“Nunca había sido tanta la destrucción y la estupidez de los gobiernos”: Marcos

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La rebelión que sacudirá el continente no repetirá los caminos y pasos de otras que cambiaron el curso de la historia, proclama esta noche el subcomandante Marcos en la ceremonia de clausura del Encuentro de los Pueblos Indígenas de América. “Cuando amaine el viento que somos”, agrega, “habrá un nuevo tiempo en que seremos todos los colores”.

Tras saludar en lenguas yoreme, castellana e inglesa, y tomando palabras de la tradición yaqui, Marcos manifiesta ante la concurrencia, que se ha duplicado esta noche en Vícam Estación: “Las cuatro ruedas del carruaje del dinero están rodando de nuevo sobre el camino de la sangre y el dolor de los pueblos del continente”, en la que él llama “la guerra más larga en la historia de la humanidad, que lleva ya 515 años”. La que se conmemora cada 12 de octubre.

Esta guerra reproduce ahora “los tiempos y métodos de las grandes encomiendas y las grandes haciendas, de la época en que las coronas de Europa se impusieron a sangre y fuego”. Se refiere a la represión que usa ejércitos y fuerzas paramilitares, “igual que en tiempos de la Conquista”, para eliminar poblaciones enteras.

“Sin embargo, algo ha cambiado: nunca antes había sido tanta la destrucción y la estupidez de los gobiernos, la brutalidad contra tierras y gentes”. Porque, señala el delegado zapatista, “ocurre que están matando al mundo”. Se dice que es “democracia electoral” aquello con que los “mandones” hacen el “negocio” de llevar el mundo a la catástrofe. Allá arriba “no hay esperanza para los pueblos indios”.

En este encuentro, “la memoria ha sido el hilo invisible que une a nuestros pueblos”, expone Marcos, y concentra la causa de sus luchas en una sola palabra, que viene del origen de los hombres: “libertad”. Es lo que quieren los pueblos, prosigue, “y no puede existir sin justicia ni democracia”. Confía en que habrá “un mundo sin mandones”, algo que “parece imposible” hoy.

Crece despojo de tierras, denuncian

A su vez, el rarámuri Francisco Palma lee la declaración final del Encuentro de Pueblos Indios de América. Se dirige contra la arrogancia del poder, pues el despojo de tierras y recursos de los pueblos “crece día con día”. Pero, añade, “también crecen la resistencia y la indignación de los pueblos”.

Los 570 delegados de 67 pueblos indígenas, procedentes de 12 naciones americanas, asentaron a su vez, en la Declaración de Vícam: “Somos descendientes de los pueblos, las naciones y tribus que primeramente dieron nombre a estas tierras; que nos nacimos de nuestra madre tierra y mantenemos un respeto sagrado hacia quien nos provee de la vida y nos guarda en la muerte; en consecuencia manifestamos ante el mundo entero que defenderemos y cuidaremos con nuestra vida a la madre tierra”. Se refieren al “dolor sufrido por el ataque de los invasores, apoyados en falsos argumentos de exclusividad cultural y arrogante presunción civilizatoria, con el fin de de despojar nuestros territorios, destruir nuestras culturas y desaparecer a nuestros pueblos”.

Los participantes en el encuentro proclaman su derecho histórico a la libre autodeterminación, “respetando las diferentes formas que para el ejercicio de esta decidan nuestros pueblos, según su origen, historia y aspiraciones”. Asimismo, rechazan “la guerra de conquista y exterminio capitalista impuesta por las empresas trasnacionales y los organismos financieros internacionales en complicidad con las grandes potencias y los estados nacionales”.

Expresan rechazo a “la destrucción y el saqueo de la madre tierra mediante la ocupación de nuestros territorios para la realización de actividades industriales, mineras, agroempresariales, turísticas, de urbanización salvaje e infraestructura, así como la privatización del agua, la tierra, los bosques, los mares y las costas, la diversidad biológica, el aire, la lluvia, los saberes tradicionales y todo aquello que se nace en la madre tierra”.

Se oponen “a la certificación de tierras, costas, aguas, semillas, plantas, animales y saberes tradicionales de nuestros pueblos con el propósito de privatizarlos”, y rechazan la ocupación y destrucción de centros y lugares sagrados, así como la mercantilización de su cultura. También rechazan el megaproyecto Escalera Náutica o Mar de Cortés y la construcción de la carretera costera dentro del territorio yaqui.

El encuentro ratifica su rechazo a las Olimpiadas de Invierno de 2010 “en territorio sagrado, robado a la nación Tortuga con el fin de instalar pistas de esquiar en Vancouver, Canadá”.

Denuncia que la guerra de conquista y exterminio capitalista “agudiza como nunca la explotación de los integrantes de nuestros pueblos en las plantaciones y maquiladoras, o como migrantes en ciudades o países lejanos, donde son contratados en las peores condiciones, llegándose a casos de esclavitud y trabajo forzado”.

Los rechazos se extienden a las grandes tiendas trasnacionales, “que despojan de los recursos económicos a las comunidades”, y a las políticas neoliberales, que debilitan economías comunitarias y soberanía alimentaria y causan la pérdida de semillas nativas. Se comprometen a buscar la reconstitución integral de sus pueblos y fortalecer culturas, lenguas, tradiciones, organización y gobierno propios.

“Apoyados en nuestra cultura y visión del mundo, reforzaremos y recrearemos nuestras instituciones educativas propias, rechazando los modelos educativos que nos imponen los estados nacionales para exterminar nuestras culturas.”

Se pronuncian contra “toda forma de represión hacia nuestros pueblos, expresada en la militarización y paramilitarización de nuestros territorios, el desplazamiento forzado, la deportación masiva, la imposición de fronteras para dividir y fragmentar, y el encarcelamiento y la desaparición de quienes luchan por las reivindicaciones históricas de nuestros pueblos”.

Una “presencia” fuerte es la de los ausentes “presos políticos” indígenas. Algunos enviaron saludos desde El Amate (Chiapas) y Molino de Flores (Texcoco, en particular la mazahua Magdalena García Durán). “Estuvieron” los oaxaqueños de Loxichas, San Isidro Aloapam, la organización Vocal y otros miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca; también los zapatistas presos en Tabasco, así como el líder lakota Leonard Peltier. Para todos se demandó libertad inmediata.

Los yaquis de Vícam y de otros pueblos acudieron desde la tarde en gran número a la clausura, en la cual se ofrecieron las tradicionales danzas del Venado y la Pascola. Así, cerca de 3 mil personas participaron en el momento culminante del encuentro.

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