Silvio Rodríguez . “Lo que sufren los cinco son los zarpazos de una bestia contra una luz insoportable”.

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“Érase que se era”. Al asistir a su presentación a mediados de este año, le recordé a Silvio que para los cinco jóvenes cubanos presos en cárceles norteamericanas, sus canciones significaban tanto como para cualquier de nosotros, pero eran, además, fuente fundamental de sus admirables resistencias. Como no hay otro modo de que puedan escuchar el disco en sus prisiones, Silvio prometió comentar cada una de sus canciones en el programa dedicado a los Cinco que Radio Rebelde transmite los domingos de 10 y 30 a 12 de la noche.

Para empezar y por si se me desbordaba muy pronto el entusiasmo, le declaré abiertamente mi incapacidad de tomar distancia. No estaba en condiciones de preguntar objetivamente y le expliqué las razones: amo demasiado su trabajo y ahora mismo estoy fascinada por el disco que provoca este encuentro.

Su respuesta: “pues yo no”, me aclaró en palabras que no solo las canciones de las que hablaríamos pertenecen a una época que jamás se fue de su vida. También se había traído para comentarlas al Silvio que nunca ha dejado de ser, el enemigo implacable de los elogios y las reverencias. El que la gente ama y teme al mismo tiempo, como se ama y se teme a la verdad que es, como el pasado y el futuro, la obsesión de sus textos.

Por suerte, reía al responderme y pude ver con alivio que traía un pliego de hojas con las respuestas al cuestionario que adelanté a su oficina pocas horas antes.

Al elaborar las preguntas, me había cuidado de no pedir demasiado. Estaba lejos de pretender “la entrevista” a Silvio. Aunque respeto y disfruto las que tantos han hecho ya, hasta ahora me habían bastado sus canciones (o me refugiaba en esa certeza).

Pero cuando se presentó el disco en el ICAP y Víctor Casaus leyó un texto inmenso en todos los sentidos, donde se alegraba de “…compartir con él, con ustedes, estos momentos, aquellos sueños y los sueños que vendrán mañana, cuando también habrá que “escribir textos dignos de los clásicos, de los rebeldes, de los fundamentales que admirábamos” y admiramos…”, decidí hablar por los Cinco, que tanto hubieran querido estar allí y no podían. Sé cuánto significaría para ellos, recibir algo al menos de la fuerza de las canciones y del aliento de aquellos años tremendos (1969-1970) que flotaban en el ambiente de la presentación como una hermosa señal de confirmación del vaticinio del poeta: “Cuando escriban la vida los buenos, al final vencedores…”

El resto lo puso este disco de gradaciones diversas, capaz de gustar primero, sorprender después y fascinar finalmente, cuando se juntan su hechura material y su espíritu en el sentimiento que escucha y provoca preguntas y respuestas:

Disco uno

P: Como prometiste presentar el disco a los Cinco, comienzo por la primera: ¿Por qué ¨Oda a mi generación¨? ¿Nadie te ha dicho que suenan demasiado intemporales sus presupuestos y que puede hacerla suya cualquier joven generación? Por ejemplo, parece hecha para las de los Cinco (al menos dos generaciones), pero igual he sido testigo de que lo sienten muchachos de estos días. ..

R: No me había percatado de que Oda a mi Generación podía ser asumida por personas de otro tiempo. Pero ahora que lo dices, veo que quienes son revolucionarios por estar a la altura de sus circunstancias podrían sentir esta canción como propia. También podría decirse que pueden suscribir esta canción los que no se amilanan ante contradicciones, los que quieren ir más allá incluso de sus propias dudas, los que entienden que lo que está en juego, o sea el destino de este país, los trasciende como personas.

Pero hay que decir que no todos tenemos el mismo aguante. Dicen que el umbral del dolor es más sensible para unos que para otros. Por eso, esta no es una canción que califica. No puede serlo porque está escrita desde el desgarramiento.

Esta es la canción de alguien con principios y con conciencia, de pie ante a sí mismo, tratando de responder a cuestiones que no se suelen formular en voz alta. Es que había cosas que era necesario decir y que no estaban dichas. Me parecía que pronunciarlas era una necesidad incluso colectiva, una forma de exorcizarnos de temas que pueden llegar a parecer colosales en la medida en que pasa el tiempo y no se abordan, que ni siquiera se pronuncian para empezar a despejarlos.

Tratando de enfrentar uno de esos temas que suelen parecer tabúes, al final de la canción hice una especie de aviso. Mencioné la posibilidad de que un día no aguantara más exigencias y reventara. Creo que esa es la parte que pudiera resultar más incómoda del texto. Siendo, como somos, habitantes de un país asediado, realidad que nos obliga a superarnos y a ser resistentes, mencionar la posibilidad de cansarse puede ser interpretado como un insulto a la conciencia nacional.

Por mi parte siempre me interesaron los antihéroes. Esos que lloran y se rinden de cansancio, los que claudican no por ser malos, sino porque sencillamente no pueden más, son personajes muy a tomar en cuenta. La literatura, el cine, el teatro y más que nada la vida misma, está llena de esos caracteres humanos. ¿Por qué no habrían de tener cabida en la canción?

Contar todo esto a verdaderos héroes de la resistencia y a sus familiares puede parecer insensible. Pero quedamos en hacer este programa para comentar y profundizar en los temas de este disco y creo que esta es una faceta fundamental de la canción. También hay que decir que no hay mejor forma de honrar que ser honestos.

O sea, que Oda a mi Generación fue un tema un poco maldito, parte del mito negativo que me ha perseguido. Pero yo no me resigné a aquel juicio limitado. Por eso la primera vez que me invitaron a cantar en presencia de Fidel, lo primero que hice fue contar la leyenda negra y cantarle la canción al Comandante.

Esto último preferí no mencionarlo en el disco, pero ahora lo cuento aquí, entre compañeras y compañeros.

P: Menos mal que existen…las canciones (Todo el mundo tiene su Moncada), que con el titulo se explican solas, pero sin él, pueden relacionarse con otras historias. Celia, la hija de Haydeé, me la pidió un día en el programa porque dijo que “era la que mejor le sentaba a los Cinco”. ¿Que te parece?

R: Me parece que Celia tiene una gran conexión con su mamá. No solo porque Todo el mundo tiene su Moncada haya sido compuesta por petición de Yeyé,(Haydeé Santamaría, heroína del Moncada) sino porque Yeyé fue moncadista y los Cinco también lo son, a su tiempo y manera. Ellos están viviendo todavía su propio Moncada, que es más largo y en algunos aspectos tan o más difícil que el Moncada original. Hay que decir que parte del sosiego de nuestras vidas, parte de la paz de que gozamos está abonada por los que murieron en el asalto al Moncada y también por el sacrificio de los Cinco. Esa es una verdad incuestionable.

P: “No aparezcas más sin avisar…” según la presentación del disco, es un complemento (¿cantado por fin solo una vez o nunca?) de Ojalá. Pero se le advierte también cierto parentesco con Tu fantasma, la canción preferida de Gerardo y Adriana…

R: Como ustedes comprenderán, eso último se debe a una rotunda casualidad. Pero es una fortuna que así sea. Puede que la haya cantado alguna vez, pero yo no lo recuerdo.

P: Más de una vez… me hizo reír sola. Me divertía mucho pensar que a alguien como tú mas de una vez lo echaron a la calle “por callar donde debo estar hablando, por hablar donde debo estar callado… por fumar en los palcos del teatro, por hacerle una mueca a mi maestro…” Pero por la presentación del disco, supe que las concebiste sobre un barco (de ahí nunca te podían echar) y además aclaras que ahí te pintas como “el gamberro que no eras“¿Fuiste por fin o no ese que echaron más de una vez a la calle por desafiar convencionalismos?

R: Cuando dices que te divertía “pensar que alguien como” yo… estas revelando la gran discrepancia de visión que tenemos de la misma persona.

Lo primero que debo decir es que esta canción usa lenguaje figurado. Eso de “darle de mi alcohol a algunos niños” no es posible tomarlo al pie de la letra. Es otro tipo de alcohol el aludido, es una ironía contra los que pensaban que yo podía estar envenenando las mentes de otros jóvenes. Sin embargo pudiera decir que en la vida real he traspasado ciertos límites y que entre mis infracciones contables hay algunas que fueron totalmente involuntarias. Por ejemplo, las quejas que llegaban a la UJC sobre unos tenis sucios que yo usaba, se debían a que por entonces yo no tenía otro calzado que ponerme. Sin embargo quien resolvió aquel grave delito no fue la Juventud sino Haydeé Santamaría, que un día nos consiguió zapatos.

Por supuesto que cometí transgresiones deliberadas de algunas normas cívicas, e incluso puede que algún acto descrito como figura penal. Aunque aclaro que lo único que he robado en mi vida ha sido libros, y muy pocos. Tampoco he agredido a nadie, al menos físicamente. Mis conductas antisociales tienen su origen por una parte en la bohemia y por otra en el sentido de libertad que se ejerce cuando se necesita abarcar el mundo; también de la curiosidad natural que puede tener cualquiera. Hay un momento de la vida en la que uno rompe completamente con los cuentos de camino.

Espero que a nadie le suban los colores con esto, porque sería una inútil pérdida de colores. Yo no siento la más mínima vergüenza por haber ejercido la existencia con toda la intensidad que ha estado a mi alcance. Prefiero despedirme de la vida habiendo pecado más por exceso que por defecto.

P: Dice Elizabeth que ella escucha ¨El día en que voy a partir¨, pensando que bien pudo haberla escrito Ramón…

R: Eso es conmovedor. Por eso pienso que las canciones nunca están terminadas hasta que llegan a sus destinatarios, que son quienes a fin de cuentas las completan.

P: ¨Palabras¨, ¿es una queja o una esperanza?

R: Palabras es la canción de un abrumado por el costo de llegar hasta un punto y desde allí hace un cálculo de cuánto le pudiera faltar. Es una canción que maldice ciertas insuficiencias, incluso algunos discursos que han resultado ser solo palabras. Pero más que nada esta canción es el deseo de que algún día podamos contarlo todo, sin cortapisas: tanto las celebraciones por la justicia satisfecha como las quejas por las esperanzas pendientes. Digamos que es una utópica canción que invoca la plenitud.

P: ¨Nunca he creído que alguien me odia¨. Esa canción es psicología sin academia y es política sin panfleto. Y su explicación en el disco es impresionante. ¿Te gustaría agregar algo a eso, hablando para gente que esta presa por enfrentar al odio que mata sin avisar?

Como en ¨Resumen de Noticias¨ y en otras, en esta canción me salí de lo anecdótico y traté de explicarme las cosas, no desde la perspectiva del implicado, sino tratando de llegar al fondo, al origen de la situación. O sea, lo que canté es la explicación que me hice a mí mismo de lo sucedido. Y es que nunca me han gustado, o más bien nunca me he creído ciertas simplificaciones extremistas. Eso funcionaba bien con una bruja mala y una princesa buena. Así es muy fácil describir al mundo, pero también resulta elemental. Esa caricatura es el mejor caldo de cultivo para luego sentirnos defraudados y acaso justificar el seguirnos portando como bárbaros. Así que yo tenía muy claro que no me podía permitir caer en la superficialidad que pretendía cuestionar.

Ahora bien: no es fácil eso de agregar algo para hombres que están presos por enfrentar algo tan ciego como el odio. Porque es prácticamente imposible transpolar aquella menuda incidencia de mi vida a la causa trascendente de los Cinco.

Ellos son hombres que están resistiendo el embate de siglos de historia, la presión de injusticias que se han convertido en costumbres, en leyes, en poder aparentemente inamovible. Ellos son como la anunciación del mejoramiento, resistiendo en sus celdas el peso de arraigos ancestrales. No sé si humanamente servirá de consuelo comprender que lo que sufren son los zarpazos de una bestia contra una luz insoportable.

P: La historia de ¨Terezin¨ me dejó muda…es muy cinematográfica. ¿Cómo pudo salir tanto de un simple libro infantil?

R: Es que no es nada simple ese libro infantil. Los dibujos muestran a niños detrás de cercas de alambres de púas y por encima de ellos nubes y pájaros volando. Se ve a la triada familiar, Mamá, Papá y Nené, los tres con la estrella de Judea que les obligaban a llevar. Algunos de los poemas son desoladores, hablan de seres queridos desaparecidos. Pero los más terribles son los que conservan toda la inocencia y frescura infantil, los que hablan de animalitos, de personas y de cosas que los hacen felices. Ese libro es muy amargo, pero no debiera dejarse de editar jamás. Es el alegato más contundente que conozco sobre los genocidios.

Terezin fue grabada para que fuera parte de ¨Cita con Ángeles¨, pero donde quiera que la ubicaba, se me salía de contexto. Gracias a eso tuve la idea de crear un ambiente donde la canción se acomodara. Y ¿qué mejor ambiente que entre las canciones de su tiempo? Así se convirtió en la primera piedra de “Érase que se Era”.

P: ¿Qué fue de Judith ? ¿Cuidó sus estrellas? ¿Se puede hacer una lectura de esta canción y de ¨Una Mujer¨, mas allá de lo que dices de ellas?, ¿pueden ser dos modos de decir que es posible el amor en la diferencia, entre ellos y nosotros?

R: Judith me fue a ver actuar a México, cinco o seis años después de todo aquello. Fue con su novio, un muchacho inmenso y rubio, de aspecto bonachón. Me contó que estaba feliz y que estudiaba enfermería en una ciudad del sur de los Estados Unidos; me dijo que en las vacaciones se iba a Canadá, con algunas compañeras de clase, a bailar ligera de ropas en los cafés, para reunir dinero para pagarse los estudios. Me sorprendió un poco aquella historia, pero ella no parecía afectada. En su medio esa era una forma normal de pagarse la universidad. Supongo que desde hace muchos años debe ser doctora. Ojalá le queden brillando muchas constelaciones.

P: ¨Martianos¨: “Quiero que pare la muerte, yo quiero que pare el frío para poder dedicarme a flor, a viento, a río.” Desde el título, esta canción es muy martiana y es también una síntesis de los Cinco, pero la hiciste en 1969. ¿Alguna vez has reparado en la frecuencia con que tus metáforas se vuelven la vida?

R: Debe ser que yo me fijo en cosas que pasan siempre, que pasan una y otra vez; cosas que aunque han pasado muchas veces nos dan la sensación de estar ocurriendo sólo para que nosotros las descubramos y las estrenemos. Yo creo que todo lo que cantamos debe haber sucedido millones de veces desde que el mundo es mundo. De eso casi que no tengo dudas.

P: ¨La canción de la Trova¨. Pretender explicarla sería un abuso de redundancias. Pero esta versión con Adriano Rodríguez parece querer redundar justamente cuando ambos cantan que “la guitarra es la guitarra sin envejecer. . .”

R: Esa canción la canté una vez en un festival de la trova tradicional en Santiago de Cuba, ante Rosendo Ruiz, uno de los pilares de la canción, y me valió para que aquel señor me estrechara la mano y me diera ánimos para seguir “por ese buen camino”. Por La Canción de la Trova los más antiguos repararon en mí. Yo la quiero por eso.

P: ¨El seguidor de arco iris¨: “Que miedo a quedarse –quedarse a qué miedo- ¿Es esa la autocrítica?

R: La autocrítica está en admitir que no queríamos responsabilidades, sobre todo familiares. Hay ciertas etapas que son para quemarlas, lo que te permite no tener que añorarlas después. Eso es lo que me estaba pasando a mí y lo que entonces creí que les pasaba a otros.

Después algunos nos fuimos comprometiendo o fuimos comprometidos. Otros siguieron en una bohemia perpetua, hasta que la mala vida y la cirrosis se los llevó. Sólo puse a tres amigos muy especiales de esa lista, que en realidad es mucho más extensa.

Continuará…

Fuente: Cubadebate

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