Tres Centros

Julio Antonio Fernández Estrada

Hace veinte años que colaboro con organizaciones de la sociedad civil cubana. Mi trabajo ha sido más constante con tres de ellas, que son conocidas en toda Cuba, y que obtienen resultados invaluables, más allá de los planes, los objetivos y las estrategias.

Pero mucha gente no sabe cómo vive, sobrevive, respira y sale a flote después de los naufragios, una institución de la sociedad civil en nuestro país.

Les voy a hablar de tres Centros que considero insignias de la vida no estatal cubana, de la vida no gubernamental que no es trabajo por cuenta propia ni cooperativa no agropecuaria.
En Cárdenas, muy cerca de un Fuerte convertido en cafetería y a unos pasos de la casa de Elián González, radica el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, con 28 años de fundado, y con muchos menos de personalidad jurídica. Allí, los hombres y las mujeres que lo imaginaron han logrado el milagro de hacerse imprescindibles en una ciudad que mira con ansiedad hacia Varadero y se puebla en sus alrededores de migrantes del oriente de Cuba.

Todo brilla en el Centro Cristiano, todos hablan en susurros, todos y todas son respetados, cada cual trabaja por diez, y así se atienden a cientos de ancianos en sus casas, se les pela, se les alimenta, se les provee de medicinas a los que no tienen familias que las compren.

A todos los municipios de Matanzas llega el Centro Cristiano. Sus talleres no son solo sobre la Biblia, también hablan de sexualidad a los jóvenes, de cultura de paz y de derechos, de la Constitución, de cómo empoderar a las mujeres violentadas, de cómo usar la imaginación para emprender negocios lícitos.

En su biblioteca, que es en sí otro centro cultural, Diego organiza exposiciones, repasos para estudiantes de pre, conferencias, concursos, todo gratis, nada para ganar sino amor y respeto por los otros.

El sueño de Raimundo, de Rita y de su directora actual, Rita García Morris, ha sido convertido mil veces en realidad. Todos quieren ir al Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, tendría que escribir miles de palabras más para acercarme a su virtud, pero ahora solo quiero lograr un esbozo, otro día se le dará todo el color que merece.

En La Habana, en Marianao, también junto a un templo cristiano, está el Centro Martin Luther King. Lo primero que se respira cuando te acercas es alegría, como si algo festejaran siempre, como si trabajar fuera el mejor momento del día. Los Suárez tienen que estar orgullosos, ya hace mucho tiempo que esta no es una aventura familiar. El Martin Luther King es una referencia nacional. Ellos han sido pioneros de la educación popular en Cuba, han creado una red enorme de gente que piensa la pedagogía y la nación de otra manera.

En el Centro Martin Luther King se produce política de altura sin ser una organización política ni proponérselo. Allí se discute todo con los trabajadores, se practica la democracia como principio, y la mística no es entre ellos solo una experiencia religiosa.

En este Centro se publica una importante revista, su editorial Caminos es más que digna, sus especialistas son jóvenes y con alta formación. En los talleres del Centro Martin Luther King se puede aprender de medio ambiente, de teología, de pedagogía de los oprimidos, y siempre desde la igualdad.

El otro Centro que conozco bien es el que lleva el nombre del presbítero célebre que nos enseñó que antes que nada hay que pensar. El Centro Félix Varela es pequeño, su local se inunda cada vez que el mar desborda el muro del Malecón de esta ciudad. Son pocos trabajadores, la mayoría mujeres, amables, como abejas, nadie pierde el tiempo, casi no caben allí en su oficina en el Vedado, pero no hace falta porque trabajan en la calle.

El Centro Félix Varela trabaja por la ética en la sociedad cubana, tiene la mirada puesta en la cultura de paz, en la mediación en conflictos de distinto tipo, en la formación de valores que permitan la protección del medio ambiente. La editorial Acuario ha publicado algunos libros que son rarezas en las librerías de Cuba.

La sociedad civil cubana cuenta con muchas organizaciones como estas. Yo solo he preferido hablar de tres que conozco bien, para las que trabajo con gusto y honrado. Ellas son Centros, tal vez porque están en el centro del corazón de la patria o en el centro de las necesidades de nuestro pueblo. Estos tres Centros saben en qué país viven, conocen sus potencialidades y problemas, luchan con amor y respeto por mantener su lugar en Cuba, son valientes y se arriesgan, pero son discretos y humildes, por eso llevan tantos años de éxito.

La riqueza humana que poseemos, de la que tanto hablan los turistas cuando vienen, los que alagan a Cuba y nos ponderan, tiene nombre y apellidos. Una parte de ella está en los colectivos de personas que en la sociedad civil trabajan por el bien del país, sin tener la fuerza del Estado, ni los recursos del gobierno, ni la consideración de todos los funcionarios.

Por eso quiero homenajear a estos tres Centros, porque en el homenaje van mi respeto y compromiso con la sociedad civil cubana.

Artículo tomado de OnCuba

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