Todas las voces, todas…

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Idania Trujillo

Uf, qué bueno! No tengo que hacer la crónica del taller. Sí, resulta que como una es periodista, mucha gente la encasilla: “Ya tenemos quien escriba del taller, ya tenemos quien tome las fotos”. Un momento, “¿alguien me pregunto si yo quería escribir, si era ese mi deseo, o si quería hacer otra cosa, cambiar de rol, por ejemplo?”. ¡Ay, las malditas rutinas! Por suerte, en esta semana que duró el taller básico lo menos que hice fue escribir, ni siquiera me anoté en la comisión de comunicación…

Claro, eso no quiere decir, que ya tenga algunas buenas historias.
rondándome en la cabeza; pero como el taller apenas comienza (ya nos volveremos a encontrar en septiembre) tendré tiempo suficiente para completarlas. ¡Uf, qué alivio! Se lo digo en serio, amigas y amigos lectores, eso de llenar cuartillas, redactar, corregir los materiales de otras/otros (y a veces, ¡cómo vienen!) le zumba el mango, y luego editar los textos, buscar las fotos, las ilustraciones, y tratar de que lo que salga tenga coherencia, sentido con las prácticas que hacemos, que lo que salga en negritas no nos desmienta, que las palabras y los sentidos se parezcan a la vida (¡Eso si es duro!, porque hay cada ejemplos por ahí, o no se acuerdan de aquellos célebres titulares en primera página: Aumenta la expor-tación de azúcar, y allá en lo más recóndito de la plana, este otro: “Disminuye la producción de galletitas como resultado de….”).

Eso de reflejar la vida si es un asunto serio, complejo, que requiere de muchos conocimientos, pero también de mucha sensibilidad. Bueno, ¿y esta muela a qué viene? ¡Ah, pero todavía no se han dado cuenta! La culpa de esta descarga la tiene la educación popular liberadora, revolucionaria, crítica, problematizadora, cuestionadora de dogmas y concepciones, que le da verdadero sentido a la participación y que le revuelve el alma y los sentimientos a una. ¡Qué rompecabezas, qué mezcla de emociones, de razones, de miradas! Es como si una empezara a llenarse de las/los otros, y de cierta manera, comenzara a vaciarse en las/los otros. Lo mejor es que el rompecabezas me vaya construyendo poco a poco, y dejarlo aquí para darle la palabra a ellas y a ellos, a los que compartieron conmigo esta semana. “Y ahora para ustedes, Fredy, Betty, Xavier, Yudania, Maykel, Vladimir, Carla, ah, y las/los que faltan”…

“Me llamo Fredy, soy colombiano. Estudio Filosofía en la Universidad de la Habana y vengo de una experiencia de trabajo con derechos humanos y organizaciones barriales. ¿Qué me ha aportado el taller? Múltiples conocimientos, miradas, aprendizajes que tienen que ver con la cultura cubana, en su sentido más general, y su relación con la educación popular.

“Si bien la esencia es la misma: la participación y el poder generar procesos de concientización y educación que permitan el empoderamiento de las personas y las comunidades, su propia autogestión, también el estar aquí esta semana y lo que he visto se relaciona con las esencias de la Revolución cubana, ese deseo de construir algo diferente, más rico; y por esa razón es mucho más enriquecedor ya que me da la posibilidad de abrir discusiones desde el ámbito de la cotidianidad muy relacionadas con el contexto de Cuba, con su realidad de ahora mismo.

“Esta es quizás la diferencia que veo respecto a lo poco que he compartido sobre este tema en mi país, porque allá lo que hacemos tiene que ver más con la necesidad de sobrevivir en medio de la persecución, la violencia contra las personas y los procesos que generan autogestión o algo diferente a lo que el poder establece. De pronto he podido hacer una mirada distinta y eso se ha enriquecido mucho con los aportes de todas y todos los compañeros; es decir he puesto en confrontación mi propia realidad respecto a la realidad cubana desde la experiencia de la educación popular. Para quien como yo vive y estudia aquí es muy importante aprender a echar esa mirada con este nivel de profundidad”.

Xavier Pérez, (el observador involucrado). Soy pastor de la Iglesia Bautista del Camino de Guanajay, vinculado a la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba. “Me impresiona la rapidez con que el grupo se ha integrado. Desde esta “posición” de observador vuelvo a legitimar la idea de que la Educación Popular es una buena herramienta para trabajar en grupo, para estimular un pensamiento crítico desde el respeto a la diferencia, el análisis de contexto, y la diversidad de experiencias que las personas traen al taller.

“El grupo ha crecido rápido. Desde el primer día, en la noche, ya se sintió una integración muy interesante, lo cual agiliza la dinámica del taller y de los procesos grupales y, al mismo tiempo, demanda del grupo más análisis, más esfuerzos, más tolerancia, más respeto, más paciencia, más capacidad de autoconocimiento. Y en ese sentido he vuelto a confirmar que la Educación Popular vale, es pertinente para nuestro contexto cubano y latinoamericano. Es una herramienta muy interesante para que la gente piense, entienda lo que sucede en su contexto y haga propuestas.

“No creo que un taller cambie algo de la noche a la mañana. La gente no sale de aquí ya cambiada… Como bien ha salido en el propio taller, lo que nos hacemos son preguntas y cuando encontramos las respuestas, las preguntas iniciales cambiaron y hay que volver a hacerlas nuevamente. Y en esa dinámica es cuando la realidad cobra sentido y entonces podemos caminar”.

Maykel Suárez. Soy miembro de la Iglesia Ebenezer. En estos momentos coordino el grupo de alabanza y expresión corporal “Generación con propósito”. Tengo mucha relación con el Centro porque desde que nací estoy vinculado a la iglesia, mi familia es también de esta iglesia y algunos miembros de esa familia han trabajado o trabajan en el Centro.

“El hecho de que desde este año asumiera la coordinación del proyecto “Generación… me da la posibilidad de enfrentarme por primera vez a un grupo de niños, adolescentes y jóvenes. Haber tenido la oportunidad de pasar este taller —algo que no tuve en mis tiempos de estudiante— me ha permitido tener puntos de comparación más críticos para entender cómo trabajaban mis profesores, cómo se desarrolla la educación en Cuba, y cómo se puede hacer de otra manera, tal y como lo entiende la educación popular.

“En estos días del taller he descubierto muchas cosas nuevas que me dan energías, ideas de cómo llegar a mi grupo, no sólo para aplicarlo en el proyecto “Generación… sino en mi propia vida. Una anécdota: yo dejé la carrera de Informática en el segundo año porque nos estaban preparando para ser profesores y a mí me chocaba ser profesor, no me interesaba, incluso, con la preparación que estaba recibiendo no me sentía a gusto, no sentía que era lo que yo necesitaba; sin embargo, si en los momentos en que estudiaba en la universidad hubiera conocido la educación popular, a lo mejor, me hubiera sentido muy motivado y hubiera dicho pa’ adelante y a revolucionar todo lo que fuera necesario…”

Vladimir García. “Soy villaclareño y participo en un proyecto de extensión agraria. Pertenezco a la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales. Ya había tenido algunos contactos con la Educación Popular a través de las/los compañeros de la Universidad Agraria de La Habana. Este taller me ha nutrido de herramientas, de estilos de trabajo, de sentido crítico y autocrítico a la hora de enfrentar el trabajo con los productores, ya sean campesinos, trabajadores de los organopónicos, de los huertos intensivos. Siento que me prepara para comunicarme mejor con ellos, y para construir estilos de convivencia mejores para todos y todas”.

Ana Beatriz Argota. “Soy jurista y coordino el Programa de Desarrollo Local en el municipio Habana Vieja. Por algunas personas que trabajamos en proyectos de esta naturaleza supe de la existencia del Centro Martin Luther King y de estos talleres.

“Traje muchas expectativas, sobre todo porque siento que para trabajar en las comunidades, en proyectos hace falta un replanteo de nuevas formas de hacer, que es importante pararse desde otra plataforma, mirar estos procesos de otra manera, desde una posición mucho más humanista, mucho más cercana a la gente. Para que los proyectos en los que trabajo tengan esta mirada de desarrollo sostenible desde la equidad, desde la inclusión, es necesario contar con otras herramientas pero acompañadas de un proceso de construcción.

“Llegué con la idea de aprender y aprehender y luego de una semana, te confieso que las vivencias que me llevo superan mis expectativas iniciales. Desde que el Centro te acoge, te pone en las manos una propuesta de inclusión, de participación, de respeto, de seguridad. Por otra parte, el taller permite evaluar desde lo interno lo que haces, cómo lo haces y cómo puedes transformarlo. Me estimula a mirar los procesos de una manera más crítica y me prepara para aportarle más a la gente con la que una trabaja y convive”.

“Me llamo Yudania García y soy de La Marina. (Aunque habla poco, le encanta bailar). Dicen que mi barrio todavía es marginal; somos muy extrovertidos, y hay muchas religiones. ¿Qué hago allí?, pues ayudo a la gente a ser mejores, a conocer lo que tienen, a rescatar sus tradiciones.

“Desde el primer día que llegué al taller me dije: ¿qué hago yo aquí en medio de tanta gente que sabe, no tengo nada que aportar, qué rayos hago aquí, a ver? En realidad he aprendido que la gente no es ni “alta” ni “baja” y que cada cual tiene su conocimiento por poco o pequeño que sea. Es verdad, soy callada pero es algo que me he propuesto superar y para septiembre ya verán, ya verán. Gracias, gracias a todos y a todas”.

Carla López. “Soy psicóloga, trabajo en la Facultad de Psicología como profesora y además colaboro con el Taller de Transformación Integral del Barrio de Buena Vista en el tema de la participación de los jóvenes en procesos de transformación a nivel de la comunidad. ¿El taller? Es la primera vez que participo. Desde el punto de vista personal me ha aportado herramientas para realizar un análisis crítico de mi vida tratando de replantearme nuevas maneras de interrelacionarme con los grupos con los cuales me vinculo: mi familia, mis amigos, el grupo con el que trabajo. También me ha aportado valores a rescatar, a tener en cuenta, a resignificar en mi actuación cotidiana.

“Y en lo profesional me ha puesto en contacto con una concepción diferente para entender los procesos sociales. También me genera mucho conflicto porque sé que el medio en el que me desenvuelvo es muy disonante con esto, y quizás, lejos de ayudarme en lo profesional, puede generarme más conflictos porque cómo entonces entender todo esto y mantener una posición pasiva. En todo caso, es algo que también valoro positivamente porque me mantiene todo el tiempo alerta, en constante replanteo de lo que hago como ser humano en cualquier esfera de la vida”.

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