Salvar la pobreza del cine, una apuesta desde la periferia

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“ El cine pobre puede salvar la pobreza del cine”, comenta Joel Suárez —coordinador general del Centro Memorial Martin Luther King (CMLK), cigarro en mano, mientras lo convido a que me hable sobre la participación de esta asociación de inspiración cristiana y las dos redes que anima: la ecuménica y la de educación popular en la fiesta de la imagen y el sonido que recién comienza hoy en Gibara, pintoresca ciudad costera del oriente cubano: el Festival de Cine Pobre, esta vez dedicado a quienes durante diez años han hecho posible que el sueño de un cine, pobre en recursos pero inmenso en creatividad, cobre vida entre sus humildes habitantes y despierte el interés de otras miradas del continente y el mundo.

“El Centro, dice Joel, que despliega procesos de información y comunicación para su trabajo, tiene en la realización audiovisual —asumida desde una perspectiva dialógica— una presencia activa en festivales y eventos donde trata de colocar su voz, ya sea en las producciones que realiza como en los premios que entrega (en la Muestra de Jóvenes realizadores y el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano).

“No debemos olvidar que el festival de cine pobre es un evento que nace por la inspiración y el trabajo del cineasta cubano Humberto Solás. Y, muy tempranamente, nuestro Centro, junto a otras organizaciones, apoyó esta iniciativa, sobre todo porque entendemos que este evento no sólo expresa una realidad que se está produciendo hoy en la industria cinematográfica, en zonas alternativas donde se realiza la producción documental y de ficción, en términos de recursos económicos, sino que también lleva asociado un componente estético y ético”, apunta Joel.

“En ese sentido , refiere, y desde ese lugar de bajos presupuestos pero de mucha imaginación, de procesos creativos sostenidos en la producción cooperada, autogestionada se están produciendo materiales audiovisuales con temas esenciales para los valores que sustentan al Centro Martin Luther King: la afirmación de la vida, la lucha por la justicia, la equidad de género, las relaciones humanas de respeto hacia la Naturaleza, las diversidades, la solidaridad y el compromiso”.

“Nuestro apoyo al festival se mantiene como de costumbre este año, señala Joel, aprovechando que estamos de cumpleaños. El Centro anima dos redes sociales en el país: la red ecuménica “Fe por Cuba” y la de educadora y educadores populares, y a partir de ese entramado de activistas sociales, líderes comunitarios hemos logrado que este año el festival se despliegue, más allá de Gibara, y llegue a unas 25 localidades del país (Pinar del Río, San Cristóbal, Güines, Los Palos y San José, en Mayabeque; La Habana (en varios municipios con el concurso de los talleres de transformación integral del barrio) , Matanzas, Ciénaga de Zapata, la ciudad de Santa Clara y los municipios de Manicaragua y Cumanayagua, Holguín, Santiago de Cuba, Bayamo y Guantánamo) donde muchas personas podrán apreciar la excelente serie documental “Ser un ser humano”, de la realizadora dominicana Tanya Valette, egresada de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, con la colaboración de cineastas de varios países del mundo y que cuenta historias relacionadas con muchos de los valores con los cuales el Centro se identifica como el sustento, el amor, la fe, la cultura, el miedo y la esperanza.

“Producciones Caminos, del Centro Martin Luther King, dijo, exhibirá también una retrospectiva de materiales (cortos de ficción y documentales) que ha realizado durante estos veinticinco años.”

“Junto a UNICEF, Save of Children y educadoras populares de Gibara y otros sitio del país coordinarán varios talleres de realización audiovisual con niños y adolescentes y como resultado producirán un material hecho por ellas y ellos mismos que se llamará Viviendo el festival, cuya segunda etapa será la edición en el CMLK de lo que filmaron durante estos días del festival, comenta finalmente Joel Suárez”.

Precisamente uno de los incentivos de este aporte del Centro es que más allá de una sede habitual el festival viaja, en esta ocasión, por casi toda Cuba, y pone a dialogar el cotidiano de vida de cubanas y cubanos con un tipo de cine que coloca su mirada en conflictos humanos y en situaciones donde los valores siguen siendo sustento de las utopías, sobre todo desde los presupuestos de un cine que se hace desde la periferia.

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