Reverencia de Cuba a la ética y la vida

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Miriela Fernández Lozano

Tras sus palabras, los aplausos le rodean. Cuando el reverendo Raúl
Suárez habla emociona, estremece, sensibiliza. El resultado es la
espontaneidad del compromiso que emerge en consignas y cantos. No fue distinto este miércoles, en su recorrido por la Escuela Nacional
Florestan Fernandes del Movimientos de los Trabajadores Rurales Sin
Tierra (MST), ubicada en Guararema, Sao Paulo. Ante estudiantes del
curso de formación de formadores y del posgrado en teoría política,
Suárez dejó un tierno mensaje de solidaridad y responsabilidad con el
socialismo.

Traigo un mensaje del pueblo de Cuba y de nuestro Centro, que no puede
ser otro que el del compromiso revolucionario, socialista, internacionalista, anticapitalista y antimperialista. En estos momentos, a veces en nombre del marxismo, se hacen críticas a Cuba, y se ve lo que acontece como una traición. Lo que se hace es reorientar su economia a la luz de la realidad específica de nuestro pueblo.

Renunciar al socialismo sería una traición histórica a los que han
luchado y al propio pueblo, que ha señalado errores y tendencias
negativas, pero no ha reunicado al socialismo, expresó Suárez.

Parte de la coordinación pedagógica de la Escuela lo acompañó en su
recorrido. ‘es un proyecto que dará muchos frutos”, dijo al conocer la
historia de la construcción de esta universidad de los movimientos
sociales latinoamericanos, inaugurada el 23 de enero del 2005 y en la
que han estudiado más de 20 000 militantes de organizaciones de toda
la región. A través de una campaña del MST, se hizo realidad este
proyecto que contó con el apoyo de prestigiosos intelectuales y
artistas de izquierda, entre ellos, el fotógrafo Sebastian Salgado, el
cantante Chico Buarque y José Saramago, ese autor imprescindible que
dijo de múltiples formas que “quienes son sometidos a morir de hambre
consiguen alimentarse de dignidad.”

En su saludo a los jóvenes, Suárez, seguidor de las ideas de educación
popular de Paulo Freire, expresó que “como cubano, cuando uno se
ecerca a este lugar, siente un espiritu que nos habla sin palabras de
mucha fe y esperanza. Uno reafirma lo que esta Escuela significa desde
su comienzo hasta hoy”, y se detiene, en la misma posición
contemplativa que, minutos atrás, asumía ante la foto inmensa del
sociólogo y luchador Florestan Fernandes o las diversas imágenes que
conformaban la exposición sobre la Comuna de París, instalada en una
de las salas de este centro formativo del MST.

La religión, hubo momentos, nos quería imponer una ideología
colonizadora, que me llevó a una contradicción existencial, explica a
los muchachos. Por mi origen, estuve, desde el triunfo de la
revolución, con los principios que proclama. Yo era un Sin Tierra en
Cuba, claro, sin la organización que ustedes tienen –bromea, y luego
argumenta que fue ese sentimiento lo que lo colocó al lado del cambio
impulsado por el proceso cubano.

Relató la visita que como diputado hizo recientemente a una escuela
cubana de educación especial en Jaguey Grande: “Habia 37 niños,
atendidos por 53 personas. Y eso lo que muestra es el amor al prójimo
y la centralidad del ser humano que defiende la revolución en Cuba. El
socialismo es esencialmente un proyecto ético. Cuba ha dado lo que no
ha tenido a los pueblos de América Latina y África y eso no lo vamos a
traicionar.”

Y terminó pidiendo, luego de recordar aquella frase de que la
solidaridad es el alma de los pueblos, que desde América Latina esta
“sea cada vez más militante, más comprometida y más definida con el
pueblo cubano”.

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