Reparadores de sueños en el centro de La Habana

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Un Chevrolet del 59, pasa rutinariamente, ida y vuelta, por las calles y los barrios que conforman el municipio Centro Habana. A través de la ventanilla y bajo los rayos fuertes del sol del Caribe vemos la vida pasar, persona por persona, casa por casa, y sentimos esa armonía típica de nuestra ciudad –como el equilibrista en la cuerda floja– pero también el espíritu único de los barrios que conforman este municipio: Cayo Hueso, Dragones, Colón, Sitios; con sus historias, sus sueños, sus luchas y dolores. Es en la celeridad del instante donde sentimos la magnitud del día a día.

Este es uno de los municipios que más problemas sociales enfrenta. En uno de sus Consejos Populares: Colón, viven 43 habitantes por metro cuadrado, de los cuales 15 mil no están registrados y 4 mil están desvinculados del sistema laboral. El 30 por ciento de los edificios se encuentran en estática milagrosa y el número de ciudadelas/solares es de 325. En el 2009, este Consejo Popular ocupaba el primer lugar en casos de delito.

Para la erradicación de estos problemas trabajan sin descanso hombres y mujeres, vecinos, trabajadores y estudiantes vinculados a proyectos comunitarios como el Taller de Transformación Integral del Barrio y las nueve Comisiones Permanentes de Trabajo de la Asamblea Municipal en los sectores de salud, medio ambiente, economía, legalidad y orden interior, órganos locales, distribución y servicios, redes técnicas, construcción y vivienda.

Cuando se habla de pueblo la vía no puede ser una sola y los métodos no pueden estar en las alturas, por ello este 9 de abril, profesores, instructores de arte, estudiantes, policías, delegados, presidentes y vicepresidentes de los Consejos Populares, delgados provinciales y diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular de Centro Habana, abordaron un tren de formas geométricas diversas en un ejercicio de búsqueda de nuevas ópticas y rieles para el trabajo comunitario.

El debate giró en torno a la labor del delegado como figura representativa local del gobierno, a la vez que probaba en demasía que todos somos el gobierno. Destacaron necesaria la mayor participación en las actividades de los consejos populares como barrios debates, audiencias publicas, intercambio con los diputados y delegados y trabajo comunitario integrado como vía para lograr una articulación entre los órganos del gobierno y el pueblo –articulación que se basa en el fomento del diálogo y la confianza, el conocimiento de la realidad, el intercambio de experiencias y el reconocimiento de nuevas, la correspondencia de acciones, la inclusión del arte y la cultura, y el rescate de las tradiciones y la memoria local. Las palabras de orden fueron: solidaridad, compromiso, diversidad, integración y perseverancia.

Los jóvenes demostraron que no por menos años, se tiene menos saberes que ofrecer. Pudimos escuchar el testimonio de un profesor de Educación Física, para quien el trabajo con la niñez es una alegría y no es, de modo alguno, un peso. Se escuchó la voz de una estudiante de Secundaria Básica que no solo cantó sino también propuso El lápiz de un instructor de arte dibujó sobre el papel en blanco un árbol lleno de frutos, como quien amasa sueños.

La solidaridad se engrandeció sobre las diferencias, tanto de palabras como de uniformes, y en un pizarrón en blanco se materializó la esperanza de quienes luchan día a día contra la droga, la prostitución, la violencia, la pobreza, la delincuencia, en fin, por la vida con derecho al protagonismo popular en la gestión de gobierno.

Estos tiempos de cambios económicos imponen también cambiar nuestra forma de pensar para bien, mientras nos enfrentamos a nuestros demonios internos y externos con el trabajo mancomunado y la construcción de otro mundo con formas geométricas diversas y flexibles.

En ese viaje a la raíz, donde lo más profundo es el pueblo, encontramos la mayor riqueza de Cuba: su gente. Y especialmente en esos hombres y mujeres que saben aunar lo individual con lo colectivo y hacer viable esta vida. En esos seres que cantan a una voz y que saben confiar y construir desde lo más simple. Estos encuentros y planes demuestran que la fortaleza de un poder popular verdadero pesa más en el devenir de un pueblo que las ruedas de miles de tanques sobre el asfalto.

por: Carla Valdés León

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