegó también al pueblo reunido en un tono de honda ternura:

Y por último queremos que ustedes sepan que esta noche hablamos en nombre de un Dios de paz y de justicia, no venimos solos, nuestros corazones están repletos de amor, un amor que tiene su origen en una relación con Dios, conformado por las enseñanzas de los Evangelios, ese Evangelio que compartieron con nosotros, que lo compartió el Canciller de Cuba, quien nos envió un mensaje muy amoroso y muy cálido, mientras nos mantenían cautivos en Laredo y su mensaje expresaba, citando las Escrituras: “El sol no te azotará de día, ni la luna de noche”. Estas palabras fueron fuente de estímulo que los círculos oficiales cubanos utilizan las palabras de nuestra fe.

En estrecha relación con estas palabras, recordó la historia bíblica de la reina Esther, esposa del rey Asuero del imperio medo-persa.

Frente a una orden del malvado Amán dirigida a exterminar al pueblo judío, Mardoqueo, el primo de Esther, solicitó a la reina interceder ante su esposo a favor de su pueblo amenazado. En la respuesta, la reina habló de los riesgos y peligros que corría en aquella misión. En este punto de la narración, Lucius señaló:

La respuesta de Mardoqueo a Esther fue y que tuvimos muy presente en nuestra estancia en el ómnibus, como una palabra del Señor él le dijo: No pienses que tú vas a salir ilesa allí en el palacio, el Señor va a buscar algunas otras formas para salvar a los judíos, pero tu vida no serás salvada. Y terminó el mensaje expresando: ¿Quién sabe si para esta hora has llegado al Reino? Y tendríamos que preguntarnos si nosotros llegamos a ese pequeño ómnibus amarillo para enfrentar un momento justo como este. Tendríamos que preguntarnos: ¿acaso no debemos dejar atrás nuestras comodidades para defender nuestra fe? Y les preguntamos a ustedes como pueblo de Cuba, ¿acaso es posible que hayan llegado ustedes a este momento de la historia para una hora como esta?

El mundo necesita el ejemplo de Cuba. El mundo necesita el ejemplo de solidaridad y amor que Cuba ha mostrado a todo el mundo. No puedo imaginarme cómo sería el mundo sin Cuba, ¡continuemos todos luchando por Cuba!

Bajo un cielo que amenazaba con lluvia, Fidel se dirigió a los presentes y manifestó a los huelguistas de Laredo la profunda emoción para la dirección del país y todo el pueblo cubano de poderlos recibir aquella noche. Hizo referencias a las muchas lecciones recibidas por la acción conjunta de Laredo y La Habana. Al recordar lo ocurrido en el cruce de la caravana, señaló:

Nadie esperaba semejante incidente; fue algo que se produjo de manera absolutamente espontánea como explicó Lucius, después que deciden detener allí el ómnibus, y luego de discutir con los que estaban dentro de él, que eran catorce personas, para tomar una decisión de esta importancia, una decisión de esta trascendencia, como la que tomaron ellos, que desató un movimiento de solidaridad grande pero ese movimiento crecía y crecía, y ya no era posible seguirlo ignorando, porque había muchos periódicos en el mundo y otros medios de divulgación masiva hablando ya y escribiendo sobre el problema que se había creado allí en Laredo.

Pero si admirable era lo que ocurría allí, en otra escala era también admirable e impresionante lo que ocurría aquí; lo que estaba ocurriendo en aquella esquina, cerca de la Oficina de Intereses.

Como explicó Suárez, visitamos varias veces el lugar, ya que ellos lograron mantener comunicación constante con el grupo de Laredo, para saber cómo estaba la situación, cómo evolucionaba el problema, qué noticias nuevas había y cuál era el estado de salud de los que aquí estaban ayunando, y vimos cosas admirables.

Allí vimos una niña de catorce años, Mirelys, que se había escapado de su casa para unirse al ayuno. Allí aparecieron extranjeros que estaban de visita en Cuba, aparecieron turistas, de todas partes venían personas; pero una de las cosas más impresionante fue que se reunieron creyentes y no creyentes.

Sin duda alguna, Fidel veía la acción de Laredo a partir de la difícil situación que estábamos viviendo. Durante aquellos días, en algunos lugares los apagones duraban hasta veinte horas diarias y las condiciones de vida eran muy duras. Por esa razón, apuntó:

Es cuestión de meditarlo: la actitud sin prepotencia, sin arrogancia, sin vanidad, pero con una firmeza inconmovible, una convicción total, una decisión absoluta. Ellos nos dieron el ejemplo de cómo se puede ganar una gran batalla, a pesar de las condiciones tan difíciles en que se estaba librando, cuando uno tenía duda sobre cuál sería el resultado final de todo aquello, si había suficiente sangre fría por parte de las autoridades norteamericanas, si hubiese suficiente ecuanimidad, suficiente comprensión del tipo de problema que se había creado… Sin embargo, prevaleció la razón, la justicia, prevaleció la verdad.

En la sexta Caravana de la Amistad se reeditó la intransigencia de las autoridades norteamericanas, con la diferencia de que en lugar de un pequeño ómnibus escolar, esta vez impedían el paso de unas doscientas cincuenta computadoras destinadas al servicio de información médica de los hospitales cubanos. En este nuevo escenario, la acción de Laredo consistió en un prolongado ayudo de noventitrés días, no en el interior de un ómnibus, sino en una pequeña tienda de campaña convertida en capilla, frente al Congreso norteamericano.

También la batalla se ganó. Una vez más, Lucius Walker, debido a su fe y su vocación pastoral, nos dio el ejemplo de lo que significa la solidaridad con el pueblo. El propio pastor de la Iglesia Salvación lo ha expresado en otras ocasiones: “Si un pueblo merece solidaridad, es el cubano, porque ha dado al mundo el mejor ejemplo de la solidaridad humana”.

Las caravanas han continuado hasta hoy. El proyecto de IFCO-Pastores por la Paz constituye, sin dudas, un paradigma de la nueva comprensión y vivencia de la fe que experimentan en distintas partes del mundo los seguidores y las seguidoras de Jesucristo. El obispo Juan Casaldáliga, hermano y amigo, ha dicho que el nuevo nombre de la fe es la solidaridad.

En todos los rincones de nuestro territorio, decir Pastores por la Paz significa hablar de una institución que ya forma parte de la historia heroica de estos últimos años. Ha sido una acción evangelizadora sin precedentes en la historia de la Iglesia en Cuba. Tengo en mi poder los discursos de Lucius y de Fidel en ocasión de las reuniones celebradas en las visitas de las caravanas. Y suficientes evidencias que comprueban, de nuevo, que cada vez que Fidel se encuentra ante un gesto, una reflexión, un compromiso a favor de una causa justa desde un sentimiento y compromiso de fe cristiana auténticos, reafirma y avanza en la convicción de que la unidad entre cristianos y marxistas es posible. El reverendo Walker y los veteranos de las caravanas han escrito con caracteres indelebles no sobre la roca, sino en el mismo corazón del pueblo las palabras de Jesús: “Nadie tiene mayor amor que este, cuando uno pone su vida por los amigos”.

Ante este ejemplo y la expresión teológica de Lucius, en el encuentro con los Pastores por la Paz efectuado en la Misión de Cuba en las Naciones Unidas, Fidel afirmó:

Me alegro de que mi queridísimo hermano Lucius Walker haya hablado breve, no porque me cansen los discursos largos excepto los míos, sino porque me han emocionado mucho sus palabras, y no es fácil resistir la emoción durante mucho tiempo que me produce la expresión cariñosa, fraternal, generosa y cristiana de Lucius (…) Me faltaría decir que siento una especie de elevación espiritual cuando veo que nuestra Misión, con ustedes aquí, se ha convertido en una iglesia. (…) Dicen que Cristo le dijo a Pedro: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. Nosotros podemos decir de ustedes, de los amigos de Cuba, de los Pastores por la Paz aquello que Cristo dijo: Ustedes son como piedras de hermandad, de solidaridad, de nobleza, y sobre estas piedras se edificarán las eternas relaciones amistosas y fraternales entre los pueblos de los Estados Unidos y Cuba (…) Pero a ustedes los queremos especialmente, siempre los recibimos con mucho amor en nuestro país. Ustedes nos están enseñando a ser cristianos.

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