RACISMO: La hora de la acción

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Gustavo Capdevila

El texto final, que también elimina aspectos controvertidos como las referencias a la difamación de la religión, omite cuestiones incorporadas a la Declaración y Programa de Acción de Durban, aprobada en 2001 en esa ciudad sudafricana y que crearon polémicas, tal el caso de las citas a los sufrimientos de la población palestina y al conflicto de Medio Oriente.

Por ese motivo, Estados Unidos e Israel abandonaron entonces la conferencia de Durban y estuvieron ausentes ahora en Ginebra.

En una conferencia de alta tensión política, como la finalizada este viernes en esta ciudad suiza, todos los grupos regionales y políticos hicieron concesiones para llegar a la adopción del de la declaración por consenso.

Esas muestras de flexibilidad resultaron dificultosas, describió la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la sudafricana Navi Pillay. Por ejemplo, los países árabes aceptaron que las cuestiones de Palestina y de Medio Oriente fueran omitidas, dijo.

Sin embargo, esos dos puntos continuarán en los programas de lucha contra el racismo de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), porque ya figuraban en las resoluciones en Durban, que ahora han sido “reafirmadas” en el primer párrafo de la declaración adoptada en Ginebra, aclaró.

Pillay subrayó que la Organización de la Conferencia Islámica se mostró también cooperativa en la búsqueda del consenso, mientras que africanos, europeos y otros grupos hicieron igualmente concesiones, de mayor o menor grado.

Empero, esas flexibilidades desaparecieron cuando se discutió la inclusión de una referencia a la discriminación de personas a causa de su orientación sexual. En particular, los países de América Latina y el Caribe y las entidades de la sociedad civil de esa región habían reclamado la inclusión de un párrafo sobre el tema que toca entre otros a gays y lesbianas.

El relator especial de la ONU sobre formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, Githu Muigai, dijo a IPS que esas personas podrían ser amparadas por el párrafo 85 de la declaración que “observa con preocupación el aumento de los casos de formas múltiples o agravadas de discriminación”.

La declaración favorece la participación de las organizaciones no gubernamentales (ONG) y de la sociedad civil en la lucha contra el racismo.

Sin embargo, en un punto declara preocupación por la situación precaria tanto de los defensores de los derechos humanos y de las ONG, incluidas las que combaten el racismo.

En otro párrafo, acoge complacida el apoyo financiero que los estados otorgan a los proyectos de la sociedad civil para la lucha contra el racismo.

Con relación a los pueblos indígenas, el documento saluda la aprobación de la declaración de la ONU sobre los derechos de esas comunidades, un texto que todavía se discutía trabajosamente cuando sesionó la conferencia de Durban.

Respecto del tema de la difamación de la religión o la blasfemia, los párrafos de condena han desaparecido de la declaración pues se entiende que las formas de incitación al odio racial y religioso quedan regulados por los instrumentos legales existentes.

Muigai precisó que esos tratados son el Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, uno de los pilares del sistema de derechos humanos, y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial.

No necesitamos más leyes. Lo que hace falta ahora es acción, más aplicación de la ley y aún más influencia de las normas internacionales sobre los ordenamientos jurídicos nacionales, dijo el experto.

La cuestión de difamación de la religión tomó cuerpo cuando por los países islámicos se extendió una protesta a causa de la publicación, en un medio periodístico de Dinamarca, de caricaturas de Mahoma.

Durante el debate de la declaración adoptada esta semana en Ginebra, la Unión Europea sufrió una escisión en el campo de los derechos humanos, pues algunos países, como Alemania, República Checa, Holanda, Italia y Polonia desertaron de la conferencia. En cambio, Dinamarca, que había sido sacudida por el incidente de las caricaturas, participó del consenso con el resto del bloque.

En relación con el episodio de las caricaturas, Muigai subrayó que la declaración sostiene con claridad que la libertad de expresión es un derecho fundamental y determinante para toda sociedad abierta y democrática.

Un tema descartado en la declaración es el de las reparaciones a las víctimas del colonialismo y la esclavitud, reclamado en particular por los países africanos y por las organizaciones y comunidades de afrodescendientes de América. Europa y Estados Unidos.

El proceso de redacción del documento y en particular esta semana de sesiones de la conferencia mostraron diferencias profundas y por momentos ásperas entre regiones y países,

Los momentos más candentes se vivieron el lunes, en la jornada inaugural, cuando habló el único jefe de estado participante, el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad, quién fustigó al sionismo y a Israel. Durante su discurso y en días sucesivos, militantes de ONG judías protagonizaron incidentes leves en la sede la ONU.

Las manifestaciones de Ahmadineyad, que no fueron contundentes negaciones del Holocausto judío como otras veces, merecieron reprobaciones del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y de Pillay.

La alta comisionada sostuvo que hubo una campaña para acabar con la Conferencia, lo que determinó a algunos países a boicotearla. La funcionaria habló de una campaña de desinformación pues mucha gente, incluidos algunos ministros, llegaron a firmar que la Declaración de Durban de 2001 era “antisemita”.

Esa declaración expresa en un párrafo que “el Holocausto nunca deber ser olvidado” y agrega otros dos párrafos donde denuncia “el antisemitismo y la islamofobia”, resaltó la Pillay.

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