Mujeres, socialismo y emancipación

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Miriela Fernández Lozano

Un acercamiento al contexto latinoamericano actual, desde lupas femeninas, motivó el debate bajo la premisa de que “la necesidad teórica es siempre una necesidad práctica”. Hoy, coincidieron las participantes, ante la ofensiva del capital y su proyecto de dominación son urgentes las reflexiones sobre la continuación de la lucha contra el patriarcado y por el empoderamiento de las mujeres en busca de su articulación.

Si bien, a partir de los años 90 se revitaliza el movimiento de mujeres junto a la recomposición de otros actores sociales como los indígenas, campesinos, estudiantes, las políticas neoliberales intentaron detener su accionar y silenciar sus luchas con la inserción de esas demandas a las lógicas del mercado. Gobiernos e instituciones despolitizaron la resistencia femenina y se apropiaron, de forma instrumental, de una perspectiva de género. En diversos países, el movimiento perdió la autonomía conquistada y siguió legitimándose un patrón de éxito: el del hombre blanco, heterosexual, rico.

De esa forma, las luchas contra la división sexual del trabajo y la feminización de la pobreza con los ajustes neoliberales; frente a la violencia simbólica y abierta, y el control del cuerpo de las mujeres; por una salud sexual y reproductiva, entre otras temáticas perdieron nitidez, y fue preciso el replanteo de los modos de acción de este movimiento y su radicalización.

Ese ha sido un desafío permanente durante estos años. La diversidad de referentes epistemológicos e ideológicos del movimiento feminista también ha contribuido a la consolidación de un feminismo revolucionario que apuesta por visibilizarse y lograr transformaciones para toda la sociedad.

Las mujeres han incorporado a sus reivindicaciones específicas, las de otros movimientos sociales con el propósito de construir un proyecto emancipatorio integral que detenga la múltiple dominación del capitalismo.

Durante el taller, los intercambios entre filósofas, periodistas, psicólogas, funcionarias y mujeres que trabajan en espacios comunitarios, señalaron que en la actualidad la alternativa al modelo capitalista y patriarcal contiene las luchas por un equilibrio entre mujeres y hombres en la producción y reproducción de riquezas, por la soberanía alimentaria y para detener las consecuencias del cambio climático, por la promoción del bien común y los servicios básicos, por la autonomía sobre el cuerpo y la vida, y contra los estereotipos y la explotación que viene desde los medios de comunicación.

Aquella frase que despertó en los sesenta: lo personal es político, constituyó un consenso. No es posible hablar del movimiento de las mujeres, de su camino hacia la emancipación si no hay una mirada crítica a la vida cotidiana, si no se intenta desnaturalizar los roles sembrados por el patriarcado y el tiempo, si no existe una coherencia entre nuestro discurso en las instituciones y el del hogar.

Mujeres sobre el escenario cubano

El encuentro penetró en el contexto cubano, en sus particularidades, sus diferencias con un mundo exterior que privilegia el capital, sus logros, pero también se abordaron los retos que imponen los nuevos tiempos.

Si bien han sido disímiles los logros de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), las participantes destacaron la necesidad de profundizar el trabajo con la base social de esta organización. Sumergirse cada vez más en las comunidades, en los centros de trabajo y otros escenarios; detenerse en los mensajes de los medios masivos, permitirá advertir la violencia solapada, simbólica, e incluso, física que aún existe.

Asimismo, se analizaron las temáticas relacionadas con la representatividad de la mujer en los espacios de dirección -donde todavía ocupa un segundo plano – y los procesos de distribución de las riquezas en la agricultura, como la entrega de tierras, en los que también podría reproducirse la dependencia y la discriminación.

El tema de las mujeres cuentapropistas fue otro aspecto que desembocó en desafíos, en la necesidad de trazar estrategias políticas acordes a estas transformaciones, en las cuales deberán ser significativos los sentidos antipatriarcales, liberadores y el perfeccionamiento del modo de participación popular y toma de decisión de las mujeres en el socialismo.

Los últimos momentos del debate manifestaron la importancia de una mayor articulación entre el movimiento feminista de América Latina y la labor y creación teórica de las mujeres en Cuba. Esos puentes posibilitarán un aprendizaje mutuo mientras se avanza hacia la construcción de poder desde diferentes cosmovisiones femeninas.

Trazar el mundo teniendo en cuenta la subjetividad de la mujer, su mística, sus derechos es el modo de volverlo amplio, inclusivo, de defender la vida. Por eso, las participantes apuntaron que el movimiento feminista en la región debe seguir visibilizando la lucha de las mujeres, denunciar todo tipo de discriminación, formar, movilizarse e incorporar también a los hombres en el trayecto a la equidad y la emancipación.

Este no es un camino que empieza. Tampoco tuvo sus inicios en los sesenta, como suele decirse. Los primeros pasos se encuentran siglos atrás cuando las mujeres comenzaron a luchar por sus derechos al voto, a la educación, a la salud, por su liberación. Sin embargo, la historiografía muchas veces ha desconocido su protagonismo, su papel central en los cambios sociales. Ese es otro desafío.

Hoy, como ayer, resulta esencial visibilizar que el movimiento de mujeres se inserta en una lucha de clases. Su horizonte es hacia la transformación política, social, económica. “Todas las revoluciones van juntas”, dicen las Feministas en Resistencia de Honduras. La frase sintetiza la utopía liberadora, ya histórica, de la mujer.

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