M-19 : La novela que siempre quiso escribir el Nobel colombiano

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El M-19 (Movimiento 19 de Abril), fue, sin poner dudas, la consagración del realismo mágico garciamarquiano. La guerrilla más colombiana que ha tenido Colombia. En vez de memorizar el Manifiesto Comunista, su Comandante General, Jaime Bateman Cayón, daba las instrucciones que, primero se habría de conocer la historia del país. No precisamente lo hacían a través de los libros de texto, sino leyendo “Cien Años de Soledad”. Hasta el Comandante Pablo (su nombre de guerra), trató de que fuese un vallenato el himno de la organización y nunca una marcha militar.

Fue espectacular su entrada en escena, allá por enero de 1974, después que los grandes diarios habían promocionado al M-19, como un fármaco que aliviaría “los dolores de cabeza de los colombianos”. La sustracción de la espada del Libertador en la Quinta Bolívar, dio su anuncio como grupo insurgente. Retomaron el casi olvidado e imprescindible nacionalismo. Iban desde el general Uribe Uribe, quien aducía que el liberalismo tiene que beber de las fuentes del socialismo, hasta el caudillo Jorge Eliécer Gaitán.

Los golpes armados parecían ser encabezados por el Coronel Aureliano Buendía. Vaciaron el arsenal del Cantón Norte mediante un túnel, y tantas eran armas que las repartieron entre los demás grupos guerrilleros de la época. Quizá el tono alegre de costeño en el carácter del Comandante Pablo, impregnaba ese hálito de irreverencia en las acciones del M-19.

Nunca fue casual que combatieran junto a los sandinistas. Las dos insurgencias convergían en su camino nacionalista. Tampoco era de azar la estrecha amistad entre Bateman y el General Torrijos, quien apoyó logísticamente a ambos grupos guerrilleros. El antiimperialismo y la alegría los juntaban como amigos.

Bateman había sido bien cercano a Camilo Torres en su época estudiantil, cuando el cura rebelde daba nacimiento al Frente Unido. También lo fue de Marulanda, mientras perteneció a las F.A.R.C. y estas se limitaban a cumplir órdenes del Partido Comunista.

De su militancia en dicho Partido declaró en cierta entrevista: “(…) me he dado cuenta de que el mayor error que he cometido en mi vida ha sido ingresar al Partido y permanecer en él tantos años, doce o trece, tal vez.
“Luego me he dado cuenta, también, de que mi mayor acierto ha sido, en cambio, haberme salido del Partido y haber conformado, junto con otros compañeros, una organización nacionalista, popular y revolucionaria que lucha porque en Colombia se instaure una verdadera democracia, que entiende al pueblo, que lo representa, que lo respeta y que permanentemente se está nutriendo de él porque el pueblo comprende, habla y comparte su lenguaje”.

Salían entonces novedosas propuestas, para el momento, como que no se combatía a la clase burguesa colombiana, sino al imperialismo yanqui, pues burguesía colombiana no existía, sino un grupo de tecnócratas que hacían dinero de Colombia.

Tanto Bateman como sus compañeros, habían visto las castraciones que producía seguir la línea moscovita, china o albanesa. Cuba triunfaba, por recoger en su andar “el arroyo de la sierra”.

La sociedad civil cobraba, por fin, el objetivo de existir como proyecto, dentro del proyecto y con el proyecto de la organización. No era hacer historia a partir del M-19, sino hacerla con los colombianos y a lo colombiano.

Es abril. En el tan cercano mes de mayo Colombia optará por el continuismo, o un posible giro de rosca. Sería muy aconsejable que el paso lo dieran bailando vallenato y el ánima de Jaime Bateman, tocando el acordeón.

por: Frank García Hernández

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