Los sustos de Evo Morales

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Alejandro Dausá

A grandes rasgos, se puede decir que identifica tres fases en el plan norteamericano; la primera enfocada a impedir que el entonces sindicalista cocalero llegara a la presidencia, la segunda con el objetivo de desestabilizar su gestión, y la tercera, entre los años 2007 y 2008, orientada directamente a promover un proceso de desestabilización y golpe de Estado con el respaldo de grupos de poder de la región oriental del país, que derivó en la expulsión de la DEA (Drug Enforcement Administration) y del embajador norteamericano Philip Goldberg.

El acto de presentación fue cerrado por el propio presidente, que realizó un detallado recuento de la persecución padecida, los atentados sufridos, sus experiencias en la cárcel y los intentos frustrados para asesinarlo. Sin embargo, también destacó la solidaridad de los movimientos sociales e incluso de algunos miembros de las fuerzas de seguridad, que lo respaldaron, protegieron o alertaron durante años.

Fiel a su estilo, ameno y provocador, Evo terminó su listado de “sustos históricos” relacionados con la CIA y la DEA haciendo referencia a otro, inesperado y mucho más actual. Mencionó que en varias de sus recientes y múltiples visitas a comunidades y poblaciones del territorio nacional, se ha visto sorprendido con el precario nivel de formación política de algunos simpatizantes del MAS. Explicó que él clasifica a los militantes de la izquierda boliviana en tres grupos: aquellos que lucharon contra las dictaduras (décadas de 1960 a 1980), lo que hicieron frente al neoliberalismo (mediados de la década de 1980 hasta el año 2003), y los actuales, que no cuentan con ninguna de esas dos experiencias, y por el contrario revelan en ocasiones cierta confusión y embrollo ideológicos. Aprovechó entonces para insistir en la necesidad de propiciar espacios de formación política sistemática, a fin de remontar esos vacíos, que son ya motivo de sobresaltos tanto o más preocupantes que los propiciados por las agencias norteamericanas.

Con un amplísimo e inédito porcentaje de votos a favor en la elecciones presidenciales de diciembre pasado, y cómoda mayoría en la flamante Asamblea Legislativa Plurinacional, el reto mayor se presenta ahora, paradójicamente, al interior del propio MAS, cuyos dirigentes históricos comienzan a tomar conciencia de los peligros de la falta de formación política de sus bases.

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