Un beso de Cuba a la Madre Tierra

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Si algo une a pueblos originarios, a los hippies que en sus festivales regalan a África gigantes flores amarillas, a los extraños chamanes que he visto juntarse a la orilla del río de Cojímar en La Habana, y a niños y niñas que este domingo plantaron distintas especies de árboles en un parquecito de la capital cubana, es el lenguaje del buen vivir, descifrable en cada acto de agradecimiento y consagración a la naturaleza.

El pasado 10 de octubre los talleres de transformación del barrio de La Habana colmaron la comunidad del Vedado-Malecón. Llegaron para acompañarla en una antigua tradición: los festejos por el Día del árbol. Desde 1904 se dedica a la flora esta fecha, y aunque durante un largo tiempo cayó en el olvido, el taller de transformación del Vedado logró rescatarla en el 2002.

En esta oportunidad, la celebración tuvo lugar dentro de la jornada por Grito de los/as Excluidos/as, que, como en el resto de América Latina, en Cuba se dedicó a Haití, a la lucha contra la militarización, por la justicia climática y los derechos de la Madre Tierra.

Representantes del Centro Memorial Martin Luther King y estudiantes latinoamericanos expusieron la urgencia de gestos en beneficio de la naturaleza, de apoyar las disímiles iniciativas de movimientos, organizaciones y redes sociales en medio de un escenario mundial donde se violan acuerdos ambientales y donde el clima también forma parte del mercado, como evidenció la declaración “Desde Copenhague y Cochabamba a Cancún y más allá, por Justicia Climática y soluciones reales”, a la que dieron lectura:

“Para hacer frente a la grave crisis climática global es necesario llevar a cabo cambios de fondo y abandonar las falsas soluciones que agravan el problema, poniendo los derechos de los pueblos y la naturaleza en el centro mismo del debate.

“Consideramos que es necesario cambiar el sistema de producción y consumo imperante basado en un modelo de desarrollo y un relacionamiento con la naturaleza depredador, injusto y excluyente y transitar hacia nuevos modos de vida basados en la justicia social, ambiental y climática.

“(…) Las soluciones reales son el respeto a los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos, la soberanía alimentaria, la recuperación de territorios y la reforma agraria, la agricultura campesina y la integración y solidaridad entre los pueblos.”

Niños y niñas fueron protagonistas de esta acción por el día del árbol. Además de llenar el parque vecino a la sala Amadeo Roldán de robles, majaguas y piscualas, dieron vida al lugar con sus bailes y música. El Proyecto África tengo, del Caribe Soy, traído desde el taller de Alamar Este, homenajeó al pueblo haitiano. Luego, las tumbadoras de Los Pelladitos, conformada en la misma comunidad, recordaron a los negros esclavos en el día de la independencia de Cuba.

Sin dudas, el domingo fue una jornada de celebraciones. Por los 150 años del Vedado, los talleres de transformación trajeron diferentes regalos. Tres mujeres, líderes del barrio en La Lisa, donaron una jardinera para la futura casa del taller del Vedado.

“En Balcón Arimao dijo la coordinadora de esta experiencia comunitaria la alfarería es una vieja tradición de 1711. Nuestro más antiguo alfarero realizó esta pieza para ustedes. Para ver el futuro hay que soñarlo primero, y esta es nuestra contribución a ese sueño del taller Vedado Malecón de tener su propio hogar.”

Por su parte, el taller de El Canal envió a los pregoneros del Cerro. Una inmensa conga que repetía los consejos del buen aguador: “riega tu árbol y que crezca el amor”, roció cada planta sembrada ese día.

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