Premio Memoria: La creación en la voz

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Desde que en 1996, el Centro Pablo de la Torriente Brau, tuvo la pertinente idea de crear el Premio Memoria mucha agua y también nueces han caído. Y aunque lo diga en tono que parece broma, la cosa es bien seria si tenemos en cuenta que unos 300 proyectos testimoniales y de Historia Oral han sido presentados, de ellos 61 premiados, y 17 ya se encuentran en manos de los lectores cubanos en formato de libro.

Datos aparte, lo más importante del Premio Memoria —una contribución a la promoción de la literatura testimonial que se hace hoy en el país, y no sólo desde la capital— es el hecho de su propia existencia, de haber creado un espacio para que autores y obras sean conocidas por el público tanto cubano como extranjero; además de la calidad de la gran mayoría de los proyectos presentados cada año, no sólo por la variedad y riqueza de sus temáticas —culturales, sociales, artísticas, históricas, etnográficas— sino también por la utilización de la fuente oral como herramienta de imprescindible valor.

Muchas han sido las miradas y los soporte creativos desarrollados por los investigadores para acercarse a la narrativa testimonial, pero tal vez, la más frecuente es la historia de vida, una intensa y elaborada indagación de experiencias humanas en las que confluyen voces individuales y colectivas.

Para quienes defendemos la Historia Oral como metodología creativa de inagotables posibilidades, resulta importante la existencia del Premio Memoria pues reivindica una disciplina —en ocasiones, subvalorada— que permite profundizar en la interioridad de los seres humanos expresada y vivida a través de mediaciones psicológicas, sociales y políticas, y donde individualidad e historia dialogan y reflexionan.

Cualquiera sea su acercamiento, la mirada a los temas desde la perspectiva de la Historia Oral, es siempre interdisciplinaria desde la antropología y sus historias de la cultura, desde la sociología como una aproximación de comportamientos sociales, desde el periodismo como construcción de una realidad, y desde la literatura como escritura totalizante. Ahí están los textos de Silvina Testa Como una memoria que dura; Memorias de una habanera del Cerro, de Sonnia Moro, El rosario mágico de la Novoa, de Mercedes Santos Moray; El polaquito, de Jorge Fuentes, El canciller, de Manuel González Bello; La imaginación contra la norma, de Julio César Guanche; La calle de los oficios, de Yamil Díaz y Bajo la piel del Che, de Alicia Elizundia, entre otros.

El Centro Pablo desde su Programa Memoria, no sólo ha creado este espacio para la promoción del género testimonial sino que ha logrado que investigadores, periodistas, sociólogos, historiadores, escritores se entusiasmen con la idea de presentar proyectos relacionados tanto con nuestra historia pasada como con temas de actualidad.

Como lo indican las bases de la convocatoria del Premio Memoria, los participantes pueden presentar proyectos de investigación testimonial y de Historia Oral en tres grandes áreas temáticas: Ecos de la República, La creación en la voz y Las voces que nos rodean. Incluirán, asimismo, una descripción del tema propuesto y una fundamentación de su trascendencia cultural.

Para ver texto de la convocatoria visite:
http://www.centropablo.cult.cu

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