Romero para América Latina y para el mundo

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La noche en que fueron asesinadas por bandas paramilitares las monjas y los sacerdotes jesuitas en San Salvador, dicen que por la violencia de la acción cayó al suelo en medio de un charco de sangre de uno de los mártires el libro El Dios Crucificado. Ese libro en memoria de los mártires con la mancha de sangre aún visible, permanece en el lugar del asesinato.
El libro enfatiza que Dios en Jesús Cristo está en los que sufren porque él también sufrió en la cruz.

El Dios crucificado estaba allí junto al pueblo crucificado al decir de uno de ellos Ignacio Ellacuría. El Dios crucificado estaba junto a los mártires crucificados. El Dios crucificado estaba junto al Obispo crucificado por su Pueblo.

El Obispo, siervo de Dios, que supo leer las señales de los tiempos. Que respondió al llamado de Dios para defender a su Pueblo en medio de su sufrimiento ante aquellos que crucificaban a su Pueblo y a él.

El Monseñor que se dejó llevar por el Espíritu de Dios a pesar de las estructuras humanas de poder eclesiales y políticas, en defensa de los más débiles y los hacedores de justicia.

El Dios crucificado es el mismo que el resucitado. El que venció a la muerte para dar esperanza a los que hoy sufren como Pueblo crucificado en América Latina y en el mundo. Dios que se compromete, sufre y da esperanza a los millones de niños víctimas de las injusticias, de la esclavitud en nuestro continente. La voz de Monseñor Romero se levanta junto al Dios que obedeció, clamando justicia, pidiendo nuestro comprometido a favor de la justicia, pidiendo que seamos fieles discípulos de Jesús.

Monseñor Romero es ejemplo para todas y todos los cristianos de la fidelidad y la lealtad del discipulado. Es ejemplo del discipulado que obra a favor del Pueblo Crucificado por la injusticia, que reina en este mundo, del Dios que a su vez nos llena de esperanza porque sabemos que está del lado de los que sufren. La Palabra nos dice:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Monseñor Romero es ejemplo del discipulado consecuente, que asume todos los riesgos. No lo busca, como tampoco los buscó Jesús, pero si es necesario los asume igual que él porque tiene Fe en Dios, tiene fe de que el camino de Jesús a pesar de todos los riesgos y dificultades conduce a la Vida, a la Vida plena para todos los seres humanos.

Ese es el aporte y el legado de Monseñor Romero para América Latina y para el mundo; para nosotras y nosotros cristianos, el discipulado consecuente con Jesús.

Conociendo su vida, su predicación y su compromiso con los pobres y marginados, con el pueblo crucificado de su tiempo, resulta para todas y todos ejemplos en nuestro quehacer diario. Hoy la fe cristiana no es cuestión de demostrar en teoría si Dios existe o no, si no vivir en nuestro quehacer cotidiano, en la práctica que Dios es amor, justicia y Paz. Que su hijo vino al mundo para hacer realidad esta verdad.

Por eso Monseñor Romero vivió, murió y vive para siempre.

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