Si todos decidiéramos regresar a los ideales de nuestra juventud, el mundo se estremecería Ricardo Alarcón entrevista a Tom Hayden

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Ricardo Alarcón de Quesada: Tom, como usted sabe, la Sección Literaria de The New York Times lo ha descrito como la figura individual más grande del Movimiento Estudiantil en los años sesenta. Y usted mismo ha expresado recientemente: «Los sesenta están muy lejos de haber acabado.» Quisiera que nos comentara esa idea.
Tom Hayden: Los años sesenta tienen la edad de la Revolución Cubana. Cuando era muy joven pensaba que los años sesenta terminarían en 1970. Pero todavía hoy, cuando Bill Clinton escribió su libro, dijo que la sociedad norteamericana sigue dividida entre aquellos que están contra los sesenta y aquellos que están a favor de los sesenta.
Y puedes ver que Bush, Cheney, Colin Powell, todos ellos, tratan de borrar el Síndrome de Viet Nam con la Guerra de Irak y tratan de hacer retroceder el reloj en cuanto a los derechos civiles.
Dentro de Estados Unidos sigue habiendo una división muy profunda alrededor de estos dos temas: la guerra de Viet Nam y los derechos civiles. Tal como me siento, no puedo decir si estoy viviendo en el pasado o en el futuro. Pero yo veo a los jóvenes de hoy en el hip-hop y en las manifestaciones contra la OMC y se me parecen mucho a los jóvenes de los años sesenta.
Mi hija es una documentalista que ha hecho trabajos sobre el SIDA, mi hijo es un actor que siempre participa en las manifestaciones. Ellos participan de una rebelión artística más que política. Pero los sesenta siguen siendo algo muy real, algo muy presente.
R.A.Q.: Y en esta batalla sobre los sesenta, algunos quieren ignorar las contribuciones de esa década a la sociedad norteamericana. ¿Podría mencionar cuáles fueron esas contribuciones, los aspectos positivos que fueron asimilados durante esos años por la sociedad norteamericana? ¿Qué cosas cambiaron entonces en la sociedad norteamericana?
T.H.: En Estados Unidos existen dos décadas que fueron muy progresistas: los años treinta y los años sesenta. En los treinta, alcanzamos la Seguridad Social, los Derechos Laborales, el derecho de los trabajadores a pertenecer a los Sindicatos y otras cosas. Y usted puede observar que el presidente Bush inició una campaña contra la Seguridad Social justamente este año. Por tanto, él sigue luchando en los años treinta.
Después vinieron los años sesenta y pudiéramos haber triunfado completamente de no haber sido por los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King. Pero logramos una mayor democracia participativa; más vinculación ciudadana en la toma de decisiones; más personas votando, desde ese entonces pueden votar los que tienen dieciocho años; leyes sobre el medio ambiente. Derechos para las mujeres; derecho al voto, para los negros en el Sur. Estos son logros sustanciales. Y también contribuimos a terminar con la guerra en Viet Nam.
Las metas de los años sesenta eran detener al imperialismo por una parte y crear una gran sociedad o una sociedad más liberal, por otra. Yo creo que lo hubiéramos logrado si no ocurren esos asesinatos. Una de las razones por la que están en Irak Bush y los neoconservadores, matando gente en Irak, es porque quieren resucitar el espíritu militarista, quieren derrotar el Síndrome de Viet Nam. Ellos no podrán lograrlo, matarán muchas personas, pero no lo lograrán.
Lo otro que quieren es imponer el neoliberalismo en Estados Unidos, no solamente en América Latina; quieren privatizar la Seguridad Social, siempre hablan de cómo Chile ha privatizado las seguridades sociales y por qué no hacerlo en Estados Unidos. Ellos quieren debilitar las regulaciones ambientales, debilitar las leyes laborales.
En los años treinta y en los sesenta se logró la intervención del gobierno en la economía. Y lo que Bush está haciendo es eliminando totalmente la intervención del gobierno en la economía.
Es una larga, larga lucha… Yo entonces era joven, tal vez usted recuerde esos días. Yo pensaba: «en diez años habremos triunfado», pero ahora veo que algunas de estas cuestiones demoran cincuenta años, cien años y siguen regresando, siguen regresando.

R.A.Q.: Cuando usted redactó la Declaración de Port Huron, cuando se creó Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), según su propia descripción, «una cuestión crucial era la apatía», esa generación tuvo que rebelarse contra la apatía. Estaban viviendo en un mundo sometido a la creencia de que no había otra vía, que no había absolutamente ninguna posibilidad de tener una vida diferente. Probablemente eso se parezca mucho a lo que sucede actualmente. La idea de que no hay alternativas al neoliberalismo. ¿No cree usted que esa es una confirmación de la afirmación suya de que el final de los años sesenta aún está muy lejos? Porque hasta cierto punto, la apatía continúa siendo el principal obstáculo para la lucha.
T.H.: La apatía es un arma. Es como una droga. Nosotros aprendimos y esa fue una comprensión muy radical, que la apatía no es un accidente. La apatía fue la política preferida de los administradores, de los burócratas, de los corporativos y del gobierno.
Ellos querían que hubiera apatía. No era culpa nuestra. La apatía estaba siendo generada y promovida. Y cuando comprendimos eso, entonces vimos que teníamos que atacar la apatía, porque era una forma de ahogar el espíritu. Para abordar los temas de los derechos civiles, el derecho al voto u otros temas, había que realizar acciones y eso significaba terminar con la apatía que nos rodeaba. Yo pienso que lo mismo ocurre en los campus universitarios hoy en día.
R.A.Q.: Pero en esos días, usted probablemente recuerda las encuestas Gallup, en las que aproximadamente un millón de estudiantes norteamericanos se describían a sí mismos como revolucionarios.
T.H.: Sí, pero eso fue al final de los sesenta. Después recibieron el derecho a votar con dieciocho años y se volvieron reformistas. Pero los sesenta comenzaron con reformas y avanzaron casi hasta la revolución. Y entonces terminaron la guerra, otorgaron el voto con dieciocho años de edad, eliminaron la conscripción militar, el reclutamiento militar, ellos incluso cambiaron las universidades de forma que se podía estudiar acerca de la Revolución, acerca de la liberación de la mujer, en las propias universidades. Y cambiaron las reglas del Partido Demócrata, de manera que la mitad de los delegados a la Convención Demócrata tenían que ser mujeres, toda la gente que estaba afuera fue bienvenida al interior del sistema.
Yo mismo estuve en el Comité Nacional Demócrata, en el comité de la plataforma, dos o tres veces fui elegido para la legislatura en California, presidí comités sobre Educación Superior, Trabajo, Empleo, Medio Ambiente y el sistema pasó de ser represivo, a ser receptivo.
Yo creo que eso fue bueno, pero también puede haber des¬mo¬vilizado el Movimiento, hizo que el Movimiento desapareciera o se hiciera menos radical. Ese parece ser un patrón en la historia americana.
R.A.Q.: Usted ha dicho que en aquellos días hubo ciertos temas que no parecían tan prioritarios que, sin embargo, hoy se han vuelto muy importantes, como la preocupación por el medio ambiente, la igualdad de las mujeres o los derechos de las mujeres, etcétera. Últimamente usted ha estado muy involucrado en muchos de esos temas.
Quisiera referirme en particular a su libro El Evangelio perdido en la Tierra (Lost Gospel of the Earth). Yo creo que en él usted asume una posición muy interesante y un nuevo enfoque. Estoy seguro de que sería muy bueno escuchar cuál es el mensaje esencial de ese libro. ¿Qué es ese Evangelio perdido?
T.H.: Primeramente, es cierto que cuando este libro fue escrito no parecía un tema prioritario. Fue después de Bahía de Cochinos, después de la crisis cubana de los misiles y, por tanto, ya Kennedy había aprendido que sus generales no eran de confiar. Fue antes del discurso de Kennedy donde da fin a la Guerra Fría y a las Armas Nucleares, antes del proceso de liberación de la mujer, antes de que el movimiento ambientalista tomara fuerza, fue en ese momento tan único y tan prometedor.
Mi criterio es que los movimientos sociales ejercen una atracción magnética entre sí. De manera que, algo comienza, como la lucha por los derechos civiles de los negros, y de pronto se esparce, aparece el reclamo por los derechos de los estudiantes, por los derechos de las mujeres y después aparece el ambientalismo.
El ambientalismo empezó a finales de los sesenta, creo que por dos razones. Una: la primera vez que la raza humana vio la Tierra desde la Luna, fue por fotografías y fue como una experiencia religiosa. De pronto podías ver cuán preciosa era la Tierra y cuán pequeña era. Yo recuerdo que los estudiantes querían hacer algo llamado el Día de la Tierra, eso fue en 1969. Yo estaba siendo juzgado en Chicago. Yo estaba siendo absorbido por los Panteras Negras y la Guerra en Viet Nam, pero fuimos a la concentración por el Día de la Tierra y nunca vi una cosa igual. Debe de haber habido un millón de personas en las calles de todo el país, fueron 50 000, 75 000 en Chicago, pero así eran los años sesenta, había una oleada en la cual los movimientos desencadenaban otros movimientos y entonces el movimiento ambientalista fue causado por los otros movimientos y mi valoración final es que nos hizo revisar nuestra forma de pensar acerca del socialismo o la economía.
Anteriormente, pensábamos que el tema económico incluía el control sobre los medios de producción y la distribución, y cerrar la distancia entre los ricos y los pobres, etcétera. Pero en ese modelo, el medio ambiente quedaba fuera. De cierta forma se asumía que había agua abundante, tierra abundante, abundaban los árboles y que podías usarlos, como si fuera un almacén que alguien te ha facilitado y puedes producir cosas y puedes consumirlas.
Era una idea loca. Comprendimos que había que colocar el medio ambiente dentro del modelo económico y entonces surgió la idea del desarrollo sostenible que era una idea de compromiso. Pero ese es un ejemplo de cómo algo que comenzó en los sesenta, se ha convertido hoy en algo medular y tiene muchos defensores, como Al Gore… y sigue estando en el centro de un gran debate mundial.
La sorpresa, el misterio, es de dónde surgen estos movimientos. Yo creo que es como un incendio. Se encienden entre ellos. Así sucedió en los años 1840, sucedió en los años 1780. Yo no sé por qué, son movimientos globales, de pronto todos están pensando lo mismo.
R.A.Q.: Usted mencionó Chicago, yo creo que es importante, porque este programa pretende indagar en la memoria y ese es un capítulo que debe ser abordado.
T.H.: Bueno, Chicago. Yo estuve en Cuba en enero de 1968, estuve aquí con algunos miembros de Estudiantes por una Sociedad Democrática y pensamos: ¿qué vamos a hacer ahora? Recientemente se habían congregado 100 000 personas en el Pentágono, alrededor del Pentágono. McNamara nos veía desde su ventana. Los documentos muestran que estaban muy, muy asustados. ¿Quiénes son esta gente?

Decidimos aquí, en Cuba, sentados en una cafetería, que haríamos algo así en Chicago; eso traería tanta gente que rodearíamos la Convención del Partido Demócrata y exigiríamos que se pusiera fin a la guerra en Viet Nam, o nosotros pondríamos fin a la política, la política normal. No era algo violento, pero implicaba una fuerte confrontación. Esto es lo que sucedió. En abril fue asesinado Martin Luther King, hubo disturbios y muchas personas murieron en Chicago. El Alcalde de Chicago dijo: «Tiren a matar.» Entonces, en mayo, creo que fue en mayo, o a principios de junio, Robert Kennedy fue asesinado. Nosotros pensábamos que él podría ser el candidato presidencial y que él podría terminar la guerra en Viet Nam. Entonces en agosto ocurrió lo de Checoslovaquia. Parecía que todo el mundo se estuviera desmoronando. No estoy mencionando Ciudad México.
R.A.Q.: París en Mayo.
T.H.: Francia, Irlanda del Norte, Alemania, muchos países. Nosotros no recibimos ninguna autorización para manifestarnos en Chicago y tuvimos que decidir. Desfilaremos de todas maneras, sin permiso. Por tanto, se convirtió en una acción ilegal durante una semana y por eso no asistió mucha gente. Por ejemplo, si eras músico y querías actuar durante la manifestación en Chicago, era imposible obtener un permiso para colocar una toma de electricidad. Por tanto, si no hay sonido, no hay música, no hay concierto. Incluso los periodistas no podían obtener electricidad. Sesenta periodistas fueron golpeados o gaseados durante los sucesos de Chicago. Nadie resultó muerto excepto un joven de diecisiete años. Pero mucha, mucha gente resultó golpeada y estuvo como una semana la Ley Marcial.
Nuevamente, esperábamos poder obtener una gran victoria y le diré por qué. La Policía de Chicago no era suficiente. La Guardia Nacional del Estado no era suficiente. Llamaron a las tropas en Fort Hood. Estos hombres habían acabado de re¬gresar de Viet Nam. Querían que vinieran a Chicago para reprimirnos. Nosotros estábamos organizando a los soldados; los soldados negros, particularmente, no querían ir a Chicago y comenzaron las protestas en Fort Hood y fueron colocados bajo custodia especial. Los soldados blancos tampoco querían venir.
Entonces el acuerdo fue que vendrían a Chicago, pero no serían empleados contra los manifestantes. Nosotros esperábamos que se rebelaran, que los soldados se rebelaran, que la Convención se interrumpiera, que se pusiera fin a la Guerra y fuera como la Comuna de París. Que fuera un evento monumental, pero no sucedió así.
Entonces fuimos enjuiciados. Fuimos acusados de incitar los desórdenes, como si fuera una conspiración y fuimos llevados a juicio durante un año, en 1969, 1970; fuimos hallados culpables de un cargo, de incitar los desórdenes, y fuimos declarados no culpables del otro cargo.
Uno de nosotros era Bobby Seale, el líder de los Panteras Negras. Él fue eliminado del caso, porque tenía otro juicio en New Haven, Connecticut. Y así, los Ocho de Chicago nos convertimos en los Siete de Chicago.
Entonces, en 1973, la Corte del Circuito de Apelaciones nos declaró inocentes y todos los cargos fueron retirados. Ya para esa época, la gente de Nixon estaba en la cárcel y nosotros habíamos salido de la cárcel y el mundo había cambiado completamente, estaba al revés y Estados Unidos retiró sus tropas de Viet Nam en 1975, con Carter.
R.A.Q.: ¿Cuánto tiempo estuvo usted en la cárcel?
T.H.: Tres semanas. Se suponía que estuviéramos presos cinco años. Nuestro abogado fue Leonard Weinglass, que es el abogado ahora de los Cinco Cubanos. Leonard Weinglass era un joven graduado de Yale. El Partido Demócrata quería llevarlo a la Legislatura de New Jersey y él cometió el error de hacerse amigo mío. Se vinculó mucho a los Derechos Civiles de los Negros, la vivienda, la brutalidad policíaca en Newark, New Jersey. Yo lo descubrí. Pensé que era el mejor abogado que había visto en una Corte. Era muy persuasivo, muy inteligente y cuando me arrestaron por lo de Chicago, le rogué, por favor, ven y sé uno de los abogados. Me dijo que sí y fue muy, muy bueno.

R.A.Q.: Usted también se ha interesado mucho en los temas de América Latina, Bolivia, Venezuela, son algunos de ellos y ha viajado por el área, según tengo entendido. ¿Cómo ve usted nuestro continente?
T.H.: Mi español no es bueno, pero mi corazón está en América Latina. Y te diré por qué. Porque Estados Unidos es parte de América Latina. Yo vivo en Los Ángeles, Los Ángeles estaba en México. Es así de simple. Tú aprendes eso inmediatamente o no entiendes nada. Tenemos ahora un alcalde en Los Ángeles que es Antonio de Reigosa, que fue miembro de la Brigada Venceremos en Cuba, él ha estado aquí.
Yo pienso que Estados Unidos será cambiado, de una u otra manera, por la presencia de los latinos en Estados Unidos. Y su política hacia Latinoamérica podría ser cambiada, como resultado de eso. Yo empecé a venir de forma creciente hace unos diez años, he estado en Chiapas, en Chile, en Brasil, en Argentina, en El Salvador, en Honduras, en Cuba, naturalmente, en Venezuela como escritor, yo escribo. Y he estado tratando de cubrir el surgimiento de los movimientos contra el ALCA, contra el Tratado de Libre Comercio, los movimientos indigenistas, y también con vistas a conocer cuál debe ser la política de Estados Unidos hacia América Latina.
Considero que este es el proceso más importante que está ocurriendo en el mundo actualmente. Tiene muchas altas y bajas y yo no estoy vinculado a ninguna de las partes en los debates acerca de Chile, Brasil, Venezuela, pero pienso que el surgimiento de una América Latina independiente, tendrá grandes consecuencias aquí y también en nuestro país y que debemos proponer algo más actualizado que la Doctrina Monroe.
También estoy interesado en otros problemas: las bandas callejeras, los pandilleros, hay bandas de afroamericanos, de asiáticos, de armenios, pero mayormente de chicanos y centroamericanos. Y estos son jóvenes provenientes de la guerra en El Salvador. Sus padres murieron, fueron desplazados, vinieron a Los Ángeles.
En El Salvador no había bandas. Entonces Estados Unidos los deportó a su país y ahora tenemos la globalización de las bandas, exceptuando a Cuba, algo muy interesante, quiero escribir sobre esto. Porque la globalización de las bandas, en Los Ángeles, El Salvador, Honduras, Sao Paulo, etcétera, aporta otro ejemplo de los problemas del neoliberalismo, que excluye a todos estos jóvenes. Los excluye de la escuela, los excluye del trabajo. En Los Ángeles tenemos 93 000 jóvenes sin escuela y sin trabajo, que tienen entre dieciocho y veinticinco años. Solamente en la ciudad, no en el Condado, son 93 000 jóvenes, y ellos son los hijos abandonados del neoliberalismo, claro.
También son testimonio del fracaso del Movimiento por los Derechos Civiles. Pero brindan un pretexto, una excusa racional para el aumento de las fuerzas policíacas paramilitares, agentes especiales, unidades de choque, unidades antibandas, FBI. Incluso están discutiendo si bandas como la Mara Salva Trucha o la Mara 18, son refugios potenciales para que Al Qaeda se traslade a Estados Unidos.
Y ahora tienes el Muro en la Frontera, tienes la Guerra contra las Drogas, Unidades Especiales contra Narcotraficantes. Nunca hablan de la corrupción policíaca, desde Colombia hasta Los Ángeles. Solo hablan acerca de las bandas. Y por ende, las bandas han resultado políticamente útiles para que los norteamericanos sean más conservadores, debido al temor, por lo que más dinero de los impuestos debe ir a la policía, no a la escuela, no a la atención de la salud, no a los programas de seguridad social.
Eso es algo que me interesa mucho en Cuba, porque he estado en estos países y en todos tienen bandas y sigo buscando bandas en Cuba, no puedo encontrarlas, pero sigo buscando. Ustedes tienen un Mercado Negro, pero no es lo mismo que la Mara Salva Trucha, y yo pienso que esto debe ser estudiado como ejemplo de una alternativa, porque no es un problema de los cubanos como raza, o de la familia cubana. Tiene que ver con las políticas cubanas, las políticas económicas, las políticas sociales, políticas de seguridad social y los norteamericanos están buscando realmente una solución al problema de las bandas.
En California, para decir esto último, tenemos 140 000 personas en prisión. Eso no incluye las prisiones para los jóvenes. Y casi la mayor parte son pandilleros, acusados de pertenecer a las bandas. Esa cantidad es mayor que la cifra total de tropas de Estados Unidos en Irak. Está muy cerca de ser una política loca. La gente lo sabe, pero no sabe qué hacer.
Es una política muy buena para el ala derecha; los neo-conservadores dicen que estos miembros de las bandas no tienen remedio, que amenazan nuestra seguridad y necesitamos más militares. Nosotros decimos: ustedes han causado este problema, con el desempleo, necesitamos regresar a 1963 y a los programas contra la pobreza y a los programas para los jóvenes.
R.A.Q.: ¿Qué diría usted acerca del Movimiento Pacifista ahora, comparándolo con sus experiencias en los años sesenta?
T.H.: La gente me dice que ahora el Movimiento Pacifista es inferior al que existía en los sesenta. Pero yo no puedo medir eso. Es cierto que no hay tantos enfrentamientos fuertes, o quema de edificios. Es cierto. Pero los soldados simples en Irak, recuerde que este es un Ejército profesional…
R.A.Q.: No son conscriptos. No fueron reclutados.
T.H.: No, pero son reclutados por las presiones económicas.
R.A.Q.: Sí, por la miseria, por la necesidad.
T.H.: Sí. Pero el 30% de ellos está a favor de una retirada inmediata. Y entre 50-55% estuvo a favor de retirarse en un año, hace unos meses. No hay diferencias, en cuanto a la opinión pública. Si usted revisa las encuestas de opinión pública realizadas por Gallup en los años sesenta y las de ahora, la cantidad de norteamericanos que dice que la Guerra de Irak es un error, llegó a ser mayoritaria más rápidamente ahora que en aquellos años, cuando la Guerra de Viet Nam.
No creo que la Guerra de Irak tenga ningún apoyo. La estructura del Pentágono y el presidente es lo que permite que continúe, pero la gran diferencia es que no hemos cambiado el Congreso. Cuando Viet Nam teníamos suficientes miembros del Con¬gre¬so para poder cortar el financiamiento. Ahora el Congreso es como Poncio Pilatos en esta historia. Se lava las manos. Quiere echarles la culpa a otros. Son unos cobardes. Pero el público está listo. Y yo creo que el Movimiento contra la Guerra es mayor de lo que sabemos. Primero: tuvimos la mayor cantidad de manifestantes en la historia antes de una guerra, en febrero de 2003, un millón en 600 ciudades de todo el mundo. Segundo: varias veces hemos tenido 500 000 manifestantes. En 2004 hubo 350 000 en Nueva York; son grandes manifestaciones.
Después, el reclutamiento militar ha disminuido. Los reclu¬tadores militares no pueden conseguir a nadie. ¿Y sabes a quiénes culpan? A los padres. A la gente de los sesenta. Les dicen a sus hijos, «no los crean». Y yo pienso que hay que incluir a la gente que por alguna razón participó en la campaña de Howard Dean, como parte del movimiento contra la guerra, porque ellos quieren terminar la guerra por cualquier medio que sea necesario y una elección presidencial es una de ellas.
Mi pregunta es: ¿después de tantos éxitos hemos hecho de Estados Unidos un país mejor? ¿Por qué no podemos acabar con el imperialismo de Estados Unidos?
Pienso que puede estar debilitándose; siempre han existido fuertes movimientos progresistas en Estados Unidos y yo creo que existe un estado dentro del estado. Yo pienso que hay una especie de Estado-Espía, un Estado-Inteligencia, un engranaje militar, un engranaje corporativo que está fuera del alcance del elector. Nosotros solamente podemos elegir a nuestros políticos, pero no podemos votar acerca de la CIA, no podemos votar acerca de las compañías petroleras de América Latina.
Yo conversé con Carter una vez, con el presidente Carter; no sé por qué, pero me sentía raro y sabía que solamente tendría unos pocos minutos para hablar con él en la Casa Blanca. Entonces dije: casi parece que las corporaciones multinacionales son más poderosas que el presidente electo de Estados Unidos. ¿Podemos hacer algo respecto a esto? Las corporaciones son más poderosas que un presidente electo democráticamente.
Y él dijo: «Yo lo sé, lo aprendí durante mi primer año en el cargo.» No dijo nada más. Pero yo creo que esa puede ser la índole del problema. Que existe un Estado no-democrático fuera del alcance del Estado democrático. Por tanto, este tiene que ser erradicado por un movimiento global, no puede ser eliminado simplemente dentro de Estados Unidos.
R.A.Q.: Yo pienso que esa es la idea que está presente en los movimientos alternativos, en los Foros Sociales, los Foros Globales que se realizan parten de ese criterio, de crear, de construir nuevas alianzas.
T.H.: Sí. Yo estuve en Porto Alegre, estuve en Caracas, estuve en Bombay y nunca he visto nada como esto. Yo no he visto nada igual, en cuanto a cantidades. Casi son demasiadas personas, no se puede hablar, ni escuchar, son demasiadas personas. Y eso comenzó con la resistencia al neoliberalismo, con la resistencia ante las instituciones financieras internacionales, a la OMC y después se extendió a la resistencia contra las políticas de Estados Unidos en Irak. Parecen ser dos movimientos, uno contra la guerra y el otro contra el neoliberalismo. Yo no sé hacia dónde va esto, pero es un reflejo de las mismas fuerzas que han llevado al poder a todos estos nuevos gobiernos en América Latina.
No hay victorias fáciles de un día para otro. Pero si lo piensas bien, esto ha paralizado completamente a Estados Unidos, que es una superpotencia con aspiraciones imperiales. El ALCA está muerto. La OMC no puede resolver sus problemas, la Guerra de Irak no puede ser ganada. No puede ser ganada. Al menos estos movimientos han forzado el comienzo de la renegociación del imperio americano, eso es lo que yo pienso.
Están los neoconservadores extremistas que dicen que hay que seguir adelante después de Irak, hacia Irán, no sé, hacia China. Yo no sé hacia dónde van. Pero no tienen ningún apoyo. Y entonces están las personas más realistas que dicen: ¿cómo podemos salirnos gradualmente de estas políticas fracasadas, qué podemos hacer, hay algún terreno común entre Estados Unidos y América Latina?
Eso es lo que está sucediendo realmente: el imperio está siendo renegociado. Eso pienso, pero yo siempre he sido una persona optimista.
R.A.Q.: ¿Usted estuvo en Cuba en 1968?
T.H.: Sí. Cuando yo estuve aquí en enero de 1968, con David Dallinger, Carl Davidson y muchos otros, estábamos en el apogeo de nuestra juventud revolucionaria. Pero, Che Guevara había sido asesinado recientemente y en Cuba se sentía tristeza y melancolía. En Estados Unidos había muchas dudas acerca de si debíamos emprender un camino revolucionario clandestino, ¿habría un estado policiaco?, ¿qué iba a pasar en Estados Unidos? Y una noche, muy tarde, tres de nosotros nos entrevistamos con Fidel Castro en una casa. Yo estaba en el baño y cuando salí lo encontré parado ahí, esperando para conversar.
Hablamos durante tres horas. Pero lo más importante que recuerdo es que él estaba hablando acerca de Stokeley Carmichael y los revolucionarios negros y las Panteras Negras, y le preocupaba mucho que fueran asesinados o aislados. Y entonces expuso un argumento moral y político muy fuerte, señaló que cuando regresáramos debíamos decirles que formaran un frente unido fuerte, que necesitábamos más aliados. Que no debíamos convertirnos en un grupo más reducido y más revolucionario, sino que debíamos convertirnos en un frente más amplio, porque las fuerzas represivas en Estados Unidos eran demasiado severas.
Él tenía un profundo sentido de lo que estaba ocurriendo en nuestras mentes, de lo que estaba sucediendo en Estados Unidos. Tratamos de llevar ese enfoque a Chicago pero era muy difícil, porque no teníamos permiso para manifestarnos. Pero sí nos aliamos con la gente de McCarthy, la gente de Kennedy. Dentro de la Convención Demócrata había 2 500 delegados; 1 000 de ellos votaron por una moción a favor de terminar la guerra en ese momento. Fue algo así como una rebelión, un motín interno. Cuando fueron derrotados salieron llevando velas y marcharon por las calles de Chicago y esa noche –nunca lo olvidaré–, supimos que Martin Luther King había sido asesinado. Eso fue después que vimos a Fidel.
Martin Luther King había aceptado venir a Chicago. Y en eso lo asesinan. Yo estaba en la multitud que se estaba manifestando y estábamos siendo atacados por la policía. En eso, escuché un ruido y era una carretilla tirada por caballos de las que en el Sur llaman tren de mulas, es lo que usaban en esa época los campesinos en el Sur profundo, era el símbolo de la campaña de la gente pobre que había sido interrumpida cuando asesinaron a King.
Chicago era mucho más que unos cuantos luchando contra la Policía, era muy, muy amplio el movimiento y las transcripciones del juicio lo demuestran. Tuvimos mucho apoyo. Pero esa fue mi historia acerca del consejo que nos dio Fidel. Nos resultó muy útil.
R.A.Q.: Muy interesante. Ahora voy a citar a Ignacio Silone, a quien usted hizo referencia en su presentación. En Bread and Wine, él dijo: «¿Qué sucedería si los hombres se mantuvieran leales a los ideales de su juventud?» Esa tal vez sea la cuestión fundamental desde el punto de vista ético.
T.H.: Sí. Tal vez. Probablemente yo no sea así. Yo he tenido etapas de tentaciones y corrupción. Pero esta cita de la novela de Ignacio Silone siempre me ha acompañado. Yo la leí siendo aún muy joven. Y recuerdo que cuando era joven pensábamos que solamente seríamos idealistas de jóvenes y que después nos corromperíamos. Nos habían dicho que así funcionaba el mundo. No había otra opción. Se suponía que fueras idealista cuando joven y después se suponía que adquirieras responsabilidad y te incorporaras al sistema.
Eso también está en el libro de Herman Hesse acerca del viaje del joven Buda. Él empieza siendo un monje que mendiga dinero y después se vincula con la monarquía. Y al final, se convierte en un botero que traslada a la gente al otro lado del río y regresa.
Ese es el problema actual de la generación de los sesenta, ¿debemos regresar a los ideales de nuestra juventud? La gente está debatiendo sobre esto, no sabe qué hacer. Aún hay tiempo, porque hay muchos, muchos millones de nosotros por todo el mundo. Yo me los encuentro por todas partes. Y si todos decidiéramos a una vez regresar ahora a los ideales de nuestra juventud, el mundo se estremecería.
R.A.Q.: Pero, después de todo, recuerde que encontrar la fuente de la juventud movilizó a los conquistadores por toda América Latina y tal vez ser idealista, conservar el espíritu idealista de la juventud, pueda ser una nueva fuente.
T.H.: Sí, la fuente del idealismo.
R.A.Q.: O la Fuente de la Juventud.
T.H.: Que es diferente de la que buscaba Ponce de León. Pero la Fuente de la Juventud no existe. Existe la Fuente del Idealismo. Todos tenemos nuestra última marcha. Para la generación de los sesenta, es la marcha hacia nuestro fin. Ya se acerca. Por tanto, ¿qué tenemos que perder? Yo creo que ahora hay mucha gente que piensa así.
R.A.Q.: Eso es interesante. Por eso es que los años sesenta están muy lejos de haber finalizado. Seguirán regresando.
T.H.: Seguirán regresando hasta que se hayan solucionado.

Mayo de 2006

Por la izquierda. Veintidós testimonios a contracorriente. Selección y prólogo de Enrique Ubieta Gómez. Ediciones ICAIC-Editorial José Martí, 2007
TOM HAYDEN (Detroit, Estados Unidos, 1939). Activista político. Considerado por muchos como el líder social más carismático e influyente de los sesenta en Estados Unidos. Uno de los Siete de Chicago, juicio histórico que intentó condenarlo en 1968. Participa en las luchas actuales contra la guerra en Irak. Miembro del Consejo Editorial de The Nation. Entre sus libros más conocidos están Rebelión en Newark (1967) y Ending the War in Iraq (2007).
RICARDO ALARCÓN DE QUESADA (La Habana, Cuba, 1937). Revolucionario, diplomático y estadista. Durante la lucha contra Batista fue miembro del Movimiento 26 de Julio y responsable de su Sección Estudiantil. Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Fue Embajador Representante Permanente de Cuba ante la ONU y Ministro de Relaciones Exteriores. Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Presidente de la Asamblea Nacional desde 1993.

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