Mujeres realizadoras: entre reclamos y olvidos

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Sara Más

Para la académica e investigadora Danae Diéguez, una de las coordinadoras del panel, detrás de las dudas que existen en torno al tema está el silencio que ha rodeado al feminismo como corriente política.

En ese camino tampoco puede obviarse que “el discurso de la modernidad es y ha sido un discurso masculino, androcéntrico, que pasa como natural y universal, y en el cual son los hombres quienes definen la verdad en nombre de todos los seres humanos”, alertó el crítico Mario Masvidal.

Sin poder asegurar que exista o no una manera femenina de hacer arte, el también profesor del Instituto Superior de Arte insistió en que “la cultura feminista, en tanto ideología emancipatoria, es también una teoría de la cultura”.

Masvidal hizo referencia a una observación hecha por una estudiante, ante interrogantes semejantes: “La obra no tiene género, pero el artista sí”. De modo que, si en cada obra hay una presencia del artista, su género, raza, orientación sexual, creencias y otras condicionantes deben estar en su obra, precisó, “aunque quizás no de una manera clara para esa persona que la crea”, dijo.

Como ejemplo aludió a una cierta manera femenina de hacer cine en Argentina, a la cual se le reconoce un modo desdramatizado y experimental respecto a cierto patrón impuesto desde la práctica machista eurocéntrica. “Me parece saludable que existan estos debates y preocupaciones”, agregó Masvidal.

Tras confesar que no es consciente de una forma particular de hacer cine por ser mujer, la realizadora Patricia Ramos consideró que técnicamente se apropian del mismo arsenal teórico y técnico que los hombres.

Sin embargo, reconoció que no se trata solo de la ausencia de mujeres en la historia del cine, de acuerdo a quien la cuenta, “sino que a veces ellas están ahí, pero no son llevadas a la palestra pública”. En su opinión, lo más difícil quizás sea la validación del trabajo de las mujeres, no que hagan un trabajo.

“Hay un problema de poder e ideología que no siempre corresponde a los hombres, pues a veces hay mujeres que reproducen la cultura machista” estimó, en tanto otras veces todo depende de quién está en un puesto de poder, que generalmente son ocupados por hombres.

“Las mujeres filman como lo que son: mujeres”, expresó la directora de televisión Magda González Grau, quien distingue el signo de la diversidad dentro del llamado audiovisual femenino en la isla, de acuerdo con los intereses artísticos y estéticos de quienes crean.

En sus palabras retomó una idea que se repitió durante el encuentro: un cuerpo de mujer no determina una ideología feminista ni una forma particular de enfrentar o desarrollar la obra artística.

“Se dice que las mujeres somos más sensibles y eso podría determinar el enfoque para enfrentar un tema; les garantizo que hay hombres tan sensibles como nosotras y mujeres que se emocionan solo un poquito más que una escarcha o una piedra”, argumento González Grau.

No obstante, reconoció que las mujeres se ven obligadas a ser más rigurosas con su trabajo, puesto que el canon social y profesional del medio en que se desarrollan les perdonan menos un error o una falla.

“El primer trabajo de un director puede quedar regular, el de una directora tiene que quedar bien, o pasará como mediocre por el resto de su carrera. Si un director se altera y grita exigiendo orden y disciplina, es que tiene carácter; si una directora hace lo mismo, le cuelgan el cartelito de histérica”, expuso como ejemplos.

Si bien no se plantea si se es mujer u hombre cuando asume una obra o enfrenta un guión, “como cualquier otro creador, soy una suma de experiencias, momentos, tradiciones familiares, libros leídos, obras teatrales consultadas, películas vistas y otras tantas cosas más”, reflexionó.

Más allá de leyes y políticas que protegen y estimulan a las creadoras, son pocas las mujeres fotógrafas y sonidistas, en tanto abundan como productoras, señaló.

Como directoras, no son muchas las que han encontrado espacio en el cine, mientras han corrido mejor suerte en la televisión, “pero casi seguro que todas tendrán anécdotas que contar de cómo tuvieron que imponerse a un equipo de realización que las sometió a un examen riguroso”, valoró. A ello añadió que la mayoría, como generalidad, tiene que alternar el trabajo intelectual con el doméstico.

No obstante, la investigadora Danae Diéguez identifica un discurso más transgresor y modos de avanzada entre las jóvenes realizadoras que acuden a presentar sus obras, cada año, a la Muestra de Cine Joven, una vía que se ha convertido en espacio para concurso y presentación de la producción audiovisual independiente en el país.

La televisión es, para la realizadora Elena Palacios, una tribuna donde decir lo que quiere. Sin embargo, no es partidaria de verlo como un medio cómodo de trabajo. “Hay que ir más allá de lo femenino natural, porque esa es la televisión, un medio poderoso y hay que enfrentarlo con responsabilidad”, sostuvo la creadora, cuya obra se caracteriza por el tratamiento de los conflictos desde un punto de vista femenino.

Palacios precisó a SEMlac que, entre los aspectos que han propiciado el desarrollo de audiovisuales hechos por mujeres en la última década está la apertura de una facultad de medios audiovisuales para la formación en diversas especialidades.

También la dinámica de los cambios tecnológicos, con la incorporación de tecnologías digitales, que hacen más manuables y asequibles los medios de trabajo para las mujeres, como las cámaras y otros equipos.

Además, valora altamente el rescate del formato de unitario o capítulo independiente, entre las propias realizadoras, incluido el teleteatro, el telecuento y el telefilme, “con concepción temática más abierta y desenfadada, un espacio de autor que hemos empleado para decir lo que queremos, desde nuestro punto de vista, y que abre posibilidades productivas mucho más variadas, que las mujeres hemos sabido aprovechar”, comentó a SEMlac.

La periodista Mirta Rodríguez Calderón destacó en ese mismo perfil, la importancia del acto consciente, como una vía además de construir democracia y empoderarse. “El acto de empoderamiento no puede ser espontáneo; y para empoderarse es necesario tener conciencia de género”, precisó la fundadora de Magin, agrupación de mujeres comunicadoras surgida en 1993 en Cuba y que buscó profundizar en el estudio de los temas de género.

Con ese pensamiento coincide Palacios cuando reconoce otro aspecto no menos importante en la solidaridad que debe haber entre las mujeres que hacen televisión.

“Yo trabajo conscientemente con mujeres. Si tengo que escoger entre dos especialistas, igualmente talentosos, escojo a una mujer porque necesitamos ganar espacios, hacer obras, decir cosas, visibilizar el talento, y tengo que darles esa oportunidad. Esa conciencia puede ayudarnos mucho en el medio en que estamos trabajando”, aseguró a SEMlac.

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