Un Hombre llamado Jesús

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Por esa razón uno de los primeros intentos de biografiar su breve recorrido histórico y destacar su ministerio profético, sintetiza la significación ética y política al decir: ”Todo comenzó en Galilea de los gentiles”. Sin embargo, aquel breve recorrido histórico, no quedó en Galilea, hoy es un paradigma que motiva una vez más a colocar “la mano en el arado y no mirar atrás”. Y mucho más, colocar su tienda entre nosotros y nosotras, marcar su identidad, su presencia, compromiso y consecuencia.

Hoy, cuando un retoño de la raíz aymara con osada valentía contrapone, Sumak kawsau, el buen vivir de la rica tradición de nuestros pueblos originarios, al descrédito del vivir mejor del maltrecho concubinato de la civilización occidental y el cristianismo constantiniano;

Hoy, como ayer Jesús de Nazaret colocaba al samaritano como su protagonista de la Parábola, en América Latina hay gobernantes que intentan hacer lo mismo, curar las heridas históricas de nuestros pueblos maltratados y humillados por los ladrones a la vera del camino;

Hoy, cuando en Honduras se unieron los descendientes de los levitas y sacerdotes con miserables ansias de hegemonía recibir migajas del poder con los que han importado, consumen y promueven el american gospel, y a la vez se unen con lo más reaccionario del legado de la Iglesia que abandonó la sombra de la cruz para cobijarse bajo la sombra del trono para aplaudir y legitimar el golpe de Estado;

Hoy, cuando el capitalismo prácticamente ha destruido las dos fuentes de la vida, el ser humano y la naturaleza, es bueno dar a conocer un Hombre llamado Jesús, y ofrecer una imagen completamente diferente del Maestro de Galilea.

Una nueva imagen, como aquella de León Felipe que fue hallada en la mochila del Che cuando fue asesinado en Bolivia y que algunos proselitistas de turno la quisieron usar para decir que Ernesto Guevara se había arrepentido antes de morir:

Cristo, te amo no porque bajaste de una estrella.
Sino porque me revelaste
Que el hombre tiene lágrimas,
Congojas,
Llaves para abrir las puertas cerradas de la luz.
Sí, tú me enseñaste
Que el hombre es Dios.
Un pobre Dios crucificado como tú.
Aquel que está a tu izquierda,
En el Gólgota, el más ladrón,
También es Dios.

En esta hora de nuestra Patria, cuando realmente vivimos en un kairos, palabra del griego popular del Nuevo Testamento, término que señala el tiempo donde se le da un empujón a la historia porque algo nuevo va acontecer para lograr una realidad mucho mejor; lo que Lenin llamaba “situación revolucionaria”, Fidel “sentido del momento histórico”, y nuestro Silvio Rodríguez, “la era está pariendo un corazón”: Una vez más, la prosa profética de Frei Betto ofrece a los cubanos y cubanas que formamos un pueblo experimentado en la resistencia, a las limitaciones y estrecheces, pero tercos en la esperanza, la imagen humana de Jesús de Nazaret, como para decirnos, parafraseando a José Martí, con los tercos de esta tierra quiero yo mi suerte echar, y cantar por nuestras ciudades y municipios: “Quiero un sombrero de guano; una bandera, quiero una guayabera y un son para bailar”.

Palabras del Reverendo Raúl Suárez, en la presentación del libro Un Hombre llamado Jesús.

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