“Seguiremos en marcha hasta que todas seamos libres”

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Miriela Fernández Lozano

“Pan y Rosas” no fue una consigna aislada. Brotaba de las voces de cientos de mujeres que desde Québec, Canadá, se unían en 1995 al renacer que en todo el mundo experimentaba el movimiento feminista.

Cinco años después, la Marcha Mundial de Mujeres (MMM), resultado del progresivo fortalecimiento de esta lucha, soltaba amarras para el comienzo de un mismo viaje contra la pobreza, la violencia sexista y otras expresiones de la dominación patriarcal del capitalismo.

“A partir de su surgimiento, la MMM- explica la brasileña Nalu Farias ––prepara cada lustro de aniversario una acción importante, con más amplitud que las sistemáticas.

“Seguiremos en marcha hasta que todas seamos libres” es el lema que nos une en el 2010”.

La tercera iniciativa mundial de la organización coincide con los cien años de que la revolucionaria Clara Zetkin, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en 1910 en Copenhague, Dinamarca, propusiera el 8 de marzo como Día de la Mujer, lo que anima a una preparación fuerte para que las protestas alcancen mayor visibilidad y envergadura.

“La primera acción internacional que realizamos abarcó más de 150 países y territorios, y con ella logramos aunar movimientos rurales y urbanos de mujeres. Durante la siguiente, en el 2005, compartimos una Carta Mundial de Mujeres para la Humanidad en la que reflejábamos alternativas económicas, sociales y culturales.

“En aquella ocasión, hicimos una inmensa colcha. Fue una forma simbólica de presentar la Carta. Cada país analizaba el documento ––que exigía nuestro derecho a la tierra, al trabajo, a la autoderminación y a la soberanía–– y aportaba un retazo a la manta multicolor que se iba formando.

“Brasil constituyó el punto de inicio, y luego la carta viajó por 55 países en los que crecían las ideas sobre cómo erigir el mundo de igualdad, libertad, justicia, paz y solidaridad que queremos. Estuvimos en marcha siguiendo el movimiento del sol. Fue una experiencia hermosa que concluyó en Burkina Faso, África.

“El 2010 es un año importante para nosotras. Se cumple el centenario de la proposición del 8 de marzo como Día de la Mujer, y proyectamos hacer una marcha en el que sean escuchadas demandas pendientes y las que toman fuerza con la nueva coyuntura internacional.

“Pensamos movilizarnos durante 10 días. Cada país está adoptando su iniciativa, la cual debe llevarse a cabo en alguno de los dos periodos que hemos propuesto: del 8 al 18 de marzo o del 7 al 17 de octubre.

“En el caso de Brasil nos movilizaremos en marzo. Aproximadamente 3 mil mujeres estamos convocadas para realizar una acción que realmente cree impacto en nuestra sociedad.

“Esta vez el sitio de encuentro será la República Democrática del Congo, un territorio en conflicto y donde las mujeres se exponen a disímiles formas de violencia y exclusión”.

En este contexto de preparación, ¿qué significado tiene para la MMM asistir a un espacio como Paradigmas Emancipatorios?

“Después del 2005 hicimos una sistematización, una especie de diagnóstico de nuestro movimiento a partir del que definimos cuatro ejes para trabajar: autonomía económica de las mujeres, la violencia, la privatización de la naturaleza y los servicios públicos, y la desmilitarización.

“Encuentros como Paradigmas sirven, primero, para construir alianzas en torno a estos temas. De hecho, la MMM ha constituido importantes lazos con el Foro Social Mundial, Vía Campesina y Amigos de la Tierra. Además hemos participado en foros por la soberanía alimentaria, contra el agronegocio, entre otros.

“Aunque priorizamos la alianza con movimientos de mujeres, intervenir en estos espacios posibilita vínculos con organizaciones mixtas y así contribuimos a la amplia agenda política que poseen.

“Paradigmas también es un lugar de diálogo para discutir, para dejar claro que las mujeres queremos un cambio integral frente al patriarcado. Mantenemos la proyección de que “lo personal también es político”.

“Las transformaciones a las que aspiramos parten además de que en la división del trabajo existe una división social. Hay relaciones de poder. La labor de las mujeres es desvalorizada, incluyendo la que realiza en el hogar. En ese ámbito, nosotras estamos expuestas a la mercantilización, a un salario mínimo, a condiciones de esclavitud como las que se viven en las maquilas.

“Por eso hablamos aquí de feminismo. Traemos la denuncia, el cuestionamiento, la necesidad de buscar formas para que nuestro movimiento crezca.

“Organizarnos es difícil debido a la carga que sostenemos, la cual muchas veces imposibilita la participación en eventos como estos. Por ello, pretendemos no quedarnos solo en la incorporación, sino, ir más allá, rescatar la contribución de la mujer a la historia y continuar luchando por nuestra LIBERTAD”.

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