Orgullosos alamareños. Homenaje a Benedetti

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En consecuencia, que en una de las barriadas periféricas de La Habana, como resulta Alamar, en el corredor de uno de sus soberbios edificios de doce plantas, donde confluyen los pasos de escaleras y elevadores, es casi un atentado, hacer un actito por el cumpleaños 89 de Mario Benedetti; cosa que bien se pudiera entender como un capricho. “Para algo está Casa de las Américas o la Embajada de la República Oriental del Uruguay”, podría decirse. Si bien es cierto que Benedetti anduvo y desanduvo en la primera, en la segunda nunca, puesto que así y de plano no había ninguna, y de paso no lo imagino de cónsul, a duras penas (y penando), agregado cultural.

Este 14 de septiembre (setiembre, dirían los porteños), pleno lunes y cinco de la tarde, aquellos que viven en un soberbio doce plantas de Alamar, y otros de esa díscola barriada, se fueron juntando, para celebrarle el cumplevidas al poeta. Celebrárselo ellos, por mérito propio de haberlo conocido, en las colas del pan y compartir un vinete en una guardia de madrugada en el comité (1).

Así, esos orgullosos alamareños, a falta de bandera uruguaya, colocaron un cuero que es el mapa del paisito y tiene grabado al clásico gaucho, buscaron tangos de Gardel y del exilio, se congregaron despacio, unos porque sabían a dónde iban, otros, por mera curiosidad y descubrir que el viejito, había vivido allí.

Cinco y tanto de la tarde. Siguen llegando gente. Seis de la tarde, continúan escuchando un disco con la voz de Benedetti. Seis y algo de la tarde, la comunidad se copa todo el espacio, toman las escaleras como gradas y aplauden cada vez que termina un poema.

Orgullosos alamareños, así dijera el poeta acerca de sus compatriotas, cuando salieron una noche bien de tarde a celebrar que los milicos se tenían que ir (2).

Orgullosos alamareños de aquel tiempo, son escasos los que se quedaron en la isla, pero los que estaban, eran tan uruguayos, que cuando se escuchó “Mi Buenos Aires querido”, volvieron con el dale que te diré, que si Gardel es de la Banda Oriental, no argentino.

Orgullosos alamareños, los que desde hace una semana lo fueron preparando todo, buscando un trío de cuerdas, porque bandoneón no hay. Colando un termo de café, porque la yerba mate sabe rara. Una bandera cubana, porque también ha de estar con el gaucho. Fiñes, en vez de botijas, mulatas en vez de morochas. Y un santero, vestido de blanco, para bendecir el ánima viva, de Mario Benedetti.

(1) Comité de Defensa de la Revolución, organización barrial que en Cuba llaman por sus siglas: CDR

(2) En noviembre de 1980 los uruguayos/as rechazaron por medio de un plebiscito el proyecto de reforma constitucional propuesto por el régimen de facto, dando comienzo a un lento proceso de apertura política. Dos años después se celebraron las elecciones internas y los resultados de estos comicios fueron un claro rechazo al régimen dictatorial. Era hora de regresar para una nueva etapa en el país.

por: Frank García
fotos: Carlos Castro

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