Otro mundo para Juan Sebastian

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Idania Trujillo

Se llama Oscar Martínez y es colombiano. Vive en Bogotá y trabaja en el Movimiento de Cristianos y cristianas por la Paz con Justicia y Dignidad. Detrás de su contagiosa sonrisa esconde cierta tristeza. Tal vez la de sentir una ausencia imprescindible: la de su madre, Elvia Santana, desaparecida el 10 de junio de 1997 por la violencia del ejército colombiano. “Ella era líder social, dice Oscar mientras no esconde la emoción ante la sorpresa de mi pregunta. Ella me enseñó a creer en el pueblo, me exigió respeto para ese pueblo; aprendí que me debía a él tanto como a la familia. Por eso trato de vivir en coherencia con su memoria”.

Oscar es uno de los cuarenta líderes cristianos comunitarios en procesos de cambio que durante más de una semana han estado compartiendo aprendizajes, saberes, espiritualidad y compromiso con hermanas y hermanos de unas doce naciones de América en un encuentro organizado por el Centro Memorial Martin Luther King de La Habana, también dedicado a celebrar los 50 años del triunfo de la Revolución.

“Desde hace cuatro años —explica— venimos construyendo, con otros sectores de iglesias progresistas practicantes de la Teología de la Liberación, un trabajo de articulación, de unidad, donde nos hemos planteado como iglesias dar respuestas a los problemas de hambre, guerra y exclusión que están viviendo nuestros pueblos, no sólo en Colombia sino a lo largo y ancho del continente donde hay 800 millones de personas víctimas del sistema neoliberal que se nos ha impuesto.

“Dentro del Movimiento de cristianos y cristianas por la paz con justicia y dignidad hacemos un trabajo en defensa de la vida y por la promoción de una fe con un compromiso, no una fe enajenada, aislada de los problemas que está viviendo el mundo, de las preocupaciones de los empobrecidos de nuestros días. Específicamente en el caso de Colombia hemos propiciado, desde el movimiento de cristianos y cristianas, la conformación de una coalición de movimientos y organizaciones sociales, integrada por siete sectores sociales en el cual los cristianos y las cristianas trabajamos junto a organizaciones indígenas, de mujeres, afrodescendientes, sindicalistas, campesinos… Nuestra propuesta es construir poder y acción popular para defendernos de las agresiones que se cometen contra nuestros pueblos.

¿Qué acciones concretas desarrollan?

“Como Coalición —dice Oscar— nos hemos centrado en estos cuatro años en construir, en primer término, la unidad entre las fuerzas que integran la Coalición. Lo más palpable han sido los espacios de confianza política que se han creado, en los cuales nos hemos reconocido y conocido en nuestras prácticas. Como resultado hemos logrado conformar una agenda política de unidad que parte de cuatro puntos básicos. El primero es poner a discutir todas las partes en conflicto, en el caso colombiano, es decir, el gobierno y las fuerzas paraestatales, los grupos armados y eso sin excluir a los movimientos y organizaciones sociales que son las principales víctimas de la violencia. Abogamos por una solución política al conflicto armado que ha costado muchas vidas en mi país.

El otro tema —en opinión del líder cristiano— es el ejercicio de una verdadera democracia para Colombia. “Para llegar a esa democracia —afirma— antes tenemos que hacer entre todas y todos un ejercicio de derecho, no solamente de los derechos humanos sino de los civiles, políticos, culturales, sexuales, de la naturaleza y sólo en el reconocimiento y ejercicio real de esos derechos podemos llegar a un estado verdaderamente democrático.

“Por otro lado, añade, está el tema de la tierra y el territorio pues se trata no solamente de abogar por una reforma agraria, que urgen en Colombia, sino también de saber usar de manera respetuosa, sostenible y soberana nuestro territorio, las semillas y los conocimientos ancestrales de nuestros pueblos originarios. Asimismo trabajar por conseguir modelos soberanos de desarrollo sostenible ya que los modelos económicos impuestos en mi país no responden a nuestras necesidades económicas y sociales sino a las necesidades de explotación de los poderosos, de la oligarquía nacional y los capitales extranjeros.

“Como aprecias, cada uno de estos ejes, tiene un contenido y unos desarrollos que son los que hemos ido construyendo durante estos cuatro años y nos han llevado a plantearnos el tema de acciones conjuntas. Es un proceso largo, que nos ha tomado y va a seguir tomando tiempo. No queremos precipitar nada, sino hacer en cada etapa lo que cada etapa demanda para que no ocurra lo que a otras organizaciones que aceleran los procesos sin formar y tener consciencia clara de para qué es necesaria la unidad. Nosotros estamos tratando de construir poder popular y con acuerdos políticos de las dirigencias de las organizaciones pero también de las y los que están abajo, en las bases”.

¿Cómo te defines en el plano de la fe, a qué denominación perteneces?

“Yo soy ecuménico. Profesé mi fe dentro de la Iglesia católica, pero en estos momentos tengo una posición un tanto distante de las jerarquías y el clero colombianos y, por otra parte, no comparto las propuestas teológicas doctrinales que ha hecho esta iglesia para el mundo. No creo que la verdad esté en una sola iglesia. Creo que la verdad está en todas las iglesias por eso prefiero decir que soy ecuménico.

¿Qué te ha aportado este encuentro y, sobre todo, qué acciones piensas se pueden desarrollar a partir de esta experiencia con otras y otros líderes cristianos comunitarios de varios países de América?

“Como te comenté antes he hecho una opción en mi vida: la de estar al lado de mi pueblo. Hay momentos donde la cantidad de actividades en las que participas te van erosionando, uno se va cargando y cargando y se agota, no en el nivel de compromiso sino que, por momentos, uno pierde un poco la pasión, la mística, sería la palabra exacta, para seguir trabajando. Entonces el hecho de venir a Cuba, de encontrarme con hermanas y hermanos de diferentes iglesias, denominaciones y también con el testimonio de este pueblo que es libre, soberano, que resiste, se convierte en el ejemplo de la pila recargable que me llena de nuevas energías. Me voy con un aliento renovado, con una espiritualidad recargada, porque la espiritualidad es eso que nos mueve a hacer cosas, con una mística fortalecida para continuar trabajando. Y eso se necesita y es muy importante porque tengo responsabilidades no sólo en la animación del movimiento de cristianos y cristianas sino también en el proceso de dignidad con otras organizaciones sociales y con proyectos de base que se están animando. Si ellos de alguna manera pueden sentir, vivir y expresar en acciones y en el avance de un proceso de lo que yo les comunico, eso se puede transmitir también a un proceso. De modo que esa es una de las cosas que me llevo de este encuentro. Por otra parte, valoro también que se hubieran podido escoger las experiencias de varios países donde se está dando una tendencia liberadora y donde la fe ha desempeñado un papel muy importante, donde el compromiso de las iglesias, las organizaciones eclesiales está presente en las tranformaciones que están ocurriendo en pueblos como Venezuela, Ecuador, Nicaragua.

“También —comenta Oscar— surge la inquietud de poder articularnos porque así como creo que el camino es la unidad de los cristianos y la unidad de los sectores sociales y populares para construir poder, también hay una alternativa en América Latina que es poder socializar las experiencias ya que en esa medida podemos alimentarnos, enriquecernos, unirnos, solidarizarnos todas y todos. Creo que lo más significativo de este tipo de encuentro es cómo concretar la unidad entre todas y todos pues un temor que tenemos, por la participación en tantos encuentros en tantos sitios diferentes, es no concretar nada, no salir con propuestas de articulación específicas que nos unan y animen nuestras luchas.

¿Cuéntame un poco de tí, del Oscar ser humano, sobre tu familia…?

“Estoy casado con una mujer que es líder y víctima del desplazamiento forzado y la guerra. Ella pertenece a una organización campesina de desplazados. Nuestro chiquito, de siete meses, es mi mayor pasión, se llama Juan Sebastián y es un impulso, una fuerza que me lleva a seguir trabajando para darle un mundo mejor, es decir, que a él le toque un mundo menos hostil que el que nos tocó a nosotros, por eso, porque lo amo mucho, estoy y seguiré luchando”.

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