Reinventar las maneras de hacer política

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Yohana Lezcano Lavandera

Para sumario: Los jóvenes mexicanos impulsan hoy la lucha social contra los partidos políticos corruptos y frente a la mercantilización de la vida en el capitalismo. Nuevos modos de hacer y vivir la política se alzan frente a un sistema hegemónico que se tambalea.
En mayo del pasado año, 131 jóvenes de la Universidad Iberoamerica de México mostraron sus rostros en un video colgado en You Tube para identificarse como estudiantes independientes en contra de la imposición mediática del presidente recién electo Enrique Peña Nieto. Algunas horas después, la red social Twitter devino escenario idóneo para el apoyo masivo a esta iniciativa universitaria. “Yo soy el 132, porque también soy un sujeto consciente y porque mi sentir es el de la sociedad mexicana toda”, fue la esencia de los miles de mensajes repetidos incesantemente.
Así surgió un movimiento pacífico, democrático, inclusivo, que hace frente a la enajenación comunicativa. Sobre sus modos de lucha y los desafíos cotidianos que enfrenta, conversamos con Diego Ugalde Dehaene, uno de sus representantes por el estado de Querétaro, en ocasión de celebrarse el X Taller de Paradigmas Emancipatorios, en La Habana.
Yo Soy 132 constituye para muchos el renacer de una conciencia emancipadora en la sociedad mexicana con los jóvenes como protagonistas, ¿cómo lo percibes tú desde tus vivencias?
En México se ha vivido durante mucho tiempo un creciente deterioro de todas las organizaciones, de todos los partidos. Los jóvenes estábamos hartos, aburridos de la forma de hacer política en nuestro país. Esta situación tan crítica era muestra inminente de que algo iba a pasar, pero no sabíamos dónde ni cómo. De repente llegó una revolución y ocurrió en el lugar más inesperado, en una universidad privada, de élite, extremadamente cara y de formación jesuita.
El 132 puso todo patas arriba, como hacen las revoluciones, pero nos dio fuerza para demostrar que la juventud sí puede incidir en la construcción de una sociedad mejor.
Yo lo siento como un aliento de frescura, es como un viento que nos levantó a todos y cambió nuestra imagen del mundo y nuestra forma de relacionarnos.
Nos comprometimos a luchar con las ideas críticas que teníamos de antemano, como jóvenes que habíamos leído, que estábamos formados, que teníamos memoria histórica en un país donde hay amnesia colectiva.
Fue una sorpresa para todos, fue una forma nueva de hacer todo, de romper las barreras que existían entre universidades públicas y privadas, entre la provincia y la capital, entre jóvenes y mujeres, entre nuevos y viejos luchadores sociales.
¿Cuál es el principal aprendizaje que has incorporado como 132?
He aprendido a hacer política como algo divertido, espontáneo, que puede ser improvisado, que no se tiene que planear con protocolos ni burocratizarse.
Nosotros decimos que una asamblea no tiene que ser aburrida, sino que es una oportunidad de escuchar muchas voces y que ninguna voz es más importante que las otras, de ahí la necesidad de reconocernos en el otro, de acercarnos a la gente con la que no nos relacionábamos antes. También planteamos que la rotatividad de voceros es vital y que la horizontalidad no es solo deseable sino absolutamente necesaria.
En esta frescura del movimiento se reinventan continuamente los términos, no usamos las viejas expresiones anticapitalistas, no porque sean falsas o malas, sino porque ya se vaciaron de sentido, por haberse usado y desgastado durante tanto tiempo. Por eso todos los comunicados del 132 intentan ser poéticos de alguna forma.
La comunicación en el ciberespacio fue aprovechada como principal recurso político en los inicios del movimiento, ¿cómo consolidar esa lucha social en la Red de redes para transfigurarla en acción off-line?
Las redes nos sirvieron para articularnos, para ganar en organización, para en pocas horas lograr colocar un trend topic en Twitter y acallar las grandes campañas de los políticos.
Una de las demandas de Yo Soy 132 es Internet libre y gratuito para todos y en todos los espacios, porque es un derecho a acceder a una forma de comunicación democrática, pacífica y sana. Internet está en todos lados y no es que alguien pueda tomarlo y vendértelo, es algo casi tan absurdo como embotellar el agua pura, algo que se hace hoy en todo el mundo.
Si no liberan el Internet vamos a hablar de todos modos en nuestras calles y en nuestras casas. Los ciudadanos estamos ahí y vamos a hablar de lo que nos interesa pase lo que pase.
¿Cómo el Diego titiritero se complementa con el Diego político?
Soy titiritero hace diez años y como artista siempre he tenido estas inquietudes críticas. Pertenezco a una asamblea nombrada Artistas aliados 132, y a los que somos miembros de ella en muchas partes de México nos interesa usar el arte y la cultura dentro de la lucha.
Pero en ese empeño corremos riesgos, uno de ellos es que a los artistas nos agarren para amenizar eventos por ser simpáticos. Y es que no somos artistas solo para alegrar los discursos de la izquierda, ese no es nuestro rol.
Por eso reivindicamos que hacer arte en el espacio público crea comunidad en un modo político. Ahora bien, no necesariamente dentro del arte debe haber un mensaje político radical. No se trata de que mis títeres hagan una asamblea y digan “¡qué bonita es la democracia!” sino que desde el sencillo hecho de realizar una obra en la calle y no en un teatro ya estoy haciendo un comentario sobre la muerte de los espacios cerrados para el teatro, o sobre la falta de políticas culturales, o sobre la necesidad de reconectarse con la gente. Y eso también es hacer política.
El 132 es un movimiento aún muy joven, ¿a casi un año de surgido, qué caminos les quedan por andar?
Ahora el movimiento transita una etapa de reflexión, de articulación y de redefinición de los objetivos porque el 132 se solidarizó con todas las luchas absolutamente, pero nos resulta un poco difícil llevarlo todo al mismo tiempo y hay un acuerdo general de aunar nuestras fuerzas en contraponernos a la comunicación hegemónica y por la democratización de los medios. También tenemos que alcanzar una mejor organización interna y recrear el sentimiento colectivo desde la pluralidad de las voces.
Aunque después de la toma de posesión del presidente el movimiento no goza de los mismos números de aliados, pretendemos articularnos a nivel nacional y fortalecer los vínculos con los movimientos sociales de otros países. Todo ello en función de continuar siendo una amenaza de cambio para los poderosos y para que puedan existir primaveras como estas en todos los lugares del mundo.
No sabemos exactamente cómo se construye la democracia auténtica, pero nuestro objetivo es descubrir cómo hacer política, haciéndola, y le estamos echando todas las ganas.
El capitalismo se volvió viejo y frente a una juventud fresca, veloz, se les ve tambalearse. Eso nos indica que hay una esperanza.

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