Paisaje después de la tormenta

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…si no creyera en lo que duele, si no creyera en lo que quede
Silvio Rodríguez/

Vuelvo a Freire. Y como el Maestro digo —a propósito de los todavía latentes y dramáticos estragos que dejaron Ike y Gustav por toda la Isla—, “cada uno es un proceso y no un destino”. Y mientras se hinchan mis pupilas y suenan en mi memoria las voces de amigas y amigos queridos de la Isla de la Juventud, de Pinar, Holguín, Camaguey, Las Tunas… y tantos otros sitios, algunos recónditos, de nuestra geografía, me descubro inmensamente vulnerable, tan cercana de ellos cuanto más lejos me los puso el viento, la impertinente lluvia, la falta de electricidad, de agua, de teléfono… Ay, cómo duele el amor, cómo duelen esos /paisajes después de la tormenta/. Todo lo que ya no está (lo material: el techo, la casa sepultada, la ropa que se fue cosiendo y creció con el tiempo de los cuerpos, la cazuela donde se cocinaba la caldosa de la fiesta cederista o navideña, el árbol…) pero, sobre todo, esa foto de familia que se llevó el agua, la cama comprada para la noche de bodas, donde se hacía el amor, frenéticamente en noches de apagones; el primer libro que regaló el abuelo, los pequeños objetos cotidianos de la despensa, el poemario del mejor amigo…

Ya no hay mariposas revoloteando detrás del polen y toda el agua se desparrama sin encontrar cuenco. Y la Isla no tiene el mismo verde, ahora es un verde-gris quemado por el viento. Y el sol parece parir las mismas preguntas y algunas, solo algunas, certezas vislumbro: “No hay un dios que envía virtudes de regalo, no hay una burocracia encargada de distribuir virtudes”. Me apremia esta interrogante: ¿Podré quitarme esta rabia ante la difícil situación que crea la infelicidad de los demás? Y me descubro en otras y otros, en otras y otros rostros, manos, voces, sentimientos. Y descubro que mi /práctica/ está ligada a la necesidad de aceptar el /protagonismo de los demás/. Y me pregunto por ciertas urgencias también muy necesarias, más allá de cuanto podamos resarcir los daños materiales: ¿Cómo encontrar el modo de discutir sin temores el origen de nuestras dificultades en el coro de humanidades plurales que somos cubanas y cubanos?, sabiendo que la tarea de /reconstruir/ y /reconstruirnos/ debe superar la consigna o el vacío discurso para /re-encantarse/ en el día a día duro, difícil de una nación que a pesar y con el bloqueo acuestas, como espada de Damocles, sepa sacudirse de polvos y /re-inventar/ esa imprescindible utopía de ternura y solidaridad; pues por muy difícil que sea la realidad, siempre puede ser transformada. La historia es un proceso. Cuba, su historia y su cultura son un proceso. Si todas y todos hacemos nuestra parte, ahí donde estemos —desde el sitio más sencillo hasta el más complejo— no habrá fuerza de viento, lluvia o ciclón que pueda escamotear la transparencia de nuestra luz.

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