Soy futuro en camino…

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Idania Trujillo

Por costumbre, la sociedad enseña a guardar el alma en el armario. Las vestiduras ocultan las zonas íntimas del cuerpo. La preservación de la imagen pública y el respeto a la dignidad de la persona imponen obstáculos a la expresión de los sentimientos. Sin embargo,
la imagen del Che sigue recorriendo el mundo como emblema palpitante para rebeldes y soñadores.

A propósito del ochenta aniversario de su nacimiento en Rosario, Argentina, este 14 de junio, el boletín Caminos entrega a sus lectoras y lectores esta visión íntima de quien le confiesa a su compañera desde la selva boliviana “te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero…”. O hace esta reflexión crítica sobre la Revolución “lo
que menos me agrada es nuestra falta de valentía en ocasiones para afrontar ciertas realidades, a veces económicas y a veces políticas (…) hemos tenido compañeros que siguen la política del avestruz, de esconder la cabeza. En los problemas económicos le hemos echado la culpa a la sequía, al imperialismo”…

Queremos desde estas páginas revelar una imagen del Che desmitificada, desacralizada y, por eso mismo, plena de contradicciones y matices. Hablan aquí los símbolos, las palabras de quienes le conocieron, los poemas, trozos de su pensamiento, cartas… El Che mismo, vivo desde la historia y la memoria.

Che Guevara: mensaje de aniversario
Frei Betto

El 14 de junio Che Guevara cumpliría ochenta años. Su militancia entre nosotros terminó a los treinta y nueve. Pero no consiguieron matarlo. Hoy está más vivo que en sus cuatro décadas de existencia real. Además, son raros los revolucionarios que como Mao y el propio Fidel, envejecen.

Muchos derramaron temprano su sangre para contribuir al proyecto de un mundo de libertad, justicia y paz: Jesús, con 33 años; Martí, 42; Sandino,
38; Zapata, 39; Farabundo Martí, 38; solo para citar unos pocos ejemplos.

El enemigo se debe arrancar los cabellos al constatar que, hoy, Che, se encuentra más presente que en la época en que ellos creían poder asesinar las ideas. Intentaron todo para condenarlo al olvido; cortaron su cuerpo y escondieron sus miembros en diferentes lugares; inventaron sobre él toda suerte de mentiras; prohibieron que su literatura circulase en muchos países. Fénix obstinada, Che revive en fotos, música, espectáculos teatrales, filmes, poemas, novelas, esculturas y textos académicos.

Hasta una cerveza bautizaron con su nombre, la “Unique Garden”, la imagen de su rostro conforme la famosa foto de Korda, ocupa el centro de las salas de las viviendas.

Al constatar que las cadenas no aprisionan los símbolos, ni las balas matan los ejemplos, inventaron falsas biografías para intentar difamarlo. En vano. Hasta en los juegos de fútbol los aficionados levantan pancartas con su rostro. Y vean que no se gasta un centavo en esa propagación de su imagen. Ella sola tiene importancia por reflejar las ideas que hicieron de él un revolucionario. Nada de eso es fruto del marketing. Son gestos espontáneos de quienes quieren enfatizar que la utopía permanece viva.

Hoy, al resumir el legado del Che y celebrar sus ochenta años nos exige mantener el corazón y los ojos vueltos hacia la preocupante situación de nuestro planeta, donde impera la hegemonía del neoliberalismo.

Multitudes, sobre todo jóvenes, son atraídas al individualismo y no al espíritu comunitario; a la competitividad y no a la solidaridad; a la ambición
desmedida y no a la lucha en pro de la erradicación de la miseria.

Se habla tanto del fracaso del socialismo en el Este europeo y casi nunca del fracaso inevitable del capitalismo para los dos tercios de la
humanidad, de los cuatro billones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza.

Nos angustia también la degradación ambiental. Si los líderes mundiales hubiesen oído el alerta de Fidel en la Cumbre del 92 en Río de Janeiro quizás la devastación no hubiese llegado al extremo de provocar frecuentes tsunamis, tornados, tifones y huracanes jamás vistos, sin hablar del calentamiento global, del deshielo de los casquetes polares y la
desertificación de los bosques. La devastación de la Amazonía es alarmante.

El barril de petróleo, que cuesta diez dólares en la boca del pozo, ya cuesta más de ciento veinte dólares en el mercado. Es triste constatar que grandes áreas agrícolas para la alimentación son reservadas para la producción de etanol destinado a nutrir los 800 millones de vehículos automotores que circulan en todo el planeta y no a los 824 millones de bocas hambrientas amenazadas por la muerte precoz.

Frente a ese mundo en que la especulación financiera suplantó la producción de bienes y servicios, en que la bolsa de valores sirve de
termómetro de la supuesta felicidad del hombre, ¿qué hacer?

Bolívar debe estar feliz con la primavera democrática en América del Sur. Después de los ciclos de dictaduras militares y gobiernos neoliberales, ahora el pueblo elige gobiernos que rechazan el ALCA, aprueban el ALBA y
refuerzan el MERCOSUR y repudian la invasión de Iraq y el bloqueo a Cuba por parte del gobierno de los Estados Unidos.

¿Cuál es la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Che? Creo que el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo
y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud; la práctica de la justicia una exigencia ética; el socialismo el nombre político del amor. ¡Construir un mundo sin degradación ambiental, hambre
y desigualdad social!

En vísperas del 50 aniversario de la Revolución cubana, todos debemos encararla cada vez más, no como un hecho del pasado y sí como un proyecto de futuro.

Alrededor de la poesía

¡Ochenta años cumple el Che!
Increíble.
A esa edad y está como nuevo.
¿Será un caso único en la historia de la medicina?
¿Un error del tiempo, que por una vez viaja al revés?
¿O será milagro? ¿Milagro de la vitamina f, f de fe? No la fe en el alto
cielo, sino en esta baja tierra, tierra maldita, y en el luminoso destino
que ella espera.

Eduardo Galeano

Tonada del albedrío

Dijo Guevara el hermoso,
viendo al África llorar:
en el imperio mañoso
nunca se debe confiar.
Y dijo el Che legendario,
como sembrando una flor:
al buen revolucionario
solo lo mueve el amor.
Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial.
– Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.
Mínimamente soy mío,
ay, pedacito mortal.

Silvio Rodríguez
2008

Las cartas: espejos…

Mi única:
Aprovecho el viaje de un amigo para mandarte estas letras, claro que podían ir por correo, pero a uno le parece más íntimo el camino “paraoficial”. Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero sé que no me creerías de manera que me abstengo. Pero hay días en que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. En Navidad y en Año Nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a la vida en el orden personal […].
De mi vida aquí, poco interesante se puede decir, el trabajo me gusta, pero es excluyente y a veces un poco cansador. Estudio, cuando me queda tiempo, y sueño en algunos instantes; juego ajedrez, sin contrincantes de categoría y camino bastante.
Voy perdiendo peso, un poco de añoranza y otro del trabajo. Dale un beso a los pedacitos de carne, a todo el resto y recibe el beso preñado de suspiros y otras congojas de tu pobre y pelado.
Marido

Aleiducha:
Desde la última etapa oficial de este viaje va un fiel abrazo marital. Pensaba serte fiel con el pensamiento pero aquí hay unas moras que se las traen.

Mi querida:
Hoy va desde Hiroshima, la de la bomba. En el catafalco que ves hay los hombres de 78 mil personas muertas, se estima el total en 180 mil.
Es bueno visitar esto para luchar con energía por la paz.
Un abrazo.
Che

Mi querido secretario:
Te felicito por la oportunidad que te han dado de ser Dios; tienes
6 días para ello. Antes de que acabes y te sientes a descansar (si
es que no eliges el sabio método de Dios predecesor, que descansó
antes), quiero exponerte algunas ideíllas sobre la cultura de nuestra vanguardia y de nuestro pueblo en general.
[…] le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejar pensar, ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero, además suelen ser muy malos. La segunda, y no menos importantente, fue mi desconocimiento del lenguaje filosófico (he luchado duramente con el maestro Hegel y en el primer round me dio
dos caídas). Por ello hice un plan de estudio para mí, que creo puede ser estudiado y mejorado mucho para construir la base de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar […]

Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a
campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía; pero fracasé, tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero […]
Así te quiero, con recuerdo de café amargo en cada mañana sin nombre y con sabor a carne limpia del hoyuelo de tu rodilla, un tabaco de ceniza equilibrista, y un refunfuño incoherente defendiendo la impoluta almohada […]
Así te quiero; mirando los niños como una escalera sin historia (allí te sufro porque no me pertenecen sus avatares) con una punzada de honda en los costados, un quehacer apostrofando al ocio desde el caracol […]
Ahora será un adiós verdadero; el fango me ha envejecido cinco años; solo resta el último salto, el definitivo.
Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino.
No me llames, no te oiría; solo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […].

*Los fragmentos de las cartas aquí incluidos fueron tomados del libro Aleida March. Evocación, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007.

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