Palabras de Caridad Diego en homenaje a Lucius Walker

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Querido Alarcón:

Estimados compañeros y compañeras:
Estimados hermanos y hermanas:

Me han pedido testimoniar sobre Lucius, un hombre excepcional que aunque hoy no está físicamente entre nosotros, está sin embargo, presente: por su pensamiento de paz, por sus ideas de justicia, por sus acciones de solidaridad.

Lo conocí en 1993. Yo llevaba apenas unos meses al frente de la Oficina de atención a los asuntos religiosos y la noticia de la huelga de los caravanistas en Laredo para que liberaran la guaguita amarilla, prácticamente nos tomó por sorpresa, pero no fue sorpresa la fuerza con la que aquellos amigos norteamericanos mantuvieron su actitud hasta que finalmente el gobierno de su país la “liberó” y pudo llegar a Cuba convirtiéndose en un símbolo de la solidaridad entre nuestros dos pueblos. Hoy, decenas de guaguas amarillas traídas por los Pastores por la Paz como nuestro pueblo los conoce, transitan por nuestras calles.

Durante todos estos años tuve el privilegio de encontrarme con Lucius en ocasiones hasta 2 y 3 veces al año y fui conociéndolo, poco a poco apreciamos cómo su pensamiento fue radicalizándose y aún recuerdo cuando nos propuso traer una Caravana desde Miami, enarbolar como emblema un carro de bomberos y fue difícil convencerlo porque no entendía que en Cuba los bomberos son atendidos por el MININT o decir firmemente en la Tribuna Antimperialista y también en otras tribunas, que su lucha no terminaría hasta que en Estados Unidos se construyera una sociedad socialista.

Quizás uno de los momentos que más nos impactó fue durante el “Ayuno por la Vida” en 1996. Él junto a otros caravanistas durante más de 90 días ayunaron porque no se les permitía traer a Cuba más de 300 computadoras que pretendían donar para modernizar nuestro sistema de Salud, del que siempre hablaba con respeto y admiración.

Fueron días de tensión, hasta en la madrugada me levantaron en varias ocasiones con noticias sobre el ayuno. Nuestros compañeros en Nueva York y en Washington seguían con las oficinas de IFCO cada detalle.
Muchas personas de nuestro pueblo temieron por su vida y fueron también muchos los que se me acercaron para decirme que le pidiéramos que no entregara su vida en vano. Que era mucho más valioso vivo, que muerto.

Por supuesto no lo hicimos. Respetábamos su voluntad, su espíritu de lucha, su fe en la victoria y así fue. Se liberaron las computadoras como unos años antes se había liberado la guaguita amarilla.

Fui testigo excepcional cuando regresó y se le impuso por nuestro Comandante la Orden Carlos J. Finlay. Con anterioridad se le habían otorgado la Medalla de la Amistad y la Orden de la Solidaridad.

En aquella ocasión, en un pequeño grupo contó que su inspiración para mantenerse por 95 días en huelga de hambre había sido Fidel, pues había pensado en que aquel hombre con apenas un puñado de hombres había enfrentado al poderoso Ejército en la Sierra Maestra. Dijo que se inspiró en la valentía, en su inclaudicable actitud que había llevado a la victoria y que estaba seguro que en la firmeza del grupo de caravanistas también hallaría la victoria. Y así resultó. Las computadoras llegaron a Cuba y se instalaron en la red de Infomed.

Por eso cuando el pasado 1ro. de septiembre, al encontrarlo le entregué un ejemplar del libro “La Victoria Estratégica”, autografiada por Fidel lo vi tan emocionado y me dijo que él no lo esperaba y balbuceó que no era merecedor. Entonces le dije, recordando lo hecho por él, por él mismo en 1996, cuando había estado dispuesto a entregar hasta su propia vida por nuestro pueblo; ese pueblo que él hizo suyo y que se inspira hoy en Lucius, en sus ideas, como se inspiran hombres y mujeres de todo el mundo, en él y en sus proyectos, en sus aspiraciones y en sus expectativas.

Lucius Walker seguirá siendo la inspiración de todo hombre o mujer en cualquier rincón del mundo que pretenda alcanzar la justicia, esa justicia por la que luchamos no sólo los cubanos, sino en otras partes del mundo para que se haga justicia con 5 Hombres, hoy encarcelados injustamente por ese Imperio al que Lucius se enfrentó 21 veces a través de las Caravanas para traer a Cuba amor, justicia y paz, para condenar y romper el genocida bloqueo que intenta ahogar a nuestro pueblo, que intenta rendirlo, aunque no haya podido, ni podrá.

Lucius se enfrentó para traer no sólo una gran carga material, sino sobre todo una carga mucho más valiosa: la solidaridad.

Por eso quiero pensar que en la próxima Caravana, en la número 22 lo veremos descender sonriente del avión, caminar por nuestras calles, abrazar a nuestras abuelas y abuelos, acariciar cariñosamente la cabeza de nuestros niños.

Lucius está aquí, sigue aquí y estará por siempre entre nosotros.
Muchas gracias.

por: Caridad Diego, jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC)

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