Reflejos de un taller

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María de las Mercedes Rodríguez Puzo

Discúlpenme por no hacer una noticia, pero no hallé otro género periodístico como el comentario para hablar del Taller Básico de Concepción y Metodología de la Educación Popular 2013, realizado del 3 al 8 de febrero en la sede del Centro Memorial Martin Luther King Jr.
A él llegamos participantes con expectativas muy distantes de lo que nos encontraríamos. Buscábamos al profesor típico bancario que nos dictaría la metodología y las herramientas para mejorar el trabajo en nuestros proyectos individuales. Sin embargo, hallamos un centro con las puertas abiertas, donde la frase “Pase, su cuarto es tal número” asombró a muchos, mas ahí no quedaron las sorpresas.
Los coordinadores, jóvenes y dinámicos, aunque Jesús peina ya algunas canas, nos recibieron con un brindis. Así empezó el camino hacia la Educación Popular, sin darnos cuenta que también sería la ruta para el encuentro con uno mismo. ¿Quiénes somos? y ¿a dónde vamos? pasaron como preguntas intrínsecas durante el taller.
La conferencia magistral de la Dra. Raquel Suárez constituyó un momento trasgresor, mostrándonos cuán domesticados y esquematizados estamos, lo que nos impide aprovechar y defender cada pequeño espacio de poder.
Los primeros días la lectura y el debate grupales resultaron complejos. Las personas más elocuentes se adueñaron del mando y la palabra; otros, en los que he de incluirme, optamos por “enajenarnos”. En algún momento la situación cambió, tal vez fue con la dinámica de identificación, me parece que justo ahí nos tornamos actores, actoras de nuestra propia emancipación y reconocimos que al final no somos tan diferentes. ¿Una lección? La intolerancia lacera en demasía.
Luego vino Paulo Freire, el pedagogo brasileño, con invitaciones a la reflexión: “La mejor manera de acercarse es distanciarse”. “La única forma que tenemos de enseñar es amando”. “Mi voz no tiene sentido sin la voz del grupo”; y “o somos un poquito locos o no haremos nada”.
Lágrimas, risas, abrazos, gruñidos, ojos torcidos, manos consoladoras, algunas palabras de enojo y otras de amor marcaron el camino para que podamos escribir desde la Educación Popular nuestra historia, que es a la vez la historia de Cuba, Colombia, Nicaragua y Mozambique-países representados en este taller básico-, pensando siempre en que “Uno elige la mirada que le quiere dar al mundo”.

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