Una cuestión de principios

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En su discurso ante la asamblea, el líder habló de cómo el CLAI surge por la necesidad de responder, eclesiológicamente, a un contexto marcado por la miseria, el cual se mantiene, agravado ahora, por los niveles de pobreza mundiales, cuando, según la FAO, existe un billón de personas con hambre en el Planeta.

“La cuestión de la miseria de las masas es un problema económico, político e ideológico y, con la Teología de la Liberación, decimos que se trata de un problema también teológico, en la medida exacta en que esa miseria es producto de un pecado social que entra en contradicción con el plan del Creador y la honra que le es debida”, acotó.

Al destacar la importancia del evento, Giese dijo que el ecumenismo ha de ser un ecumenismo de servicio al cuidado de la esperanza fragilizada y en la búsqueda de la esperanza perdida, “si tenemos en cuenta que el énfasis pastoral, en este sentido, nos enseña que el acceso a Jesucristo siempre se da por mediaciones históricas y visibles”.

Líderes ecuménicos y, sobre todo, importantes teólogos de unos 15 países, tanto del área como de otros continentes, se han dado cita en el Seminario Evangélico de Teología (SET), de Matanzas, a fin de analizar el alcance que tuvo el cónclave, en su momento, “el cual abrió un nuevo capítulo en la búsqueda de una identidad protestante latinoamericana planteada por líderes de la región”, expresó el doctor Reinerio Arce Valentín, actual rector del SET y miembro del comité organizador, al dar la bienvenida a los participantes.

“Pero no solo por esto –agregó–, sino por los temas y las conclusiones a que se llegaron, y que, en muchos casos, mantienen su vigencia”. Destacó la figura de quien fuera artífice y presidente de ese congreso, el pastor metodista mexicano Gonzalo Báez Camargo, autor del impacto del mismo en el pensamiento teológico de la época y habló de un nuevo Kairós latinoamericano donde habría que preguntarse “¿dónde se sitúan las iglesias evangélicas?, ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos en nuestro quehacer misionero, evangelístico y transformador?, ¿por dónde camina Dios en la América Latina de hoy, desde las diversas identidades evangélicas…?”

Entre las figuras presentes más importantes se encuentran el doctor Michael Kinnamon, secretario general del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo de los Estados Unidos (NCC); el obispo Emérito de la Iglesia Evangélica Metodista de Argentina Federico Pagura; el obispo anglicano presidente del CLAI Julio Murray; el secretario regional de la Conferencia Cristiana del Caribe (CCC), reverendo Gerard Granados; y el reverendo Carlos Emilio Ham, ejecutivo para los programas de Diaconía de América Latina y el Caribe del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), entre un importante grupo de líderes que integran la nómina y que estarán debatiendo diversos temas, tanto a través de conferencias como de grupos de estudio, de los cuales se espera salga una declaración final, como aporte latinoamericano a la celebración del Centenario de la Conferencia Misionera Mundial, celebrada en 1910 en Edimburgo, a conmemorarse el próximo año en esa capital.

En acto de apertura se encontraban presentes los reverendos Raúl Suárez Ramos, director del Centro Memorial Martin Luther King Jr, y diputado a la Asamblea Nacional; y Marcial Miguel Hernández, Presidente del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), como parte de los organismos coauspiciadores de la celebración.

Por la parte gubernamental asistieron el primer secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba y Miembro del Comité Central, Pedro Betancourt García; Yoel Pérez Arencibia, vicepresidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, quien agradeció que se escogiera Matanzas para tan importante evento; y Eduardo Torrens, funcionario que atiende a ese nivel partidista los asuntos religiosos en esta provincia cubana.

El secretario general del CLAI, al concluir el acto que dio paso a la primera sesión de conferencias, expresó que “La memoria de Jesús en el movimiento ecuménico y en la comunidad de fe ha de andar siempre junto a la memoria de los pobres, como recomiendan los apóstoles a Pablo. El olvido del pobre es un peligro constante para la iglesia y para el mundo”, acotó Giese.

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