Una manta hecha de sueños

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Miriela Fernández Lozano

Allí están todas. Al otro lado del túnel de La Habana, el Taller de Transformación Integral del barrio, en Alamar Este, las recibe. Festejan la culminación de una manta que han confeccionado incansablemente desde septiembre pasado.

La Jornada por la No Violencia de Género es la oportunidad para entregar a la coordinación cubana de la Marcha Mundial de Mujeres (MMM) la tela de cinco metros de largo y uno de ancho, que simboliza esta lucha.

Una noticia inunda de satisfacción la pequeña sala. La manta viajará a Kivu del Sur, en la República Democrática del Congo. Estará en las manos de las participantes en la tercera acción internacional de la organización femenina para defender esos derechos de las mujeres todavía pospuestos y conmemorar el centenario de la proclamación del 8 de marzo como su día (1).

Entretejer miradas

En el 2005, numerosas calles del mundo fueron cubiertas con una Colcha de la Solidaridad. Esta tela, que ampliaron en varios países durante la segunda movilización global de la MMM, resultó la principal referencia para la iniciativa cubana.

La confección de la manta, representativa de la equidad de género y contra la violencia hacia las mujeres, comenzó a planearse en encuentros del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero y los talleres de transformación del barrio de la capital cubana.

El intenso trabajo del movimiento de artesanas de la comunidad de Alamar, al este de la ciudad y los reconocimientos recibidos por ese proyecto, colocó en ellas la mayor responsabilidad. También se incorporaron otros talleres: el de Marianao CAI Los Ángeles, Alamar Playa y Atarés del Pilar, en el Cerro.

Después de tres meses, una especie de mural que integra el parche, el tejido, el bordado y la pintura, ornamenta el local donde nos agasaja “su nacimiento”.

José Lamas, vecino de la comunidad y diseñador jubilado de la revista Verde Olivo, contribuyó a devolver quimeras en elementos gráficos: “La bandera cubana, realizada en perspectiva, destaca nuestra identidad; ese sol en tela de satín es símbolo de vida. El artista Ventura González, sobre lienzo y utilizando acrílico, pintó en diversas texturas un jardín alegórico a la feminidad. Como ves, el hombre y la mujer aparecen del mismo tamaño, juntos, en igualdad de condiciones”.

Por esa razón, para Andrea del Sol, coordinadora del Taller de Alamar Este, la manta logró entretejer miradas, no solo la de mujer: “Desde el principio, sabíamos que para trabajar el tema de género era importante la inclusión de los hombres. Ahora, se han integrado más a la labor que hacemos en la comunidad.

“Si algo aprendí de la educación popular es que el poder se comparte. En nuestra manta hay equidad, como un sinónimo de equilibrio, ese que debe existir entre el universo femenino y el masculino si queremos lograr algo”.

Lo increíble emerge en sus manos

No era posible abandonar aquella instalación, situada exactamente en Micro X y alma de la comunidad desde 1998, sin conversar con algunas realizadoras de la manta.

Al recorrer el salón, los adornos en papier maché, los títeres bordados, los macramés y otros objetos revelan la asombrosa creatividad que brota de las manos de estas artesanas de sueños.

En un jardín lateral, donde es menos el bullicio, me revelan lecturas sobre su participación en esta obra.

“Hemos logrado mucha compenetración –– dice Josefina Orta––, a veces uno se siente apartada de la sociedad después de la jubilación. Y aquí hacemos amistades, renovamos las energías, mejoramos nuestro estado de ánimo, y lo más importantes es que nos sentimos muy útiles”.

A Iris Arias, le pido que me describa uno de esos días de trabajo en la manta. Su recuerdo me habla de jornadas extendidas hasta las 8 de la noche: “En muchas ocasiones los días se hicieron largos integrando ideas, en la búsqueda de mejores soluciones, creando entre todas”.

Por su parte, Isabel Pupo, del Taller de Transformación de Marianao, como con una prematura nostalgia, refiere sus difíciles travesías hasta Alamar para diagnosticar avances y rezagos que encauzaban con más presteza la confección de la tela.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo, hay en todas un aire de complacencia. Así lo refleja la sonrisa que regala la profesora Cruz cuando afirma que “la gratitud ha sido la mejor recompensa. Lo que más nos gustó fue el cariño y la emoción con que recibieron nuestro trabajo”.

Nota:
(1) En Copenhague, Dinamarca, durante la II Conferencia Internacional Socialista de Mujeres, ocurrida en 1910, la revolucionaria alemana Clara Zetkin propuso la celebración anual de un Día Internacional de las Mujeres, como continuación de las luchas feministas en Estados Unidos, donde se había logrado organizar el Día Nacional de las Mujeres desde 1908.

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