Martin Luther King Jr. y el instinto de tambor mayor

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Cuando se cumplen este 15 de enero, 83 años del natalicio de Martin Luther King Jr., conviene recordar algunos fragmentos de su sermón navideño, que fueran incluidos en una serie especial por la Canadian Broadcasting Corporation (CBC):

“Esta temporada navideña nos encuentra una raza humana perpleja. No tenemos ni paz interna ni paz externa. Donde quiera temores paralizantes horrorizan a la gente durante el día y los obsesiona durante la noche. Nuestro mundo está enfermo con la guerra…”

“Si no tenemos buena voluntad hacia los hombres en este mundo, nos destruiremos a nosotros mismos por el mal uso de nuestros propios instrumentos y nuestro propio poder…”

“Si queremos tener paz en la tierra, nuestras lealtades tienen que tornarse ecuménicas en lugar de sectoriales. Nuestra raza, nuestra tribu, nuestra clase y nuestra nación; y esto significa que tenemos que desarrollar una perspectiva mundial. Ninguna nación puede vivir a solas; y siempre que lo intentemos más tendremos guerras en el mundo. Ahora tenemos sobre nosotros el juicio de Dios y tenemos que o aprender a vivir juntos como hermanos o todos pereceremos como tontos.”

En su libro “The Trumpt of Conscience”, planteó que “los desposeídos de esta nación los pobres, tanto blancos como negros viven en una sociedad cruelmente injusta. Tienen que organizar una revolución contra esa injusticia, no contra las vidas de las personas que son sus conciudadanos, sino contra las estructuras a través de las cuales la sociedad se está negando a tomar los medios que han sido solicitados y que están a mano para levantar la carga de la pobreza”.

Bajo el título El Instinto de Tambor Mayor, Luther King Jr. , en su sermón del 4 de febrero de 1968, dijo que “lo que sucede hoy en el mundo es que las naciones están enfrascadas en una lucha por la supremacía. Y si no sucede algo que ponga fin a esta tendencia, me temo que no estaremos aquí para hablar de Jesús Cristo y de Dios y de hermandad durante muchos más años.

Si alguien no le pone fin a esta embestida suicida que vemos hoy en el mundo, ninguno de nosotros estaremos por aquí, porque alguien cometerá el error de lanzar una bomba nuclear a algún lugar y entonces otra caerá.”

“Hacia esa situación estamos deslizándonos… porque las naciones están atrapadas en el instinto de tambor mayor. Yo tengo que ser supremo. Nuestra nación tiene que gobernar al mundo… Y lamento tener que decir que la nación en que vivimos es el principal delincuente. Y me propongo continuar diciéndoselo a Estados Unidos, porque amo a este país demasiado para verlo deslizarse en el rumbo que ha tomado”.

Gran actualidad tienen estas advertencias y las ideas que defendió el Dr. King durante su corta pero intensa vida. Por la valiente defensa de las mismas fue asesinado, tras tenaz persecución, el 4 de abril de 1968, en Memphis, Tennesee. Allí había acudido para apoyar una huelga de trabajadores de limpieza de calles y organizar una “Marcha de los Pobres sobre Washington”.

Su apego a la moral y ética cristianas lo llevaron a entrar en contradicción con los gobernantes de su país. No pudo adaptarse a la doble moral que prevalecía en la política interior y exterior de Estados Unidos y se opuso sistemáticamente a la injusticia en sus más variadas formas, muy especialmente a la pobreza.

Sirva este llamado que nace de un profundo y sincero amor a la humanidad, como modesto aporte al noble esfuerzo que numerosas personalidades de todo el mundo hacen en favor de la paz.

Ojalá sea escuchado esta vez el Dr. King y se logre imponer el sentido común, para “salvar el alma de América”, como él se propuso y que, además, logremos que todos los hombres y mujeres de buena voluntad nos demos a la tarea de salvar a la humanidad.

por: Clinton L. Adlum, Investigador en Ciencias Políticas y diplomático cubano.

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