Nuevas células para la Educación Popular

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Clara, Luisa, Sandra, Heberto, Mercedes, Marlen, Felicia y otros fepadistas guantanameros se citaron para el último viernes de junio. Bien temprano salieron de sus casas, no regresarían hasta al anochecer. En esta ocasión el encuentro tenía un nuevo atractivo: se irían a Santiago de Cuba a conocer a los educadores de ese territorio vecino.

En Santiago también el amanecer fue diferente. Lixy, Maye, María, Marlen, Reinaldo, Mirna y muchas otras del grupo anfitrión ultimaban detalles para darles la bienvenida a los visitantes y procurar que el intercambio quedase por todo lo alto.

Vivian, llegó con su pequeña Adriana, que resultó la educadora popular más joven, una niña de tercer grado tan familiarizada con esta propuesta formativa, que quiso participar como una más en los debates y casi al finalizar la jornada de trabajo, provocó una propuesta para el futuro: motivar a otros niños y niñas a conocer esta formulación pedagógica que tanto ha marcado a los adultos que se reunieron ese día en un local de la Iglesia Episcopal santiaguera.

Mirarse por dentro
Tras las presentaciones, los saludos, las expectativas compartidas…, la voz de arrancada sugirió develar las repercusiones de la EP en la vida cotidiana y en cada uno de los asistentes. Un ejercicio individual para buscar bien adentro y luego comentar esas miradas en subgrupos antes de devolver la síntesis al plenario.

El silencio duró poco. Al instante se activó el diálogo. Cada cual contó de su práctica diaria, en el ámbito laboral, en el espacio familiar, en el barrial, en lo profesional. Se escucharon experiencias de promoción cultural y ambiental, docentes, comunitarias, eclesiales, de gobierno. No quedó dudas: la EP es una opción que acompaña el desarrollo social de guantanameros y santiagueros.

Rita Felicia, una instructora de arte de la Ciudad del Guaso, de las nuevas promociones de esos centros, trabaja desde el 2001 en el proyecto Príncipe enano con los niños de una comunidad que tiene muchas desventajas sociales. A través de las distintas manifestaciones del arte han sumado además a los adultos mayores, a los jóvenes…

“Gracias a la EP podemos trabajar con ellos y tenemos resultados ya. En lo personal también me ha servido de mucho, porque soy instructora de teatro y la EP me ha ayudado a comunicarme mejor y desenvolverme como profesora en la escuela de instructores”.

Fe Gloria, es una jubilada también de la más oriental de nuestras provincias. Pertenece al proyecto comunitario La Caoba, y a su círculo de abuelos. “Ahora me incorporé a la FEPAD y me ha servido para continuar el trabajo que veníamos haciendo en la comunidad junto a la coordinación de los CDR.”

María Savón, una santiaguera egresada de los espacios formativos del CMMLK agradece esa capacidad de estar constantemente revisándose desde lo individual, “en lo que debo profundizar para poder ejercer o colaborar con los demás miembros de la comunidad. Busco el apoyo, la participación, los conocimientos de otros. Creo que en ese sentido he madurado, por ningún concepto voy hacer quedar mal al Centro en lo que fue capaz de darme para seguir andando por los caminos duros de la vida.”

El encuentro con la EP ha representado un “renacer”, así lo resumía uno de los grupos de discusión; otro destacó la diversidad (de géneros, edades, profesiones) y la riqueza (de saberes, experiencias, dudas, voluntades y deseos de ser útil), que hay entre los talleristas.

De la aldea a la Isla
Más allá de las contribuciones íntimas, individuales, están las que ayudan “a pensar a la gente, de la aldea a la Isla, de la Isla a la aldea, sin imposiciones, sino desde el conocimiento de cada cual, de los saberes compartidos.”

Hay varios ejemplos. En Bioeco, Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad, reconocen dentro de sus resultados los aportes de la EP para la gestión de proyectos, en su mayoría en áreas protegidas, muy pobladas, donde se hace necesaria la Educación Ambiental para insertar a las personas en el manejo responsable de los recursos naturales.

Cuenta Mayelín Silot que entre los proyectos en los que más influyen están la participación comunitaria en la reserva de biosfera Baconao, la participación en el manejo de los recursos naturales, la gestión de la biodiversidad en áreas donde existen cooperativas de producción.
En Guantánamo las estructuras de gobierno local también se han apropiado de la EP y facilitan el auge de los proyectos que la ponen en práctica. Testimonio de lo anterior da Roberto Goliat, presidente del Consejo Popular No. 6 del Centro Oeste.

Para él “una de las labores del Poder Popular es la educativa popular. Mucho de lo que no puede resolverse administrativamente, se logra en el barrio, con la participación y la unidad. En nuestros procesos de rendición de cuenta, la mayoría de los planteamientos son de participación popular”.
Pero en su vida personal también hay cambios: “yo era muy rígido, incluso con mi propia hija, con mis estudiantes y mis amistades. La EP me ha hecho más sensible, más flexible, me ha servido para la comunicación con mis electores, para unirlos y darle solución, juntos, a las dificultades que se puedan presentar en el propio barrio. Si nos percatamos que con este trabajo consideramos más a nuestro pueblo y a la propia Revolución, tendrá muchos más resultados”.

La apuesta del CMMLK recoge frutos en otros espacios como la Casa de Cultura y la Facultad Agroforestal de Montaña, ambas en Guantánamo y los Centros de Superación de la Cultura de los dos territorios orientales implicados en el Encuentro. Otros educadores se animan a rediseñar sus propuestas, como ya hace María Savón con la comunidad de El Tibolí.
Los avances son innegables, el compromiso de los actores con esta propuesta alienta a nuevos sujetos que se acercan con deseos de transformarse a sí mismos y a su entorno. Pero siempre subyacen obstáculos, de los que intentan frenar el proceso. De nada vale evadirlos, hay que identificarlos para que dejen de ser una barrera y permitan divisar el horizonte, y poder otorgarle otra significación.

Mayelín considera que les ha faltado “sistematización, no por disposición de las personas, sino por la logística necesaria para continuar, porque trabajamos con las áreas protegidas, que generalmente están en las montañas y es difícil llegar allí con la frecuencia que quisiéramos”.
Y añade “me atrevo a decir que en materia de proyectos de Educación Ambiental, la EP en Santiago va bien, nuestros proyectos líderes de Educación Ambiental son conducidos por personas familiarizadas con la EP”.

Yusbelis Martí, especialista en Cultura Popular y Tradicional de la Casa de Cultura de Guantánamo, sabe que todo proceso lleva cambios y no solo a nivel físico o económico. “Hay que cambiar mentalidades y percepciones. Quizás ese haya sido el mayor obstáculo que hemos encontrado. Las personas saben que el desarrollo endógeno, desde el pueblo, desde los protagonistas, es muy valioso, pero es difícil aceptarlo por los propios protagonistas y las barreras pueden estar ahí precisamente, en la percepción que tenga cada cual de su papel y de la utilidad de estas herramientas”.

Parecía un sueño que los educadores y educadoras populares estuvieran aplicando sus saberes por todo el país, más aún que se articularan para nuevos proyectos, para crecer juntos. El encuentro territorial lo confirmó: no era un sueño imposible.

Al cierre del Taller varios participantes lo expresaron: “Hoy me he sentido como en el CMMLK. Todo ha fluido. Desafiamos el porvenir con la Educación Popular.” (María Savón)

“Ha sido todo un éxito, aunque nos hubiese gustado contar acá con los educadores de Granma y Holguín, pero no perdemos las esperanzas de que algún día podamos tener ese encuentro con todos ellos”. (Lixy E. Bychko)

“Esta idea aglutinadora ha sido un modo de establecer vasos comunicantes. Ha sido un día para revisarnos y da la medida de que tenemos que seguir haciéndolo constantemente, de hecho repercutirá en nuestro trabajo diario, porque de un modo u otro todos los días aplicamos la EP.” (Reinaldo García)

Santiagueros y guantanameros auscultaron una práctica que aspira al “saneamiento social”, así lo describió Mirna, “para cambiar las células muertas por otras llenas de vida y energía”.

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