Militarización impacta al mundo rural

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Durante el II Encuentro Hemisférico contra la Militarización, que se desarrolla en La Esperanza, Intibucá, Honduras (3 al 6 de octubre 2008), se realizó la mesa “Movimientos campesinos, reforma agraria integral y soberanía alimentaria” donde se discutió ampliamente sobre el impacto de la militarización en el mundo rural, campesino e indígena.

Con la imposición del modelo agroindustrial desde mediados del siglo XX, proceso que se agudizó con el neoliberalismo a partir de los años ochenta que produjo una liberalización salvaje del comercio agrícola y de hecho sometió a este último a las reglas del mercado, el campo latinoamericano ha sufrido las peores consecuencias con una pérdida acelerada de población, pérdida de la variedad de cultivos y los conocimientos tradicionales, modificación de la estructura de la tenencia de la tierra a favor de los grandes capitales y terratenientes, entre otros aspectos críticos. Este proceso afectó igualmente a miles de campesinos y campesinas en los Estados Unidos, donde sólo los grandes carteles tienen acceso a los multimillonarios subsidios que el gobierno otorga, con lo que aquellos pequeños productores son devorados por gigantes como Cargill, Monsanto y otras corporaciones.

Hoy día, se destacó como la tierra, el agua, las semillas y los conocimientos ancestrales están siendo disputadas y despojadas por parte de las grandes corporaciones agroindustriales del mundo, proceso que destruye aún más al campesinado y a las comunidades indígenas en toda la región. El libre comercio, impuesto por medio de Tratados y Acuerdos de Inversión, es una trampa que destruye tejidos productivos y sociales a gran escala en el agro latinoamericano.

Para Rafael Alegría, miembro de la CLOC-Vía Campesina y que estuvo presente en la mesa de trabajo: “Hoy el modelo agroindustrial sufre una enorme crisis a nivel global, especialmente por la gran especulación con los precios de los alimentos, producto de 20 o más años de desarticulación de la economía campesina. La crisis no se debe ni al calentamiento global ni al aumento de la población sino al modelo mismo, concentrador, excluyente, contaminador, depredador de la naturaleza. Este modelo fracasado debe ser superado con nuestras propuestas desde el campesinado a nivel mundial”.

Para dicho dirigente, el movimiento campesino e indígena no solo debe asegurar el acceso a alimentos para la población sino además garantizar el acceso a recursos estratégicos, como la tierra, el agua y las distintas formas de energía, pero todo ello con una perspectiva agroecológica, donde se considere como principio el mercado justo y, sobre todo, que los alimentos no son mercancía. En este marco es en el que se hace urgente impulsar un profundo proceso de reforma agraria integral.

El asunto de la tierra y su control ha sido históricamente fuente de conflictos y hoy día lo sigue siendo en todos los países; al respecto vemos ejemplos como los de Venezuela y Bolivia, donde la reforma agraria y la redistribución de la tierra son el punto de quiebre en el enfrentamiento con las oligarquías terratenientes. Estas oligarquías, que siempre han tenido el poder económico, político y militar, así como la protección militar de los Estados Unidos, no dudan en usar todos los mecanismos a su disposición para reprimir, asesinar y controlar a las comunidades indígenas y campesinas comprometidas con un proyecto de cambios.

Al respecto, se recordó cómo el sicariato contra campesinos e indígenas es algo lamentablemente común en países como Guatemala, Colombia, Brasil y Paraguay; en este último caso, se recordó como dos mil campesinos fueron encarcelados en masa por el gobierno anterior.

En efecto, hay una creciente represión y criminalización de los movimientos que luchan por la tierra. Y mientras la crisis económica en los Estados Unidos lleva a este país a agudizar su estrategia militar, las oligarquías se valen de esta coyuntura para radicalizarse aún más en contra de las comunidades y organizaciones del campo.

Por otro lado, se recordó que cuando las empresas transnacionales se apropian de territorios y recursos, de forma completamente ilegítima, luego presionan por más militarización para asegurarse el control de aquellos recursos. En países como México, esto se hace en nombre de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, pero en la práctica la guerra es contra las comunidades indígenas y campesinas. Pero no solo los ejércitos cumplen un papel, también los cuerpos policiales y los grupos paramilitares son actores en un proceso de creciente violencia en el campo. En Colombia, el desplazamiento masivo de miles de campesinos ha abierto el portillo para la apropiación de la tierra por parte de grupos mafiosos, terratenientes y para la producción ya sea de drogas o de agrocombustibles.

Frente a esta realidad, las organizaciones participantes en la mesa insisten en sus propuestas, entre ellas:

-Reforma agraria integral, teniendo claro que su implementación significa golpear directamente los intereses de la oligarquía terrateniente y con certeza una mayor represión y militarización.
-Fortalecer una alianza entre el campesinado, los movimientos indígenas y la sociedad organizada para promover la soberanía alimentaria y energética por sobre los intereses de las grandes transnacionales.
-Desarrollar y aprender nuevas formas productivas, con tecnologías propias, financiamiento permanente y recuperación de la identidad campesina e indígena allí donde esté deteriorada.

Las personas asistentes a la mesa reconocieron los impactos que sobre el mundo rural tiene la militarización e hicieron propuestas concretas que se integrarán en el plan de acción resultado de este Encuentro. En última instancia, luchar contra la militarización es luchar por la transformación radical de las relaciones de poder de carácter patriarcal y capitalista que se le han impuesto históricamente al campesinado y a los pueblos indígenas en todo el continente alumbrando alternativas desde los mismos actores que han sufrido las peores consecuencias del modelo.

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