Poder popular en Centro Habana, ¿de qué estamos hablando?

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Caminos

En abril próximo, Susana Acea concluirá su mandato como presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Centro Habana. A lo largo de casi ocho años se mantuvo en ese cargo, al que llegó, según considera “por la magia de la democracia cubana. Vine a una asamblea, precisamente, para proponer a un cuadro como vicepresidente, porque quien fungía como presidente enfermó. Y los delegados no estuvieron de acuerdo con la propuesta y me propusieron a mí. Yo no me lo imaginé y eso me turbó bastante. En ese momento tenía muchas expectativas. Estaba en el proceso de terminar mi doctorado y madurar algunas cosas en mi cátedra en la escuela Ñico López, que era el único lugar donde había trabajado después de graduarme de ese mismo centro. Pero me senté y dije: si ya fui elegida, tengo que enfrentar esta nueva responsabilidad.”
Los tiempos que corren para la política cubana, tanto la que se ejerce como la que emerge en disímiles imaginarios, precisan rescatar, visibilizar, dialogar con testimonios de quienes han aportado a la dinamización del poder popular desde la base, a la construcción de una cultura de participación, intentando variar mecanismos rígidos e iniciando el cambio desde ellas y ellos mismos. Como cuenta Susana: “Yo decía que tenía preparación política para entender las cosas y actuar. Conozco técnicas de dirección. Daba clases a cuadros del poder popular, lo que me servía como acumulado teórico, y además yo llevo como delegada 17 años… Yo pensé que tenía formación política, que era muy humana, comprensiva, y no. Me di cuenta que tenía muchísimas reservas, y he aprendido muchísimo, lo que más he aprendido es a ponerme en el lugar del otro, a escuchar a las personas y tener mucha paciencia para eso y no desesperarme. No me dejo defraudar tan fácilmente.”
Esta conversación, unos meses antes de terminar su mandato de siete años y medio como presidenta de gobierno municipal, deviene para mi entrevistada un ejercicio de reflexión, en el que reconstruye las estrategias para enfrentarse a un lugar como Centro Habana, integrado por cinco consejos populares con diversas y complejas situaciones sociales:
“El municipio tenía por censo en aquel momento casi 150 000 habitantes, 149 000. Hoy tenemos 140 000 por el nuevo censo, aparentemente bajamos. Pero en cada kilómetro cuadrado existen 46 000 habitantes y eso es un hacimiento absoluto. Además diariamente esa misma cifra está flotando porque Centro Habana tiene una de las arterias comerciales y de servicios más importantes de la ciudad. Todo el mundo viene a Galiano, todo el mundo viene a las tiendas, a Reina, a Colón o transita para ir a La Habana Vieja, como lo hace el turismo. Pero hay otra cuestión. El municipio tiene una población subyacente que es la familia que viene al médico y entonces está meses, el pariente que viene a traer a un muchachito para una consulta especializada. Entonces las redes hidrosanitarias, todo el sistema de servicios, está diseñado para que en Centro Habana vivieran 46 000 personas. A cada momento colapsa este sistema hidrosanitario que, junto al fondo habitacional, son los principales problemas de la población. Nosotros tenemos entre el 60 y 69 por ciento del fondo habitacional, que son 55 000 viviendas, en un estado entre regular y malo. Otro fenómeno que tensa la cuerda. Esa situación es a la que me tuve que enfrentar”.
*Sin hacer un análisis socio-histórico profundo, porque además dio antes algunos elementos, ¿cuáles han sido las causas de esta situación? *
“Una de las cuestiones es la política migratoria que fue mala y hace como diez años se aprobó una política migratoria para Centro Habana, Habana Vieja, el Cerro y 10 de Octubre para evitar que la gente emigrara para estos municipios. Es la resolución 217, que regula la entrada por cuestiones excepcionales. Antes no ocurría, y en un municipio pequeño, con una situación catalogada de mala, eso colapsó. Donde tienen que vivir diez personas hoy viven 100, que son nuestras famosas ciudadelas, edificios en mal estado. Eso también hizo que la gente para resolver su problema habitacional te ponga la barbacoa, todo eso más los años que llevamos sin que haya habido una política, ya sea por cuestiones objetivas o subjetivas, de mantenimiento a la vivienda. Eso, al cabo de los años ha creado una situación muy complicada. Somos el municipio del país con mayor número de ciudadelas, 1300 ciudadelas, de esas 600 están concentradas en Los Sitios, un solo consejo popular, por eso tiene tantas características de marginalidad…Ahí es donde tenemos mayor delito, consumo de drogas.”
Como usted ha reconocido, sabía que para mejorar o cambiar esta situación necesitaba otras herramientas, no solo las que había incorporado a lo largo de su formación…
“En el camino tuve la suerte de que como delegada provincial estaba una profesora del Instituto de Filosofía, era Georgina (Alfonso), y pocas veces encontramos personas que se metan de primer plano en la comunidad. Dije con esta muchacha podemos lograr traer la ciencia para un lugar tan complicado, porque no se puede dirigir una situación de este tipo solo con lo que te dicen allí los superiores.
“Para tu llegar a lo social tienes que resolver un problema de base que es la vivienda, pero yo me preguntaba: ¿y la gente que nace aquí en Centro Habana tiene que esperar a tener vivienda para tener otra conducta? Y apelé a la alianza con las universidades, con Galfisa, el CIPS y con la cultura. Me entrevisté con Abel Prieto, ministro de Cultura en aquel momento, porque aquí hay un potencial cultural grandísimo y empezamos a potenciar eso. Me reúno dos veces al año con artistas y gente de la cultura para pedirles llevar esa creación al barrio. Pero el mejor proyecto que logramos fue el de Galfisa. Georgina trasladó el grupo para acá. Hoy Colón (otro consejo popular del municipio) necesita de ese grupo. Ellos dicen que el proyecto finalmente triunfará cuando Colón no los necesite. Ahora está el grupo Alma Mater, de muchachos de la Universidad, sobre todo de Derecho. Te imaginarás que hay lugares donde viven treinta y tantas personas, en un cuatro por cuatro, y con muchos conflictos. Ellos tratan esos conflictos. Ahora estamos haciendo una fundamentación en el desarrollo local para que nos den una excepcionalidad y que todas las entidades enclavadas en el territorio nos den un por ciento y por esa vía mejorar la situación. Pero no podemos esperar a que eso suceda, tenemos que seguir formando”.
C*on Galfisa se hicieron numerosas acciones, corte de mujeres, talleres por consejos populares para trabajar el tema de la diversidad, encuentros sobre cooperativismo, entre otras. ¿Qué resultados dejaron? *
“Muchas de esas personas que han participado en talleres formativos se han convertido en mi grupo asesor…Además nos dieron técnicas y métodos distintos a lo que estamos acostumbrados a hacer. Eso lo aprendimos. Yo tenía otro problema que me voy sin resolverlo, pero tengo conciencia de que hicimos cosas y todavía nos falta otro trecho. Nosotros decimos que el poder popular es el poder del pueblo. Le dije a Georgina que necesitaba reunirme con el pueblo de Centro Habana, pero no desde un criterio demagógico, yo quiero que sea por grupito para conversar con las personas de todas las edades. Y ahí salieron cosas maravillosas, sobre todo lo que dijeron los jóvenes. Mira, los jóvenes no saben qué cosas es ser gobierno, qué cosa es el poder popular, que ellos tienen el poder.
“En esos espacios con el Instituto de Filosofía, yo decía: aquí estamos entre cubanos para resolver problemas, pero yo no puedo tomar decisiones en mi oficina, y los documentos rectores de este país me dicen que es el pueblo el que debe hacerlo y yo no sé cómo consultar al pueblo…Yo quiero que ustedes me digan qué hacer y eso nos dio un resultado…Me hizo confirmar más lo que decía: hay que acercarse a la gente.
“Los cinco consejos populares, si los comparamos con otros, hemos logrado que sean un poco más despiertos. Tú me preguntas hoy el grado de satisfacción que tengo en esto y no es ni medio, porque todavía no se ve el consejo popular como el lugar ideal y permanente para que la gente vaya, o ir aquí al gobierno, y plantear sus problemas y pedir un despacho, pero no solo para decir que la casa se le está cayendo sino para decir: yo he pensado mucho sobre este problema…Y me queda todavía la idea de hacer una asamblea pública, la asamblea luce mejor si la hacemos así. Habrá que ver qué tema llevamos. Si la hago aquí en medio del Curita (se refiere al parque Curita, frente a la sede del gobierno) a lo mejor no podemos llevar un tema que cree más rollo, porque hay que ir poco a poco, pero hay que hacer la asamblea pública y hay que hacer las reuniones del consejo popular públicas. Ya yo logré que sacaran las asambleas del consejo popular para la calle y lo preparamos. Les digo a mis delegados: pongan un buen audio y tienen que prepararse para escuchar cosas a las que ustedes no están acostumbrados. Y además: o la haces pública de verdad o no la hagas porque si es de mentira, no lo hagas. También tenemos un inconveniente porque no podemos ser ilusos. Hay que tener formación. Hay cosas que dependen de la formación de la gente…En el perfeccionamiento del poder popular esto hay que trabajarlo más”.
*En ese sentido, ¿cuáles fueron los principales aportes de su tesis doctoral, de la investigación sobre el poder popular y participación que hizo junto al Instituto de Filosofía? *
“Hice una Investigación-Acción-Participación, porque yo formaba parte y sistematizaba el proceso. Cuando empecé los talleres, sobre todo con los jóvenes, me demostraron cosas con las que se puede perfeccionar la labor del poder popular y los significados de la gente sobre el poder popular para la gestión de gobierno. Dejamos bien claro qué necesitábamos interpretar, teorizar sobre estas cuestiones.
“Habla de cómo hacer un buen proceso de rendición de cuentas…porque el problema es que no se hace interesante el espacio, es muy mecánico. Nosotros podemos hacer que tú digas cómo quieres el parque y se te escucha y después tener un mecanismo, que no es el de explicarte que no puede ser así. Nosotros arrastraremos gente cuando sienta que lo que dice se tiene en cuenta. Tiene que haber un grupo, un equipo y yo no lo pude lograr porque pasaba hasta por el problema de salario, que tiene el pensamiento más estratégico y encauza estas propuestas de la gente. En el poder popular lo que existe es que viene el planteamiento, el consejo de la administración lo recoge y te responde casi seguro que no es posible porque no están los recursos. Y por qué no se dice: trae para acá al que hizo el planteamiento que seguro tiene más que decir sobre ese asunto, o vamos a pensar juntos sobre la solución. Si la gente sigue enajenándose de los procesos es muy complicado con el tiempo solucionar esto. Y no es que la gente no le interese es que no ve el escenario. Eso es lo que no falta.
“Nosotros pudiéramos hacer muchísimas cosas más. Hay un elemento que es la provincia, hay que seguir pensando de qué manera puede existir, pero sin el tutelaje que mata la creación. Es el mecanismo que está diseñado, es un hábito que tenemos que superar. La ley de los consejos populares da una autonomía también para enfrentar algunos procesos en el territorio. Casi nadie lo hace en el país y eso hay que enseñarlo.
A mí me llevó a decir que es posible cuando empecé a hacer esos talleres, y ver que la gente entonces por esa vía se apasiona porque tú lo tienes en cuenta, porque dialogamos y no es de mentirita”.
La presidenta es incansable. El reloj marca las 9 de la mañana, pero hace algunas horas comenzaron sus encuentros con diferentes equipos de trabajo. “Los del Luther King me dicen que si me voy y todo esto se cae entonces no sembré”, me confiesa con cierta preocupación, aunque el optimismo no se le desdibuja del rostro en ningún momento. En este último tiempo ha sido más intensa la participación de delgados y otras personas de Centro Habana en talleres de educación popular y trabajo comunitario, en temas de cooperativismo, en el Centro Martin Luther King. Por cierto, para ser más fiel a lo sucedido ese día, habría que decir que Susana me recibió con varias tablas sobre las 27 cooperativas aprobadas en el municipio y aún sin haberme presentado, me dijo:
“Mira estas tablas. Esto de crear el concepto de economía solidaria se puede ir logrando. Pero el tema decisivo es la formación, tanto de los socios, como delegados y entidades.” Y habló de los esfuerzos que ella ha impulsado, y del apoyo que todavía deben dar los distintos organismos a estas iniciativas.
Casi al finalizar la entrevista, le pregunto sobre qué ha significado, como mujer, asumir estas responsabilidades y haber dejado tantas contribuciones.
“Es verdad que para estas tareas uno tiene que hacer sacrificios en el plano personal, familiar, pero si a mí me dijeran mañana: vas a ser presidenta, yo lo aceptaría con mucho más regocijo, y si me dicen de Centro Habana, mejor… Hay muchísimas cosas que hubiera querido hacer, pero no me siento una persona derrotada. Sé que hay muchos factores que están alrededor del poder popular. Hay que crear una cultura, no solo en el poder popular, sino a su alrededor. El poder popular solo tú no lo puedes sacar y cambiarlo, para que cambie tienen que cambiar muchas cosas.
“A mí me parece que ser mujer, sin tener un excesivo feminismo, facilita la comprensión, eso habría que estudiarlo, pero tengo mis compañeros hombres y los veo más concentrados en la cosa administrativa y tal vez no se detienen tanto en cómo llegar en el proceso. Y a mí me gusta que se resuelva el problema, pero también cómo lo resolviste, la forma en que se llega para mí es muy importante, cómo se sintió la gente, qué dijo, si le consultaste, cómo puso la cara. En la capital hay cinco mujeres que son presidentas, pero todavía somos insuficientes. Hay que seguir luchando.”

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