Luchas de nuestros pueblos: ¿Es el movimiento zapatista otro indianismo?

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Odin Ávila Rojas

América Latina tiene una riqueza profunda en saberes provenientes de las resistencias y trayectorias mismas de los pueblos amerindios que la habitan, debido en gran parte a que éstas en diferentes grados y formas contienen una memoria histórica ancestral anclada con un continuo potencial descolonizador que ha desembocado en expresiones que van desde el núcleo comunitario local hasta aquellas organizaciones sociopolíticas con programas ideológicos de luchas a niveles nacionales e incluso internacionales.

Precisamente, un ejemplo de estas experiencias es el zapatismo que se hace público a partir de 1994 en México. El cual además de ser un movimiento que reivindica lo indio, también se ha preocupado por incluir a las poblaciones mestizas subalternizadas en los procesos descolonizadores frente a la dominación del capital neoliberal, así como los modelos eurocéntricos de la política.

Los zapatistas o neozapatistas tal como son llamados por algunos académicos, pueden ubicarse en el amplio espectro de los indianismos latinoamericanos, porque a pesar de sus ingredientes mestizos-subalternos, consigue recuperar una parte importante de esas prácticas, sabidurías y cosmovisión características de las sociedades indígenas en el Sureste mexicano.

No debe olvidarse que uno de los rasgos de cualquier corriente de emancipación indianista es asumir antes que cualquier identidad de clase en términos marxistas su naturaleza india, es decir, demostrar que el potencial organizativo de lo indio reside más bien en su historicidad y acumulación de memoria ancestral.

El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional es un caso que pone a discusión la tensión entre las estrategias de izquierdas mestizas y los despliegues de luchas bajo lógicas indias. Esta relación rígida ha tratado de encausarse por los zapatistas de manera democrática, porque para ellos, la idea de nación y pueblo deben ser reflejadas mutuamente. La idea democrática que ellos tienen, pretende articular las subalternidades indígenas con los subsuelos mestizos a nivel nacional. De modo resumido es la perspectiva del “mundo donde quepan muchos mundos”, una frase multicitada que condensa los contenidos de la rebeldía chiapaneca con los deseos y propuesta para transformar la realidad en una condición plural y por medio de métodos democráticos de acción colectiva.

Por cierto, el anterior planteamiento recuerda “lo nacionalpopular”(1) zavaleteano, el cual consiste en la interconexión de los niveles democratizadores de las clases dominadas con la formación estatal que ellos mismos intentan crear. Puede verse esto como la capacidad que tienen las colectividades en pleno movimiento para concentrar y darle sentido común a las diferentes expresiones de lucha que tiene una sociedad. Sin duda, es también un tiempo de dialogo entre movilizaciones, organizaciones y en general sujetos que recobran consciencia de la necesidad de tejer lo indio colonizado con el resto de las clases subalternas de la nación.

Aunque Zavaleta refiere a una realidad especifica como la boliviana de mediados del siglo XX, la categoría expuesta por él, señala una problemática que comparten casi todas las naciones latinoamericanas: la urgencia de producir una articulación colectiva de cada una de los sectores, grupos, organismos civiles y en general sujetos para construir un núcleo político democrático descolonizado de cualquier tipo de dominación.

Los zapatistas durante su trayectoria han hecho en no pocas ocasiones, esfuerzos por abrir un horizonte alternativo en un país que después de la “Revolución Mexicana en 1910” no consigue implementar una articulación eficaz de sus flujos movilizatorios que deriven en una organización real y radical de la politización desde abajo, “muy abajo”(2) y a la “izquierda”(3). Para los zapatistas, ¿qué significa el abajo y a la izquierda?, son coordenadas propuestas por ellos para convocar a la población mexicana con el fin de reconstruir la vida política y social nacional, impulsada a partir de las alianzas de las subterraneidades indias y mestizas críticas más profundas. En palabras de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona:

“Bueno, pues en México lo que queremos hacer es un acuerdo con personas y organizaciones mero de izquierda, porque pensamos que es en la izquierda política donde mero está la idea de resistirse contra la globalización neoliberal, y de hacer un país donde haya, para todos, justicia, democracia y libertad. No como ahorita que sólo hay justicia para los ricos, sólo hay libertad para sus grandes negocios y sólo hay democracia para pintar las bardas con propaganda electoral.

Y porque nosotros pensamos que sólo de la izquierda puede salir un plan de lucha para que nuestra Patria, que es México, no se muere”(4).

Debe aclararse que las “izquierdas” mexicanas a lo largo de la historia del siglo pasado, representan y juegan un papel de referentes organizativos movilizatorios para las nuevas generaciones. Inclusive, en algunos casos como el zapatismo de 1910, llegan a convertirse en un elemento del imaginario político y social tanto del EZLN como de muchas movilizaciones y organizaciones del siglo XXI que se declaran anticapitalistas y se asumen antisistémicas en una amplia gama de sentidos. Hay que considerar que los zapatistas se proponen con claridad no llegar a reproducir prácticas fundamentalistas que la izquierda tuvo en décadas anteriores, en donde hubo una distorsión entre el deber ser y lo que es.

La rebeldía zapatista tiene en su memoria una pluralidad de sujetos y luchas históricas por la libertad, justicia, igualdad, dignidad, humanidad y descolonización de la patria. Razón por la cual, la enunciación zapatista reactiva y vuelve a poner en la mesa de la discusión, la resistencia del indio a la colonización del orden occidental moderno. Una pugna todavía sin resolverse entre ambas partes.

En este sentido, el zapatismo se despega de manera notable de la tradición indigenista mexicana de pactar con las instituciones estatales y se perfila como una original corriente indianista que además de darle vigencia al debate sobre descolonizar en México, consigue introducir a las colectividades mestizas subalternas en ésta. En especial al demostrar la necesidad imperiosa de la nación para autodeterminarse y reconstruirse a sí misma.

En conclusión: el movimiento zapatista desdobla su proyecto político contra cualquier forma de dominación que ponga en riesgo la humanidad, naturaleza y convivencia del hombre, al igual que combate las existentes estructuras, prácticas y lógicas de poder alimentadas por el capitalismo neoliberal, la modernidad estatal, así como aquellas instituciones liberales antidemocráticas. Por supuesto, lo anterior incluye los esfuerzos por eliminar el racismo predominante a nivel nacional, latinoamericano y en cada región del mundo. Para el EZLN, la conquista europea fue una “guerra de razas”, como diría Michel Foucault, con desventaja total sobre los pueblos de América, quienes tenían formaciones comunitarias opuestas a los sistemas occidentales.

Uno de los rasgos más sustanciosos del zapatismo a lo largo de su existencia es su capacidad imaginativa para repensar conceptos políticos y sociales desde su propia realidad en pleno movimiento. Esto conlleva hacer una reflexión universal desde microcosmos que pueden resultar ser fuentes de alternativas comunitarias de vida o aportar componentes para la elaboración de futuras opciones viables para transformar la sociedad mexicana en su conjunto.

Fuentes de información

COLL LEBEDEFF, Tatiana, “Desde las orillas con amor, vicisitudes y trapisondas de la izquierda latinoamericana”, en; OTHÓN QUIROZ, José, LÓPEZSAAVEDRA, Nicolasa, Et. Al. (Coords.), Izquierdas: nuevas y viejas, México, UAM-A-Eón, 2011, p.p. 29-72.
COMITÉ CLANDESTI NO REVOLUCIONARIO INDÍGENACOMANDANCIA GENERAL del EJÉRCITO ZAPATI STA DE LIBERACIÓN NACIONAL, Sexta Declaración de la Selva Lacandona, desde las Montañas del Sureste Mexicano, 2005, en; Rebeldía, México, 2005, 20 p.
FERNÁNDEZ CHRISTLIEB, Paulina, “El EZLN y la GBI en Chiapas: derechos indígenas contra corporaciones trasnacionales”, en; Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, México, UNAM-FCPyS, No. 188-189, mayo-diciembre,2003, p.213-265.
FOUCAULT, Michel, Genealogía del racismo, Argentina, Altamira, 2001, 223 p.
REI NAGA, Fausto, La podredumbre criminal del pensamiento europeo, Bolivia, Ediciones Comunidad Amautica Mundial, 1982,144 p.
ZAVALETA MERCADO, René, Lo nacional-popular en Bolivia, Bolivia, Ediciones Plural, 2008, 212 p.

Notas:

(1) ZAVALETA MERCADO, René, Lo nacional-popular en Bolivia, Bolivia, Ediciones Plural, 2008, 212 p.
(2) Para los zapatistas “muy abajo”, son las clases y subsuelos dominados por las políticas del capital y lo estatal-moderno.
(3) Al entenderse en un sentido plural. En México como en el resto de Latinoamérica van desde lo más institucional y corrupto hasta las formas más éticas, antisistémicas y críticas. Véase: COLL LEBEDEFF, Tatiana, “Desde las orillas con amor, vicisitudes y trapisondas de la izquierda latinoamericana”, en; OTHÓN QUIROZ, José, LÓPEZSAAVEDRA, Nicolasa, Et. Al. (Coords.), Izquierdas: nuevas y viejas, México, UAM-A-Eón, 2011, p.p. 29-72.
(4) COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL del EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL, Sexta Declaración de la Selva Lacandona, desde las Montañas del Sureste Mexicano, 2005, en: Rebeldía, México, 2005, p.p. 16-17.

tomado de Adital

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